Mezquita Basharat de la Comunidad Ahmadía del Islam en Pedro Abad, Córdoba, España

El Santo Profeta

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El Carácter del Santo Profeta

Ninguna biografía de otro Maestro o Profeta ha sido tan bien registrada como la vida del Profeta del Islam. Apenas hubo ocurrido su fallecimiento, sus seguidores comenzaron a compilar todas las afirmaciones y relatos realizados por su persona. Se nos ha entregado, de esta manera, un relato tan detallado de su vida que poseemos un retrato completo de cada aspecto de su existencia.

El amor y la devoción que el Mensajero de Al-lah inspiró en las mentes y corazones de sus seguidores fue tan grande, que estos estuvieron siempre deseosos de observar cada uno de sus movimientos y gestos y recordaron cada palabra y frase que pronunció. La transmisión fiel de todo lo que el amado Profeta había dicho y la descripción detallada de todo lo que hacía y su manera de hacerlo se convirtió en una práctica loable y pronto desarrolló la ciencia completa de la Tradición.

     Basándonos en estas Tradiciones haremos un modesto intento de describir someramente cómo era el Profeta, tal como les pareció a aquellos entre quienes convivió como compañero, amigo, consejero y camarada íntimo y afectuoso. Veamos qué clase de hombre fue realmente.

     Sabemos qué aspecto tenía. Era de mediana estatura y buena constitución. Su pelo era negro con tendencia al rizo. Su complexión era correcta y agradable. Poseía una frente amplia y una barba densa. Caminaba con rapidez, inclinado levemente hacia adelante y apretando el paso.

     Hablaba deliberadamente claro de forma que los presentes pudieran seguirle fácilmente y recordar lo que decía. Solía repetir hasta tres veces lo que decía a fin de que el significado quedara totalmente entendido. Lo más agradable de él era su sonrisa.

     Trataba a todos con extrema afabilidad, siendo particularmente bueno con los niños. Participaba de las alegrías y tristezas de la gente. Era veraz, gentil y cortés y extremadamente simple en lo referente a la comida y la bebida. Nunca bebió vino pues prefería una taza de leche. Le agradaba la miel con pan de cebada. Su comida consistía frecuentemente en un puñado de dátiles.

     Sus prendas eran sencillas y tenían múltiples remiendos. Despreciaba la pompa de los reyes. Cuando se convirtió en gobernante de Medina, su vida continúo igual. Solía remendar él mismo sus ropas y calzado. El único lujo que se permitía era el perfume, que apreciaba mucho. Amaba la limpieza y la inculcaba a sus seguidores.   

      Otro aspecto reseñable era su trato cordial hacia los animales, en lo cual era riguroso. En cierta ocasión observó como un asno era marcado sobre la cara. Preguntó cuál era la razón de hacerlo, y, cuando se le dijo que se hacía con el propósito de identificar a los animales de buena raza, se mostró muy disgustado y prohibió que en lo sucesivo se marcara a los animales en la cara, por tratarse de una parte muy sensible del cuerpo. Dijo que en el futuro, si era preciso marcar al animal, la marca debería realizarse en las piernas.

     En otra ocasión vio a alguien que había capturado las crías de una paloma. Le dijo que las dejara en libertad para no torturar a la madre.

     Otra cosa importante que el Profeta enseñó a su gente era trabajar con sus propias manos. El dio ejemplo ayudando a sus esposas en las tareas domésticas, ordeñando las cabras o llevando piedras cuando fue construida la mezquita de Medina. No había trabajo que considerara inferior para él.

     Consideraba a este mundo como un lugar de paso. Afirmaba: "Mi caso es como el del viajero que se para por la tarde bajo la sombra de un árbol para descansar un rato, antes de proseguir su camino". No deseaba las riquezas y confort de este mundo.

     Escuchaba a todos con paciencia. Si alguien le trataba con impertinencia, nunca le respondía de igual manera. Siempre estaba dispuesto a perdonar las faltas y transgresiones de la gente. Su generosidad hacia sus enemigos no tiene paralelo en la historia del mundo. Cuando la Meca cayó en manos musulmanas y el Santo Profeta entró victorioso en la ciudad, todos los que le habían tratado a él y a sus compañeros con la máxima crueldad recibieron su perdón sin siquiera pedirlo. Fueron perdonados trece años de persecución y olvidados en un simple momento.

     Siempre trato a sus vecinos con la máxima consideración y amabilidad. Solía decir que el arcángel Gabriel había hecho tanto énfasis en el buen trato hacia los vecinos que a veces llegó a pensar que los vecinos quedarían incluidos entre los herederos legales de los difuntos.

     Dedicó la mayor parte del tiempo de su vida a la adoración de Dios. En ocasiones permanecía tanto tiempo de pié en la oración que sus pies quedaban hinchados.

     De hecho, en palabras de Hazrat Aesha, la noble esposa del Santo Profeta, su carácter fue la ejemplificación del Santo Corán en su persona.

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