La Moral Islámica

Hazrat Mirza Bashirud Din Mahmud Ahmad (II Jalifa de la Comunidad Ahmadía del Islam)
 
 

LA MORALIDAD

El segundo objeto de la religión arriba mencionado, es, de hecho, un corolario del primero (ver "el concepto islámico de Dios"). El hombre que alcanza el conocimiento completo de Dios, eludirá naturalmente las inmoralidades y males de todo tipo, y a la inversa, cuanto más inmerso en el vicio se encuentre, más lejos de Dios se hallará. El Santo Corán dice: "Los que hacen el mal por ignorancia..." (Al-Nisa v.18) significando que la verdadera causa del pecado es la falta del verdadero conocimiento y consciencia de Dios, que es una verdad evidente por sí misma. Un hombre sensato nunca colocará voluntariamente su mano sobre el fuego, ni ingerirá comida que sabe que está envenenada, ni entrará en una casa que está a punto de derrumbarse, ni introducirá su mano en el nido de una serpiente, ni tampoco entrará desarmado en la guarida del león. Del hombre que siente tanto temor ante el fuego, el veneno, serpientes o leones, ¿cómo puede suponerse que se precipitará a cometer vicios e inmoralidades poseyendo un verdadero conocimiento de Dios y sabiendo que tales hechos son más mortales que los venenos y más peligrosos que las serpientes y leones? Queda por tanto, claro, que el pecado es el resultado de la ignorancia y falta de la verdadera consciencia de Dios; y que una religión que conduce a la certeza en la fe y al conocimiento Divino, habrá de perfeccionar necesariamente la moral de sus seguidores. Sin embargo, puesto que el tema es vital e interesante en sí mismo, y la mayoría de la gente no obtiene grandes beneficios de la simple inferencia sino que necesita una exposición detallada, voy a exponer brevemente las enseñanzas del Islam respecto a este objeto de la religión.

   Al tratar del primer objeto de la religión señalé que el hecho de que todas las religiones coincidieron en otorgar un nombre u otro a los atributos de Dios carecía de sentido, y que nuestra atención debería centrarse en los detalles y explicaciones ofrecidas por cada religión respecto a tales atributos, ya que es evidente que ninguna de ellas adscribirá abiertamente algún defecto o deficiencia a Dios. Por ello, sólo era posible realizar una comparación entre las distintas religiones si intentábamos esclarecer los detalles de sus enseñanzas respecto a los Atributos Divinos. Si tales detalles no correspondían con los verdaderos atributos de Dios, tal religión no podría afirmar que reconocía aquellos atributos, ni podríamos llegar a la conclusión de que esa religión compartía con las demás la misma concepción de Dios. Si alguien llama agua a la leche, ello no convierte al agua en leche. Tampoco un hombre sensato se dejará engañar por el nuevo hombre en ausencia de las cualidades de la leche en el agua. Igual ocurre con las enseñanzas morales de las distintas religiones. Al establecer una comparación entre tales enseñanzas debemos prestar poca consideración a los mandamientos morales generales, ya que ninguna religión irá a enseñar a sus fieles que traten de ganar el contento de Dios por medio de la hipocresía, el robo, la opresión, el perjurio, el abuso, la calumnia, la violencia, el desorden, etc., Tampoco podemos imaginar que una religión exhorte a sus seguidores a no decir la verdad, no actuar con afecto o bondad, romper los compromisos, luchar contra el progreso y el desarrollo, o renunciar a la nobleza, dignidad, amor propio, humildad, etc., o suprimir todo tipo de sentimiento de benignidad o gratitud. Una religión que aspira a ser respetada ya aceptada universalmente ha de proveer un código de enseñanzas que será común al de todas las demás religiones. Si fracasa en este punto, la naturaleza humana se opondrá, en verdad, contra ella y quedará predestinada, por ende, a una rápida extinción.

   Por lo tanto, tales mandamientos morales no nos sirven de mucho. Son comunes a todas las religiones, y ninguna puede revindicar que sean de su exclusiva propiedad; así como tampoco podemos obtener ningún provecho intelectual de esta igualdad de enseñanzas morales, pues son el resultado de una necesidad y no de una investigación profunda sobre el origen y actuación de la naturaleza y conducta humana. Resultan entretenidos los frecuentes intentos de la gente que pretende establecer la superioridad de su religión y propagar su fe reuniendo los mandamientos morales y presentándolos como sus exclusivas enseñanzas. El hecho, pues, es que tales normas no son peculiares de ninguna religión. Son comunes a las más antiguas, las más primitivas, así como a las más recientes, o, si se me permite el término, las más avanzadas. Incluso, si a los grupos tribales existentes entre los salvajes, que mantienen ideas muy toscas sobre la religión -sin tener en cuenta sus actos- se les preguntara acerca de sus ideas sobre la moral, nos relatarían algo muy semejante a lo que nos cuentan las religiones más avanzadas. Es absurdo, por consiguiente, basar la veracidad de la propia religión en factores que comparten incluso los salvajes. Por todo esto, al comparar las enseñanzas morales de las diferentes religiones, debemos prestar atención a sus explicaciones y detalles sobre las cualidades morales, su origen, y los medios para adquirirlas, la causa de la mala conducta, y los medios para evitarla, etc.

   Quiero señalar al principio, que existe gran cantidad de error y equívoco respecto a la verdadera concepción de la moral y de las cualidades morales. Ello constituye un obstáculo adicional al intentar establecer una comparación válida entre las enseñanzas de las distintas religiones. Existe la noción general de que el amor, misericordia, valor, etc., son buenas cualidades morales, mientras que el enfado, el odio, la severidad, el miedo, etc., son cualidades no deseables. Esta es una concepción totalmente errónea, pues todos ellos son instintos naturales que no son buenos ni malos en sí mismos. Ni el amor, misericordia o valor, ni el enojo, odio, serenidad o miedo, son cualidades morales. Son simplemente instintos naturales del hombre, e incluso de los animales. Estos también aman y perdonan, exhiben valor, enfado, miedo y odio. ¿Alguien afirmaría, sin embargo, que una oveja, una vaca o un caballo poseen alta moral? Lo que denominamos altas cualidades morales en el hombre, se llama instinto en los animales, sin que exista razón válida para ello. ¿Por qué aquello que se describe como elevada moral en el hombre, no se  lo conoce con el mismo nombre cuando se encuentra en animales inferiores? La razón es obvia. Sabemos que estas tendencias o instintos naturales no son buenos o malos en sí mismos, y que existe algo más en el hombre, cuya acción los convierte en cualidades morales.

   Debemos, por tanto, buscar ese "algo más" en el hombre que transforma las tendencias naturales en cualidades morales. Este "algo más" se complementa con la acción de la razón y el buen sentido. Las tendencias naturales, cuando son reguladas y gobernadas por la razón y el buen sentido se convierten en cualidades morales y, puesto que se presume que todo hombre regule su conducta con la razón y el buen sentido, siendo estas cualidades las que distinguen al hombre del animal, se llama moral a la conducta del hombre, a pesar de que de hecho, en muchos casos, sea sólo el resultado de una tendencia o instinto natural. Algunos, por ejemplo, son tan indulgentes por naturaleza que nunca se oponen a nada, mientras que otros son tan determinados, que nunca renuncian a un proyecto una vez que lo tienen en mano. Ninguna de esta clase de personas puede describirse como poseedora de altas cualidades morales, ya que sus actos y omisiones no son gobernadas por la razón o intención, sino que son prácticamente involuntarios, de igual manera que un mudo se abstiene de insultar a los demás, o un manco de robar, no siendo el resultado de una cualidad moral sino de una incapacidad física. En resumen, el USO ADECUADO y no simplemente el USO de las tendencias o instintos naturales, es una cualidad moral.

   Habiendo aclarado así el tema, podemos entender fácilmente que una religión que nos enseña simplemente ser buenos o misericordiosos, afectuosos o valientes, no nos enseña buena moral sino que únicamente enumera nuestras tendencias naturales. ¿No se encuentran estas cualidades en los animales? ¿No son afectuosos y valientes? ¿No aman y perdonan o muestran simpatía? A menudo observamos que un animal se acerca a otro que se encuentra herido, se coloca junto a él y lo mira con afecto, dando la impresión de que está expresando su simpatía con el otro. Así mismo, vemos a veces cómo los animales se lamen mutuamente mostrando su afecto. Los ejemplos se pueden multiplicar para mostrarnos que todos estos instintos se encuentran en ellos. Por lo tanto, tales enseñanzas no equivalen sino a mandamientos para que obedezcamos a nuestros instintos naturales, y no tienen más valor moral que otras ordenanzas que establezcan que debemos comer cuando tengamos hambre, beber cuando estemos sedientos y dormir cuando nos sintamos cansados y rendidos. Ciertamente que no necesitamos una religión para que nos diga esto. Nuestra naturaleza es suficiente como guía en tales asuntos. La religión que simplemente repite estas cosas prueba su propia sutileza pues significa que desconoce el verdadero concepto de la moral.

   ¿Puede alguien señalar alguna nación donde la gente no ame, no simpatice con los demás en el sufrimiento, no perdone las faltas de otros o no sea caritativa con el pobre? ¿O existe un solo individuo que no exhiba la mayoría de tales características? Entonces, ¿qué aporta una religión que nos dice que hagamos tales cosas?

   Si, no obstante, al decirnos que debemos ser afectuosos, misericordiosos, valientes, etc. Una religión quiere significar que nunca debemos ser severos, infligir castigo o exhibir miedo, habría aportado algo nuevo pero sus enseñanzas serían antinaturales. Poseemos, por naturaleza, esas cualidades y nos es imposible renunciar a ellas. Tampoco mejoraría nuestra moral tal renuncia, pues todo lo que la naturaleza nos ha dotado es para nuestro bien y su supresión o renunciación total atentaría más en perjuicio de nuestra moral que en su beneficio. Por ejemplo, si se nos dice que siempre hemos de ser afectuosos y nunca severos, ello implicaría que los maestros nunca deberían amonestar a sus discípulos; los padres nunca habrían de reprender a sus hijos, ni los Gobiernos castigar a quienes se rebelan contra ellos.

   Igualmente, si se nos enseña que nunca debemos dejarnos influenciar por el miedo, significaría que deberíamos persistir en el tipo de conducta que en principio hubiéramos adoptado, a pesar de que el error se nos haga manifiesto sin prestar atención a las consecuencias ni temer incurrir en algún daño o perjuicio, tanto en asuntos referentes a aspectos materiales, creencia o fe. ¿Quién describiría esto como ejemplos de buenas cualidades morales? La moral significa el uso de las tendencias e instintos naturales de acuerdo a la ocasión y no su uso en todas las ocasiones sin considerar su propiedad o impropiedad. Por otro lado, la supresión total de tales tendencias es a la vez dañina y antinatural. Por tanto, sólo podrá decirse de una religión que es consciente de la filosofía de la moral y la conducta humana y que ha aportado instrucciones correctas respecto a éstas; cuando define claramente la distinción señalada anteriormente y establece normas de conducta al respecto, no enumerando únicamente nuestros instintos naturales.

   Por lo que conozco, sólo el Islam, entre todas las religiones ha mantenido esta distinción en consideración y ha establecido adecuadas normas de conducta. Por ejemplo, el Santo Corán dice: (Al-Shura v. 41):

“La recompensa de un daño es un daño similar; mas quien perdona y su acto produce la reforma, tendrá su recompensa con Al-lah. En verdad, Él no ama a los inicuos”

   El hombre que inflige un castigo más severo que el originado por la ofensa; o castiga al ofensor por pura venganza a sabiendas de que el castigo le endurecerá y dañará aún más a su moral, o perdona al ofensor sabiendo que si no le castiga se envalentonará y emprenderá una nueva carrera de malas actuaciones; es un "agresor" en el sentido del versículo, y Dios no aprueba su conducta.

   Consideremos el verdadero significado de la norma contenido en este versículo. La norma establecida con respecto a los instintos naturales del hombre es que el ofensor debe ser castigado en proporción a su ofensa. Sin embargo, se señala que una elevada moral exige que al considerar el castigo, el hombre debe evaluar si el culpable se reformará por castigo o por misericordia. Si existe la esperanza de que se corrija a través del perdón, debe ser perdonado y no castigado con puro ánimo de venganza por el mal causado. Si por el contrario, el castigo pareciera más provechoso que el perdón, debería ser castigado y no perdonado por pura escrupulosidad ya que de otra forma, se le privaría de la oportunidad de reformarse y sería cruel, no misericordioso conceder el perdón en tal caso. Por lo tanto, la persona que es consciente que el perdón o el castigo serían más efectivos para corregir al culpable y adopta el recurso contrario, es reo de crueldad en vista de Dios; incluso si perdona, pues el perdón en tal caso, equivale a un daño voluntario a la moral de otro.

   El Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) expresó lo mismo en las siguientes palabras: "Las acciones humanas dependen de la intención" (Bujari). Los actos realizados bajo la influencia de una pasión o instinto natural no pueden denominarse actos o moral humanos, es la acción de una pasión o instinto natural. Un caballo o un asno, en las mismas circunstancias, actuarían de igual manera. El acto moral o humano debe ser resultado de un plan o deliberación.

   Esto muestra que el Islam ha captado el significado verdadero de la moral y ha prescrito normas de conducta de acuerdo a ello. Por lo tanto, sólo pueden compararse a él, aquellas religiones cuya enseñanza moral estén basadas en la misma concepción. Llamar código de enseñanzas morales a una mera enumeración de instintos naturales es una falacia.

   Así, el Islam define a la moral elevada como el uso adecuado de los instintos naturales bajo la guía de la razón y del juicio. Condena, como mala moral, el uso inadecuado, que no toma en consideración la propiedad o impropiedad de una acción particular en una ocasión concreta. A continuación voy a mencionar ejemplos de normas de conducta moral, establecidas por el Islam; que ilustrarán las restricciones que el Islam impone sobre el ejercicio y acción de los instintos naturales que los convierte en extremadamente útiles y beneficiosos al hombre.

   El Islam clasifica a la moral en dos categorías: Las cualidades morales referidas a la mente y las referidas al cuerpo. Esta clasificación exalta de forma considerable a la concepción moral. El Santo Corán dice. (Al-Anam v. 152);

   "No os acerquéis a las malas acciones, ni manifiestas ni ocultas".                                                   

   En otras palabras no sólo se prohíbe a un musulmán acercarse a males que son o pueden ser conocidos por los demás, sino también a aquéllos que se cometen con la mente y no pueden ser conocidos por otros, salvo cuando son confesados por el mismo sujeto. Igualmente afirma: (Al-Baqarah v. 285);

   "Tanto si reveláis lo que hay en vuestras mentes (es decir, si actuáis de acuerdo a ello) como si lo mantenéis oculto (es decir, si lo confináis a vuestra mente y no lo convertís en acción), Dios os pedirá cuentas por ello".

   Esta moral es subdividida por el Islam en buenas cualidades morales y malas cualidades morales. Por ejemplo, el Santo Corán dice: "En verdad, las buenas acciones sirven para alejar las malas. Esto es una advertencia para los que quieren recordar" (Hud v. 115). En otras palabras, el hombre que adopta en su vida una buena moral, hace desaparecer gradualmente sus malas cualidades morales.

   La buena y la mala moral se subdividen de nuevo en dos categorías; las que afectan sólo a los individuos y los que pueden afectar a los demás.

   Tales clasificaciones muestran que el Islam asigna a la moral una consideración mucho más extensa de lo que hacen otras religiones. No limita el concepto de la moral a actos o misiones que afectan a los demás, sino que incluye en su concepto acciones o misiones que afecten al propio individuo en sí mismo. El Santo Corán se refiere a este principio en el versículo siguiente (Al Maida v. 106);

   "¡Oh vosotros, los que creéis! debéis responder de vosotros mismos. Quien se extravía no puede perjudicaros si estáis bien guiados. Todos volveréis a Al-lah; y entonces El os descubrirá lo que acostumbrabais a hacer".

   El Santo Profeta (la paz de Dios sea con él) dijo: "Tu propio yo tiene derechos sobre ti mismo" (Bujari), es decir, no habéis de mirar únicamente por los demás. Debéis cuidar del bienestar de vuestro propio yo y proveer los medios de su desarrollo físico y espiritual. Según el Islam, lo que se encuentra oculto tiene tanto valor moral o inmoral como lo que es manifiesto. No sólo es inmoral el hombre que abiertamente es arrogante, sino también el que exteriormente aparenta ser sumiso y humilde pero oculta el orgullo en el fondo de su corazón, puesto que, aunque no ha causado daño a otros, sí ha dañado y afectado a su propia alma. El Santo Corán dice:

En verdad están demasiado orgullosos de sí mismos y han superado excesivamente los límites. (Al Furqan v.22)

   Así mismo, el hombre que oculta malos pensamientos respecto a otro, es reo de inmoralidad, aunque no exprese tales pensamientos; como dice el Santo Corán:

   "Algunas sospechas están al borde del pecado" (Al-Huyurat v. 13).

   De forma similar, deseos de deshonestidad, desorden y opresión son inmorales, según el Islam, aunque la persona que los sienta no pueda llevarlos a cabo a causa de falta de valor o medios. Tal persona no merece ser llamada buena basándose simplemente en las ocasiones que realiza y pueden ser observadas.

   Recíprocamente, el hombre que desea el bien de la humanidad y ansía servir a sus semejantes y promover su bienestar, es un hombre bueno, según el Islam; a pesar de que sea incapaz de llevar a la acción sus pensamientos y deseos por falta de medios y oportunidades para tal servicio.

   Existe, sin embargo, una excepción a esta norma general. El hombre que se ve asaltado por malos pensamientos, como por ejemplo, el orgullo, los celos, el odio o malas sospechas, pero logra suprimirlas, no es culpable de inmoralidad, pues tal persona combate realmente al mal y merece ser elogiado. Contrariamente, el hombre que experimenta un buen pensamiento de forma repentina o una súbita inclinación a hacer el bien pero no realiza tales acciones o pensamientos, no merece ser llamado hombre bueno por ello, pues como se dijo, las cualidades morales buenas o malas son resultado de la deliberación y planeamiento, y en ambos ejemplos, los pensamientos buenos y malos no fueron resultado de la deliberación, sino más bien involuntarios. El Santo Corán ilustra este principio en el siguiente versículo, (Al-Baqarah v. 226):

   "...no os pedirá cuentas de aquellos juramentos que son vanos, pero os pedirá cuentas de lo que vuestros corazones hayan adquirido".

   El Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) explica esto diciendo: "Si un hombre se ve asaltado por un mal pensamiento, pero logra suprimirlo o ahuyentarlo de su mente, y no actúa conforme al mismo, Dios le otorgará una gran recompensa por haber actuado así". (Bujari)

   Esta excepción, que se refiere a las cualidades morales que conciernen al propio individuo, se aplica igualmente a la moral que afecta a los demás. Como Dios declara (Al-Nallm v. 32-33):

   "Pues a Al-lah pertenece cuanto hay en los cielos y cuanto hay en la tierra, para retribuir a los que hacen el mal por lo que forjaron, y recompensar con lo mejor a quienes practican el bien. Quienes se abstienen de los pecados graves y de las acciones inmorales, salvo de las complacencias menores, en verdad, tu Señor es increíblemente misericordioso. El os conoce muy bien desde el momento en que os creó de la tierra y cuando erais embriones en los vientres de vuestras madres. No os adjudiquéis, pues, la pureza a vosotros mismos. El sabe mejor que nadie quién es el verdaderamente justo".

   Es decir, si un hombre por falta de precaución o bajo la influencia de una pasión súbita, se encuentra a punto de sucumbir ante el mal, pero tan pronto como percibe lo que está a punto de realizar se reprime a sí mismo o se aleja de la situación, no será considerado malo o inmoral. Al contrario, su conducta merece ser alabada, pues es equiparable a la del hombre que lucha en defensa de su patria, aunque no haya conseguido una victoria completa.

   Voy a ilustrar a continuación las enseñanzas del Islam referentes a la moral, mencionando las cualidades morales específicas. El tema es tan amplio, que tratar con cierto detalle el mismo supondría emplear mucho más espacio del que dispongo. Por tanto, me limitaré a discutir únicamente algunas de las cualidades morales a través del ejemplo. Al hacerlo así no perderé en consideración la clasificación que antes indiqué al definir la moral, consistiendo ésta en el uso adecuado de los instintos naturales.

   Trataré en primer lugar de los instintos naturales de piedad y venganza. El hombre, al igual que otros animales posee un instinto natural por el que trata de evitar infligir daño a los demás, afectándole los sufrimientos y desgracias de los demás de tal forma que también se hace partícipe de ellas. Todas las personas sienten pena por un enfermo y tienen simpatía hacia él, excepto quizás aquéllos que se encuentren demasiado ocupados para prestarle atención o quienes padecieron por sus manos. Estos últimos, posiblemente, en lugar de sentir simpatía por el afligido pueden disfrutar realmente ante la contemplación de su sufrimiento. Este último sentimiento se conoce por NAGAM o venganza. Surge cuando un individuo sufre daño o pérdida por manos de otro y desea infligir este daño o pérdidas para resarcirse. En un caso como éste, el sentimiento de venganza desplaza al de piedad hacia el que sufre, obtiene un placer diferente de su sufrimiento. El sentimiento de venganza, a menos que sea controlado por la ley, asume varias formas. Algunas veces, la persona agraviada es capaz o imagina serlo, de causar daño al agresor y procede o intenta infligir al último el mismo daño que el otro le causó, con el objeto de que éste sufra como él mismo hubo de sufrir. En otros casos puede ocurrir que el agresor, su familia o tribu, sean más poderosos que el agraviado, o éste puede imaginar que una acción similar por su parte no sería aprobada por los demás; o por cualquier otra razón, puede ser incapaz o no estar dispuesto de causar un daño real a su agresor; empleando entonces el arma del vituperio y la maledicencia contra él. Puede ocurrir así mismo que el agresor sea tan poderoso que el agraviado no pueda usar siquiera su lengua contra él. En tal caso, éste dejará de invitarle, y no será posible, y entonces la persona agraviada quedará simplemente sintiendo despecho contra el agresor y se regocijará ante las desgracias e infortunios de este último sintiendo fastidio ante sus éxitos y buena fortuna.

   Así, el instinto natural de venganza se manifiesta en múltiples formas e incita al individuo a una variedad de actos. Poner freno a la acción de este instinto y colocarlo bajo el control de la razón será moral, mientras que permitir que actúe desenfrenada e incontroladamente sería inmoral.

   El Islam define los límites y restricciones que han de imponerse respecto a la actuación de este instinto, y que son necesarios para convertirlo en cualidad moral; en el siguiente versículo; (Al-Baqarah v. 195):

   "Así, a quien se porte mal con vosotros, castigadlo por su mal comportamiento en la medida en que os haya atacado".

   Esta es la regla general que regula la conducta de aquéllos cuya razón y juicio no están suficientemente desarrollados para apreciar las sutilezas de las normas de conducta moral. Para aquéllos cuya razón y juicio han logrado un mejor desarrollo, se establece una limitación adicional en el versículo (Al-Shura v. 41):

“La recompensa de un daño es un daño similar; mas quien perdona y su acto produce la reforma, tendrá su recompensa con Al-lah. En verdad, Él no ama a los transgresores”.

   La persona que perdona cuando tal perdón puede ser origen de desorden y la que castiga cuando el castigo puede endurecer al ofensor, ambos son transgresores, no aprobando Dios su conducta. En otras palabras, se establecen limitaciones en el ejercicio del sentimiento de piedad, que conduce hacia el perdón, y en el de venganza, que tiende al castigo. Está establecido que cuando el perdón producirá presumiblemente una buena impresión en el ofensor y le salvaguardará de una ulterior mala acción, debe ser dado curso a la piedad y debe ser perdonado. En cambio, cuando se considera que el castigo debe infligirse, sin que en ninguna forma rebase la proporción adecuada al mal causado u ofensa cometida. Todo esto, se refiere a la primera forma de venganza, es decir, cuando el agraviado es capaz a su vez de causar daño a su agresor.

   La segunda forma de venganza se aplica en el caso de que el agresor es un sujeto poderoso, de forma que el agraviado es incapaz de causarle daño alguno por lo que se venga mediante el insulto o la calumnia. A este respecto, el Santo Corán declara: "No calumniéis a vuestra propia gente, ni os llaméis mutuamente por nombres deformados" (Al-Huyurat v.12). El insulto y la calumnia, por tanto, se prohíben en cualquier forma, y ni siquiera la persona ofendida puede recurrir a ellos como venganza. ¿Cuál es la razón de tal prohibición, y por qué el sujeto injuriado no puede injuriar al opresor revelando sus faltas y desahogando su instinto de venganza mediante los insultos?. El insulto se prohíbe porque es falso y deshonesto, y el Islam no tolera la falsedad ni la deshonestidad.

   La difamación y la calumnia se prohíben porque, en lugar de tender a reformar la conducta del agresor, la perjudica, ya que cuando se proclaman abiertamente los vicios y defectos de cualquier persona, ésta pierde todo el sentido de la vergüenza y decencia, y comienza a mostrarse indulgente con su actuación.

   La tercera forma de venganza es aquélla en que la parte ofendida rompe la relación con el ofensor. El Islam, así mismo desaprueba esta forma de venganza. El Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) dijo:
“No está permitido que un musulmán deje de hablar con su hermano durante más de treinta días”, es decir, debe volver a hablarle antes de que concluya este periodo (Bujari y Muslim)

   La cuarta forma de venganza consiste en guardar rencor contra el agresor. También es condenada por el Islam. Dios dice en el Santo Corán:

“Haremos desaparecer cualquier rencor que pueda haber en sus corazones” (Al Hillr v, 48), es decir, el musulmán no debe ser rencoroso. El Santo Profeta declaró: "El musulmán no guarda rencor ni abriga malicia". Por lo tanto, el Islam sólo permite una manera de venganza: Infligir al trasgresor un castigo proporcional al mal causado, estando sometido tal castigo al reglamento que establezca el Gobierno de la nación donde tenga lugar, si tal Gobierno existe; de forma que el agraviado no tome la ley por su mano. Si no existe tal Gobierno, el castigo debe ser infligido por el sujeto agraviado, pero sólo de manera proporcional al mal originado; y si el perdón, presumiblemente, ha de reformar al ofensor, éste debe ser perdonado. Las demás formas de venganza como el insulto, calumnia, despecho, etc. son condenados por el Islam, pues tienden a promover el mal y la discordia, no consiguiéndose el objeto verdadero de la venganza, es decir, la reforma del ofensor.

   Otro instinto natural que el hombre comparte con otros animales es el del amor. Su antagonista es el odio. Ambos instintos naturales se convierten en cualidades morales en función del empleo que de ellos se haga. No podemos amar a todo ni tampoco odiar a todo. Es necesario restringir y limitar la acción de estos instintos.

   Amamos por naturaleza a aquellos objetos que nos son beneficiosos o que crean confort o placer a alguno de nuestros sentidos. Por esto sólo no es una cualidad moral, pues tales sentimientos amorosos se encuentran igualmente en animales. El amor se convierte en cualidad moral si, EN PRIMER LUGAR, es ejercitado en adecuada proporción, es decir, aquéllos que merecen mayor parte de nuestro amor que otros, deben así recibirlo; EN SEGUNDO LUGAR, si se basa más en la gratitud por los beneficios recibidos en el pasado que en la esperanza de recibirlos en el futuro; pues lo primero es una obligación, y lo último un mero interés personal; y EN TERCER LUGAR, si tiene en consideración, además de los beneficios y placeres inmediatos, aquéllos que son remotos en el tiempo. Cuando el instinto del amor queda así regulado, se convierte en cualidad moral, mientras que de otra forma, es una simple pasión natural. El Islam prescribe estas tres condiciones. El Santo Corán dice (Al Tauba v. 24):

   "Diles: "si vuestros padres, vuestros hijos y vuestros hermanos, vuestras mujeres y vuestras gentes, y la riqueza que habéis adquirido, y el negocio cuya ruina teméis y las viviendas que amáis os son más queridos que Al-lah y Su Mensajero y que los esfuerzos por Su causa, entonces esperad que Al-lah venga con Su juicio; pues Al-lah no guía a las gentes desobedientes".

   Este versículo describe la gradación en que deben ser amados aquéllos que son merecedores de ello, si nuestro amor es una cualidad moral y no mero instinto. Cada uno debe ser amado en proporción a su rango en nuestros afectos; los profetas en relación al suyo y los padres, hijos, mujeres y maridos en relación al suyo. Por ejemplo, un hombre que abandona a sus padres a causa de su mujer, o ignora la llamada de su patria a causa de su propiedad, no puede ser llamado bueno en razón de su afecto hacia su mujer y su propiedad. Sin duda ha amado, pero su amor no está controlado por su razón o su juicio, no siendo, por tanto, una cualidad moral.

   La segunda condición, es que se debe tener más consideración por los beneficios pasados recibidos que por el placer del presente o por la esperanza de recibir beneficios en el futuro. Bajo esta condición, el amor hacia los propios hijos se convierte en un instinto, mientras que el amor por los padres se convierte en cualidad moral. El amor de los padres hacia los hijos es simplemente una manifestación del instinto de preservación de la raza; sin embargo, el amor de un hijo hacia sus padres es una cualidad moral, ya que los padres hicieron lo que la naturaleza les obligaba, convirtiéndose posteriormente en sujetos casi inútiles. Por lo tanto, el hijo que ama a sus padres, realiza una buena acción moral, pues obra así recordando los beneficios que de sus padres recibió durante su infancia y, como compensación de su cuidado amable y amoroso, considera su deber tratarles con bondad y proveerles de todo confort, incluso a costa de su sacrificio personal. Es por esto por lo que el Islam dijo: "El Paraíso se encuentra bajo los pies de la madre", y no dijo: “El Paraíso se encuentra bajo los pies de los propios hijos", pues toda persona sana ama instintivamente a sus hijos, mientras que no todo el mundo ama por instinto a sus padres y no les da, por tanto, el amor que merecen. No escasean ejemplos de personas que descuidan a sus padres para proporcionar a sus hijos las más pequeñas necesidades. Nadie afirmaría que se trata de una cualidad moral.

   La tercera condición necesaria para que el amor se convierta en instinto de cualidad moral, es que debe mantener en consideración no solamente los beneficios y placeres inmediatos, sino también los más remotos. Por ejemplo, el caso de un hombre que ama a un objeto, siendo este objeto dañino para su fe o su moral. En este caso, el amor sería un instinto natural pero no una cualidad moral, ya que las consecuencias son malas y no buenas. Si una madre, por amor a su hijo, no le recrimina sus faltas, su amor es un mero instinto y no una cualidad moral; pues, de no ser así, la madre censuraría al hijo sus faltas e intentaría corregirlas, pues el verdadero bien para el niño es que en tales ocasiones sea censurado y no tolerado. A este respecto, el Santo Corán dice:

   “¡Oh vosotros, los creyentes! Precaveos, vosotros y vuestras familias, de la destrucción…” (Al-Tahrim v. 7)

   La aversión u odio es otro instinto natural, opuesto al amor. La acción natural de este instinto es repeler o evitar aquellas cosas que son dañinas, inútiles, o que no gustan. Algunas religiones condenan el sentimiento de odio y se enorgullecen de enseñar moral elevada. Sin embargo, ningún sentimiento natural puede ser condenado meramente como tal sentimiento, pues sólo puede ser condenado el empleo de este sentimiento en forma apropiada o inapropiada. Lo que ha de evitarse es el exceso o defecto de tal sentimiento por encima o por debajo del nivel adecuado. El exceso de odio equivale a la enemistad, es decir, una inclinación nacida del rechazo, que incita al hombre a actos de trasgresión contra el objeto de tal rechazo. Al contrario, la falta del sentimiento de odio en la ocasión adecuada conlleva una falta de auto-respeto, que equivale a no rechazar algo que ofende el sentido individual de auto-respeto y dignidad.

   El odio, por tanto, no es en sí mismo inmoral; es un simple instinto natural. Solamente es indeseable su uso inadecuado. Por ejemplo, el Santo Corán condena reiteradamente el desprecio y la enemistad, y las describe como cualidades de los no creyentes. En algunos lugares se adscribe a Dios y a los fieles, pero significando retribución de la enemistad y no la enemistad en sí misma. Por otro lado, el Islam, al igual que condena la enemistad, desaprueba así mismo que sean suprimidos los sentimientos de antipatía y odio, pues son soportes necesarios de la dignidad y auto-respeto, que se admiten, son buenas cualidades morales. ¿Cómo es posible que consideremos mala a una cosa determinada, y no sintamos repugnancia hacia ella? Todo mal es una mancha espiritual. Cuando observamos a un hombre en una condición de inmundicia, o portando prendas sucias, sentimos repugnancia hacia él, incluso si se trata de alguien emparentado con nosotros; y nadie condenaría este sentimiento de repugnancia. Por lo tanto, ¿Por qué hemos de condenar el sentimiento de repugnancia espiritual que surge cuando somos testigos de una mala acción? Este sentimiento ha de ser encomiado y, cuando se exhibe en ocasión y lugar adecuado, se convierte en una buena cualidad moral.

De hecho, la condena que se hace contra el odio y la repugnancia, se debe a una confusión entre el mal y quien lo comete. Sin duda, hemos de atender y cuidar a quien comete un mal, pero a la vez debemos odiar y rechazar al mal. Si no condenamos al mal que el sujeto comete, no estaremos dispuestos a reformarle. El Islam ha enseñado esta distinción. El Santo Corán dice:

"Y que la enemistad de un pueblo no os incite a actuar con injusticia. Sed siempre justos porque eso está más cercano a la piedad" (Al Maida v.9).

En otras palabras, debemos ser justos incluso hacia nuestros propios enemigos. Así mismo dice:

"Respecto a quienes no han luchado contra vosotros en razón de vuestra religión y no os han expulsado de vuestras casas, Al-lah no os prohíbe que seáis amables con ellos y que actuéis justamente frente a ellos; en verdad, Al-lah ama a los que hacen justicia. Al-lah sólo os prohíbe, respecto a los que han luchado contra de vosotros en razón de vuestra religión y os han expulsado de vuestras casas, y han ayudado a otros a expulsaros..." (Al-Mumtahanah v.9-10)*

Es decir, se ordena la benevolencia, incluso hacia los enemigos del Islam. Por otro lado, en otro lugar se dice: "No os inclinéis hacia quienes actúan inicuamente" (Hud v.114).

Considerando ambos versículos, el significado es obvio; es decir, en asuntos materiales deberéis mostrar benevolencia incluso ante los no creyentes, pero deberéis sentir rechazo hacia aquéllos de sus actos que sean contrarios a la pureza y la virtud. En otro lugar del Santo Corán, éste dice:

"Mas Al-lah os ha hecho atractiva la fe y ha hecho que aparezca bella para vuestros corazones, haciendo que la incredulidad, la maldad y la desobediencia os sean odiosas" (Al-Huyurat v.8).

Estos versículos muestran que, mientras por un lado el Islam ordena un trato afable y benevolente hacia quienes obran mal, por otro lado a rechazar a toda clase de mal. Sólo así puede ser perfeccionada la moral.

Trato a continuación del instinto natural de la ambición. El hombre desea aventajar a sus contemporáneos en la carrera del progreso. Este instinto no es exclusivo del hombre, sino que también participan de él otros animales. Un caballo que marcha a paso holgado comienza a galopar tan pronto como oye sonido de cascos tras él; de tal forma que el que va tras él también inicia el galope en un intento de adelantar al que tiene por delante. El uso adecuado de este instinto natural, produce muchos beneficios morales, y su exceso o deficiencia provoca numerosos defectos en la moral. El hombre puede conseguir un gran aventajamiento en la moral empleándolo como medio para el desarrollo moral y espiritual. Por ejemplo, el Santo Corán dice: "Rivalizad pues, entre vosotros en las buenas obras". (Al-Baqarah v. 149). Gracias a este instinto, el estudiante hace rápidos progresos en sus estudios. Empleado bajo restricciones y limitaciones necesarias, se convierte en una excelente cualidad moral.

Por el contrario, el ejercicio sin límite de este instinto da lugar a muchas cualidades indeseables. Por ejemplo, produce envidia, es decir, deseo de progresar acompañado del deseo de que nadie logre hacerlo a la vez. El Islam condena este sentimiento. Una de las oraciones enseñadas por el Santo Corán es la siguiente: "Y de la malicia del envidioso cuando envidia" (Al-Falaq v. 6). Otro defecto moral producido por el exceso de este instinto consiste en que el hombre comienza a menospreciar los méritos de otros y a considerarlos como faltas reales. En árabe, este sentimiento se denomina "Ihtigar" (desprecio). El Islam lo condena también. Por ejemplo, el Santo Corán dice:

"¡Oh vosotros, los creyentes! No permitáis que un pueblo se burle de otro, que puede ser mejor que ellos, ni que las mujeres se burlen de otras mujeres, que pueden ser mejores que ellas" (Al-Huyurat v.12).

Si el sentimiento de desprecio continúa desarrollándose, la persona que desprecia no vacila en insultar a los demás o burlarse de ellos respecto a su descendencia, origen, condición, etc. El Islam lo prohíbe totalmente. El Santo Profeta (la paz de Dios sea con él) dijo: "Cuando alguien imputa una falta moral o espiritual a otro, y tal falta no existe (es decir, cuando la imputación es una forma de insulto o difamación), la misma falta se manifestará en la persona que hizo la imputación" (Bujari). Una consecuencia más de la acción incontrolada de este instinto, es que convierte al hombre en fanfarrón y orgulloso, olvida gradualmente sus propias faltas y debilidades y comienza a considerarse superior a los demás. A este respecto, el Santo Corán dice: "En verdad, Al-lah no ama al orgulloso ni al jactancioso" (Al-Nisa v.37).

Otro instinto natural es el relativo a la propagación de la raza. El Islam ha impuesto sobre éste también restricciones y limitaciones necesarias para convertirlo en una cualidad moral. Por ejemplo, el Santo Corán declara: “El matrimonio os es lícito” (Al-Ahzab v. 51). Pero, "No os acerquéis al adulterio" (Bani Israil v. 33).

Es decir, no busquéis satisfacer vuestras pasiones fuera del matrimonio legítimo, ya que de otra manera, el objeto de este instinto - la procreación de la raza - sería destruido. A quienes, no obstante, no pueden hallar pareja adecuada, se les dice:

"Y quienes no encuentren medios para el matrimonio, deben conservarse castos" (Al-Nur v.34).

Es decir, deben tomar las precauciones oportunas que les permitan mantener un control estricto sobre sus pasiones; pero no deben cometer adulterio ni privarse a sí mismos de su capacidad procreadora, pues Dios no aprueba la supresión o extirpación total de un instinto natural. A este respecto, el Santo Corán dice:

" Pero la vida monástica que innovaron no es lo que les prescribimos, sino que lo hicieron para buscar el favor de Al-lah; pero no la practicaron de acuerdo con su verdadero espíritu. (al ser contraria a los instintos naturales)”. (Al-Hadid v. 28).

Esto muestra la gran sabiduría con la que el Islam ha regulado la acción de este instinto. Por un lado, ha previsto medios legítimos para su satisfacción a través del matrimonio, y por otro lado, ha prohibido su satisfacción fuera de la unión legítima. Desaprueba el celibato, ya que una observancia estricta del mismo supondría una aniquilación total de este instinto, con lo cual, el objeto por el que fue creado, es decir, la propagación de la especie humana, fracasaría. De adoptarse el celibato por la generalidad de la población, la raza humana se extinguiría en el curso de una generación. Puesto que tal práctica es contraria a la naturaleza, aquéllos que la ingeniaron fueron incapaces de lograr un control estricto sobre la misma. Respecto a quienes no lograron encontrar un cónyuge adecuado, el Islam les exhorta a que preserven su castidad hasta que consigan contraer matrimonio, y no les permite destruir al mismo tiempo, su instinto natural. ¿Existe alguna otra religión que regule la acción de este instinto que es común al hombre y a otras especies animales, incluyendo a los insectos, hasta el punto de convertirlo en una elevada cualidad moral, basada en realidades psicológicas profundas?

Otro instinto natural existente en el hombre es el relativo al ejercicio de los derechos de amo sobre su propiedad, por el cual gasta o atesora sus bienes. La acción de este instinto también ha sido regulada adecuadamente por el Islam.

La primera restricción es la siguiente:

"¡Oh creyentes! gastad de las cosas buenas que habéis ganado y de lo que hacemos brotar de la tierra (y no con lo que sea de vuestra propiedad)" (Al-Baqarah v. 268).

Asimismo:

"Y dale al pariente lo que se le debe (indicando que el Islam al hombre cuidar de sus parientes cercanos), así como al menesteroso y al viajero, y no malgastes tus bienes con extravagancia". (Bani Israil v. 27).

La palabra árabe Tabzeer significa esparcir simiente, sembrar, probar o gustar de algo. La expresión tabzira del versículo anterior significa, por tanto, que el hombre no debe dar a sus familiares, al pobre o al necesitado en la esperanza o con la mira puesta de recibir de ellos una cantidad mayor a cambio; al igual que el granjero esparce la semilla con la esperanza de obtener una gran cosecha; tampoco debe regalar todos sus bienes sin que le quede nada para sí mismo; así como tampoco debe guardar todo para sí mismo y no dar nada a los demás. Tampoco debe otorgar a sus parientes y a los pobres tales cantidades de dinero o bienes de forma que les convierta en ociosos o estimule en éstos el hábito de la mendicidad, de vivir de la caridad o de la vida relajada, convirtiendo así la caridad en un medio de tentación más que de asistencia.

Así mismo, el Santo Corán dice: "Y en la riqueza del musulmán hay una parte para los que pueden expresar sus necesidades y para los que no pueden hablar y expresarse (es decir, los animales)" (Al-Dhariyat v. 20). Por lo tanto, un musulmán gasta una parte de su fortuna para el cuidado de los animales débiles y enfermos, tanto domésticos como no domésticos.

De forma similar, el Islam ha establecido instrucciones detalladas referentes a todas las cualidades morales, como, por ejemplo, la paciencia, gratitud, beneficencia, sinceridad, confianza, lealtad, moderación, el cuidado de las necesidades ajenas, el cuidado de las viudas y huérfanos, la promoción de la buena voluntad entre los hombres, el miedo, la esperanza, la alegría, humildad, hermandad, mansedumbre, paciencia, modestia, cumplimiento de las promesas, benignidad, honor, hospitalidad, visitas a los enfermos, honestidad, probidad, compasión; y respecto a las malas cualidades morales como la calumnia, difamación, falsedad, engaño, espionaje, lectura de cartas ajenas, defraudación, proclamar la propia virtud, hacer el bien con el deseo de ser visto por los demás, la hipocresía, las charlas ociosas, el perjurio, la lisonja, el robo, el crimen, la opresión, rebelión, tortura, el uso de medidas falsas, la interferencia en asuntos ajenos, la cobardía, etc., etc. La observancia o evitación de los cuales tiende a promover la pureza y virtud. Es obvio que me resulta imposible, en el limitado espacio de esta obra, tratar en detalle de todas estas cualidades morales. Sólo es necesario señalar que el Islam, a través de este proceso de limitaciones y regulaciones, convierte a todos los instintos humanos en alta cualidad moral, y que ninguna otra religión previa o posterior al Islam ha prestado una atención adecuada a este aspecto de la cuestión. Incluso aquellas religiones que poseyeron ante sí el ejemplo del Sagrado Corán, fracasaron al resolver el problema. Únicamente el Sagrado Corán lo resuelve de forma completa y satisfactoria. El resto de las religiones se conformaron con una mera enumeración de los instintos naturales o de algunos aspectos de los mismos y les pusieron el nombre de moral. El Islam nos ha ofrecido la solución más satisfactoria del problema que durante tanto tiempo ha hostigado y continúa hostigando las mentes pensantes: ¿Cuál es el significado de la moral? El Islam define a la moral como la cooperación y coordinación de los instintos naturales del hombre. Sólo puede acreditarse aquella religión que nos ofrezca un código de enseñanzas morales que prevea medios adecuados para la acción concreta de cada instinto natural, sometiéndolos a las regulaciones y límites necesarios que eviten que alguno de tales instintos transgredan el dominio de otro instinto diferente. La venganza no debe interferir con el adecuado uso de la piedad, ni tampoco la piedad debe sobrepasar sus propios límites e interferir con el uso correcto de la retribución. El amar no debe interferir con el odio ni el odio con el amor. Cada uno debe obrar en su propia esfera sin colisionar con los demás instintos, al igual que los planetas se mueven en sus órbitas respectivas. La acción de los instintos humanos bajo las enseñanzas morales del Islam puede compararse a un Estado gobernado por la razón, en el cual los súbditos, es decir, los instintos naturales del hombre, son mantenidos en orden y disciplina gracias a las enseñanzas morales islámicas.

DISTINTAS CATEGORÍAS DE LAS CUALIDADES MORALES

Voy a tratar a continuación de la segunda cuestión referente al segundo objeto de la religión, es decir, ¿cuáles son las diferentes categorías de las cualidades morales, descritas por el Islam? La gradación de las cualidades morales es tan imprescindible para el desarrollo moral del hombre como lo es la gradación de los estudios en cursos para la instrucción normal de la mente humana. De no dividirse en grados y clases los cursos de educación impartidos en colegios y facultades, la mayoría de los estudiantes serían incapaces de lograr algún beneficio de los mismos. La mayoría de éstos serían incapaces de decidir cuán lejos habrían de llegar en un nivel de educación particular y perderían el ánimo al comienzo, en la creencia de que les resultaría imposible alcanzar la meta fijada. La creación de clases y niveles, por tanto, no sólo resulta conveniente para los profesores y directores de estudios sino que encierra gran beneficio y estímulo para los estudiantes. Lo mismo acontece con la instrucción moral, y en general, para cualquier tipo de educación que sirva para el beneficio común de la humanidad. Debe ser suficientemente escalonada para que las gentes de distintas posibilidades y capacidades puedan aprovecharse de la misma. Si el nivel se regula de forma que únicamente la gente con gran capacidad puede tomar partido en él, no aportaría ningún beneficio a quienes poseyeran un nivel medio o bajo y viceversa. Si, por el contrario, no se prevé ningún tipo de orden u organización, la gente de talento y capacidad ordinaria sería incapaz de conseguir alguna utilidad del mismo. Así mismo, si se trata de una simple colección de preceptos morales grandilocuentes e idealistas, carecerá de uso o beneficio para la humanidad salvo para el propósito de adornar una conferencia o impresionar a la audiencia. La humanidad, por tanto, no sólo necesita un código de valores morales sino también una legislación práctica y graduada, que pueda conducir al hombre a la perfección moral a través de un proceso escalonado.

Voy a tratar seguidamente de los diferentes grados o niveles de las cualidades morales, buenas y malas, descritas por el Islam.

El Islam ha establecido simultáneamente normas categóricas y normas detalladas que gobiernan la conducta moral del hombre. Divide a las cualidades buenas y malas en diferentes niveles y grados por los cuales cada ser humano puede determinar y conocer su propia posición moral y labrar su propio camino para adquirir buenas cualidades y desechar las malas. En adición a esta clasificación básica o fundamental que abarca a todas las cualidades morales, el Islam ha descrito cada cualidad moral en detalle y ha establecido un orden perfecto que gobierna a todas ellas.

La clasificación fundamental de las cualidades morales se encuentra en el versículo:

"En verdad, Al-lah ordena la justicia y hacer el bien a los demás como si fueran parientes, y prohíbe los males que conciernen sólo al individuo y no son manifiestos, y aquellos que son manifiestos y ofenden los sentimientos de los demás; y los que hacen daño a los otros. El os exhorta para que caigáis en la cuenta". (Al-Nahl v.91).

En este versículo, los vicios y virtudes son divididos respectivamente en tres clases. Tales clases abarcan todo el campo de las cualidades morales.

La primera categoría de la virtud se conoce como "Adal" o el trato equitativo; es decir, que el hombre debe tratar a los demás de la misma manera en que es tratado por ellos y debe devolver el bien que se haga, al menos, en igual medida. Debe así mismo pensar acerca de los demás en forma equitativa, es decir, que debe pensar sobre ellos de la misma forma en que desea piensen de él.

No debe devolver mal por bien ni esperar tampoco de los demás que le devuelvan bien por mal. Sin embargo, la palabra ADAL excluye aquellos tipos de mal que son totalmente indeseables, como, por ejemplo, el insulto, la falsedad, el adulterio, etc. El ADAL permite devolver el castigo al ofensor en proporción a su ofensa, pero no permite buscar castigarle (al ofensor) cometiendo a cambio un acto malo similar al realizado por el último, pues el vicio es un veneno y el hombre que se envenena a sí mismo para castigar a otro que se ha envenenado, comete un acto de locura y no de venganza.

El siguiente nivel de virtud es llamado IHSAN, es decir, la beneficencia, que significa que el hombre debe devolver el bien que otro le hace, tanto si este bien afecta a su propiedad, mente o cuerpo, con una mayor cuantía de bien, y que debe perdonar a quienes cometen actos de transgresión contra él, excepto en los casos en que el perdón pueda ser origen de desorden o disensión. Este estado es superior al de ADAL y no es alcanzable por nadie a menos que se haya habituado a sí mismo al primer estadio, pues de otra forma, sólo se trata de una transformación superficial, sujeta a ser reversible en un momento de alteración.

El tercer estadio de virtud se describe como ETAI ZIL QURBA, que significa que el hombre realiza el bien a los demás sin que lo haga a cambio de otro bien a él realizado, ni en la esperanza de recibir bien a cambio, como por ejemplo, realizan los padres con respecto a sus hijos o hermanos respecto a sus hermanos, bajo un impulso natural. Los padres no aman o cuidan a sus hijos en la esperanza de recibir de ellos algo a cambio. Tanto en el caso de padres que son suficientemente viejos para no mantener la esperanza de sobrevivir cuando sus hijos hayan madurado, como en el caso de quienes se encuentran en plena juventud, existe la misma ternura y amor hacia sus hijos. Este amor de los padres hacia sus hijos, como ya dije, no está alentado por ninguna esperanza de obtener beneficio, es un instinto, pues los padres no imaginan nunca que hagan recaer algún tipo de obligación a sus hijos por el hecho de amarlos o de cuidarlos. Sólo cumplen un anhelo natural. La idea de alguna recompensa material o de que están haciendo contraer alguna obligación a sus hijos, nunca entra en sus mentes. Por lo tanto, este sentimiento que los padres u otros familiares mantienen hacia sus hijos es más noble que el de IHSAN o beneficencia. En la beneficencia existe un cierto grado de auto-complacencia, de sentimiento de que uno está realizando un acto bueno, mientras que el sentimiento de los padres o familiares hacia sus hijos u otros familiares, no existe tal sentimiento de estar realizando algún tipo de bien al otro. Al contrario, existe un sentimiento de satisfacción y placer personal individual. Éste es el mayor estado de virtud, de forma que el hombre que alcanza este estado logra un placer genuino del hecho de hacer el bien. No imagina que esté haciendo recaer alguna obligación sobre nadie. Al contrario, se siente feliz de haber encontrado una oportunidad de hacer el bien, de igual manera que la persona que tiene un hijo y que no imagina que le ha recaído una gran carga, sino que se siente feliz y agradecido por esta bendición divina. Este tipo de gente se consagra a sí misma al servicio de la humanidad y encuentra paz y alegría en el placer y felicidad de los demás. No les cruza por la mente la idea de haber realizado algún tipo de beneficio a los demás. Desean constantemente encontrar mayores oportunidades de realizar tales servicios, de igual manera que los padres desean poseer mayores medios para mantener a sus hijos en el mejor confort.

Existen asimismo tres estados del mal correspondientes a los tres estados de virtud. En contraposición al estado de Adal existe el de FAHSHAA, que en unión de la palabra MUNKAR significa los vicios secretos, no aparentes, como son por ejemplo, los malos pensamientos y los malos designios que nacen de las mentes impuras. Tal es el primer estadio del mal, al igual que ADAL es el primer estadio de virtud. La influencia de las malas compañías, mala instrucción o tendencias inferiores es primero sentida en la mente, viéndose el hombre asaltado por malos pensamientos que le inclinan hacia el vicio. Sin embargo existe en el hombre una tendencia innata hacia la virtud, que suprime y vence a tales pensamientos. Si se les permite crear raíz, éstos prevalecen al final y asientan las primeras bases del mal. Comienza a continuación un segundo estadio del mal, MUNKAR, que afecta a los actos y conducta del hombre. Las demás personas rechazan y desaprueban tal conducta, pero ésta queda confinada de modo permanente en aquellos actos que afectan individualmente a quienes lo realizan, como por ejemplo, la falsedad, charlas ociosas, etc. Puesto que en este estado el hombre sólo desarrolla pocos vicios, se siente avergonzado de los mismos y teme mostrarse indulgente con los que son más graves. Si, no obstante, fracasa en mantener un adecuado control sobre su conducta y no toma medidas para detener su progreso en el mal, alcanza el tercer estadio, que se denomina BAGHY, es decir, aquellos males que dañan a otras gentes y suponen una abierta violación a las reglas de conducta moral. La palabra BAGHY significa rebeldía, y el tercer estadio del vicio indica, por tanto, que el malvado se rebela abiertamente contra las normas morales y renuncia a su obediencia a las mismas. Adquiere entonces placer en el vicio y se jacta del mismo. La reprobación y amonestaciones le traen sin cuidado.

Al indicar estos diferentes estados de virtud y de vicio, el Islam ha permitido a todos de manera fácil, descubrir su verdadera posición en la escala moral a fin de adoptar las medidas necesarias para su perfeccionamiento. En cada etapa el hombre se encuentra con un objetivo definido ante él, que no le parece imposible de conseguir y, por tanto no se desanima. Por ejemplo, nada parecería más imposible y carente de esperanzas de lograrlo, al hombre que se encuentra sumergido de tal forma en el vicio, que desconoce la más mínima concepción de la virtud o moralidad, al que se le dice que debe realizar tal transformación en su vida que convierta a la virtud en parte de su naturaleza y consagre el resto de su vida al sacrificio de la humanidad. La sima existente entre su situación presente y la que se le pide consiga, le aparecería insuperable y probablemente abandonaría toda esperanza de convertirse nunca en un ser reformado. Sin embargo, si se le dijera que cada paso que dé hacia la virtud le hará más virtuoso y que si no puede renunciar totalmente al vicio, debe al menos sentirse avergonzado del mismo, seguiría deseoso la sugerencia por ser practicable y fácilmente obtenible. Cuando comience a sentir remordimiento y a avergonzarse de su conducta, se le puede asegurar que ha logrado el primer paso hacia la virtud, pues la renuncia a las formas más graves del mal también es una forma de virtud. El estímulo que de ello obtiene puede emplearse como ayuda en su ulterior progreso en el camino de la virtud. Puede a continuación sugerírsele que si aún no es capaz de hacer el bien, debe al menos evitar hacer el mal, rechazando actuar conforme a los malos pensamientos y deseos de su mente y logrando así no causar por sus malas acciones daño o desagrado al prójimo. Lo encontrará más fácil que el primer paso, y, cuando logre cumplirlo, se sentirá más animado que nunca para avanzar en la virtud y renunciar a su carrera anterior del mal. Su mente quedará aún sujeta a malos pensamientos, pero ¿dudaría alguien que ha alcanzado un cierto grado de virtud, encontrándose avanzado constantemente hacia ella y habiendo renunciado a la mayor parte de sus vicios? Puede pedírsele a continuación que dé un paso más y que purifique su mente de malas ideas, y de la impureza y vicio de toda índole.

Ello le resultará mucho más sencillo que los dos primeros pasos, y, cuando logre cumplirlo, su mente será similar a la de un recién nacido, como una pizarra limpia sin impresión alguna. A continuación se le pedirá adopte el nivel de ADAL, o trato equitativo en su conducta, y de esta manera alcanzará gradualmente el estado de virtud adecuado a su ánimo y capacidades.

Si no es adoptado este método, todo esquema de reforma moral está abocado al fracaso. Las prédicas generales sobre la moral que no tienen en cuenta los principios aquí enunciados, carecen de valor a efectos de conseguir una reforma. Si iniciáramos la educación de un niño analfabeto pidiéndole que aprendiera de memoria libros editados para postgraduados, o que memorizara por entero el Nuevo Diccionario de Oxford, con la vana esperanza de que cuando concluyera esta prodigiosa tarea se convertiría en un verdadero erudito, el resultado sería probablemente que el niño se volvería loco, o al menos continuaría su mente tan en blanco como al principio. Sólo conseguiría retener unas cuantas frases en su memoria que repetiría como un papagayo, sin tener la menor noción de su significado. De la misma manera, es imposible realizar ningún tipo de perfeccionamiento moral a base de exhortaciones de índole general, aunque fueran sutiles.

La persona que recibe su instrucción moral de esta forma general, desarrollará su moral a través de sus compañeros y entorno, no obteniendo beneficio alguno de la instrucción moral que le sea prodigada.

El Santo Corán hace enorme hincapié sobre este curso gradual en la instrucción moral, hasta el punto que declara que nadie puede ser un profeta hasta que enseñe a los hombres a convertirse en RABBANIS. RABBANI alude a la persona encargada de la educación, en primer lugar, sobre materias elementales, y después, en artes y ciencias más avanzadas, y que regula su curso de instrucción en grados y etapas. Por lo tanto, es necesario para un Profeta que grabe en sus seguidores la noción de que al impartir normas de instrucción moral y espiritual, deben tener en debida consideración las capacidades y temperamentos de quienes han de beneficiarse de las mismas. Deben persuadir a las gentes a abandonar los viejos hábitos paso a paso, y deben instruirles acerca de lo que ignoran de manera gradual. Sin embargo, la instrucción gradual no significa que deban ser mantenidas en secreto ciertas cosas para determinado grupo de personas, sino que éstas han de ser enseñadas a actuar conforme a tales cosas paso a paso, a fin de que tengan siempre ante sí un objetivo fácilmente obtenible, no pierdan el incentivo, y la consecución con éxito de un estadio suponga un estímulo para iniciar el siguiente. Por ejemplo, todos los estudiantes conocen todo el recorrido del curso por el que han de atravesar, pero la división del mismo en clases y grados y la frecuencia de tests y exámenes sirven como un incentivo que les permite medir constantemente su progreso en los estudios y no sentirse así oprimidos por la idea de tener que completar el curso entero de una vez.

En adición a estas reglas generales, el Islam ha creado normas detalladas con respecto a cada cualidad moral, describiéndolas en grados y etapas que hacen fácil al ser humano adoptar o renunciar cualidades morales deseables o indeseables, según sea el caso. Puesto que el espacio del que dispongo no me permite entrar en la explicación de estos detalles, me contentaré con lo que he dicho respecto a la división general de cualidades morales, esperando sea suficiente para indicar la naturaleza de las enseñanzas morales del Islam.

POR QUÉ SE DENOMINAN ASÍ LAS BUENAS Y MALAS CUALIDADES MORALES

Respecto a esta cuestión, el Islam también establece principios positivos, complementados con detalles adecuados. El principio básico es el siguiente:

"Pues no he creado a los hombres –grandes o pequeños- sino para que desarrollen en ellos mismos mis atributos” (Al-Dhariyat v. 57)

El primer objetivo del desarrollo moral es, por tanto, adecuar al hombre para la unión con Dios; puesto que, a menos que el hombre se purifique a sí mismo, no puede aproximarse a la Fuente de toda la Pureza y Vida. Dios no ama a los débiles e impuros de corazón, y desea que los hombres reflejen Sus puros atributos con el fin de que puedan disponerse para acercarse a Él. Dice:

"En verdad, hemos hecho todo lo que hay en la tierra como adorno suyo, para probarlos y comprobar cuáles de ellos se comportan mejor" (Al-Kahf v.8); es decir, quién de ellos desarrolla en sí mismo los atributos divinos. Así, la razón por la que algunas cualidades morales se llaman buenas, es porque son reflejo de los atributos de Dios; y la razón por la que otras son denominadas malas consiste en que son incompatibles con los atributos Divinos. Lo que no participa de la Luz, es ciertamente oscuro, y cuanto más se aleja de la Luz, más oscuro se vuelve.

Además de esta clasificación general respecto de las diversas cualidades morales, el Islam ha expuesto razones detalladas que demuestran la naturaleza buena o mala de cada una de tales cualidades, a fin de que la gente se sienta inclinada hacia las que son buenas y logre eludir las malas. Mencionaré alguno de tales detalles a título de ejemplo.

Ya dije anteriormente que una de las más elevadas cualidades morales en el hombre es la relativa a la piedad, que se manifiesta en el perdón. En añadidura a la consideración general antes mencionada por lo que esta cualidad se reconoce como buena o noble, el Santo Corán afirma:

Es decir, "Aunque un hombre os cause daño y os oprima y os trate con injusticia, debeis tratarle con amabilidad y perdonarle. Así atacaréis la raíz del odio y la enemistad, y he ahí que aquél entre el cual y tú existía enemistad, se volverá como si fuese un amigo entrañable" (Ha Mim v. 35)

El castigo se inflige, en general, para prevenir que el malvado cometa ulteriores faltas. El Islam declara que, de seguirse el principio antes mencionado, es decir, que la víctima debe perdonar al trasgresor, existe una esperanza razonable de que el perdón ayude a reformarle, resultando así mayor beneficio que de la imposición del castigo. El castigo conseguiría en la mayoría de los casos evitar otro acto similar, pero el perdón, presumiblemente, convertirá al malhechor en un amigo.

De nuevo, respecto a la beneficencia y benevolencia, el Santo Corán dice: “no olvides tu parte en este mundo; y haz el bien a los demás como Al‑lah lo ha hecho contigo” (Al-Qasas v. 78)  Es decir, que Dios es Quien os proveyó de los medios y capacidades con los que adquiristeis vuestras riquezas, conocimiento y poder; y, puesto que toda la humanidad participa en las bondades de Dios, debéis, a cambio de los favores que os fueron concedidos, permitir que otros hombres participen de las cosas con las que habéis sido agraciados.

Respecto al crimen y la opresión, afirma que sólo conducen a mayor desorden y opresión, y que la humanidad se extinguiría si no fueran controlados. El Santo Corán dice: "...Evita la opresión, pues Dios no ama la opresión, y mediante la opresión no intentes hacer el mal en la tierra después de que la paz haya sido establecida en ella” (Al-Araf v. 57)

Es decir, la opresión nunca fomenta la paz ni el orden. Tampoco es, en absoluto, una fuente de poder, porque origina agitación y determinación a resistir entre el pueblo, de tal forma que las conspiraciones y rebeldías destruyen la paz de la zona.

Respecto a la envidia, el Santo Profeta (la paz de Dios sea con él) dijo: "Alejaos de la envidia porque ésta devora las fuentes del confort de la misma manera en que el fuego devora el combustible". Es decir, envidiáis a otro por disfrutar mejor confort que vosotros, pero la envidia destruye vuestra propia paz y confort, dañándoos únicamente a vosotros mismos.

Respecto al desprecio o menosprecio, el Santo Corán declara:

"No permitáis que un pueblo se burle de otro, que puede ser mejor que ellos" (Al-Huyurat v. 12)

En los cambios que acontecen en la marcha del tiempo ocurre que quien hoy es despreciado, mañana puede ser honrado, y la familia que hoy es homenajeada puede mañana ser menospreciada. Si un pueblo es humillado en el presente, cuando en el futuro alcance el poder, intentará con seguridad humillar a quienes les despreciaron, asentando así un círculo vicioso de enemistad y desorden. Si el camino de desarrollo y progreso está abierto a todas las criaturas de Dios sin discriminación, ¿por qué ha de ser despreciada una nación, clase o grupo de gente?

Con respecto a la fornicación y el adulterio, el Santo Corán dice: "Es una obscenidad y un mal camino" (Bani-Israil v. 33). Es decir, es un vicio que engendra sensación de culpa en la mente y la hace impura, y es un medio equívoco de lograr el objetivo que atañe al instinto sexual. El objeto de este instinto es la propagación y preservación de la raza humana. La relación ilícita destruye este objeto al prevenir el nacimiento o al hacer que resulte dudoso el parentesco del niño y comprometiendo su cuidado y crianza.

Al tratar de la avaricia, el Santo Corán dice:

"Pero hay algunos de vosotros que se comportan mezquinamente. Pero quien es mezquino lo es solamente contra su propia alma" (Muhammad v. 39).

Quiere decir, que la avaricia sólo priva al mismo sujeto del uso de sus bienes. Le priva de disfrutar de una buena comida, de portar buenas ropas, vivir en un hogar confortable, etc. El sujeto continúa acumulando dinero y el único placer que obtiene es la ansiedad y anhelo de mantenerlo a salvo.

De esta manera, el Islam da razones para encomendar o condenar diferentes cualidades morales y capacita a la gente para que juzgue sobre su naturaleza.

MEDIOS PARA ADQUIRIR BUENAS CUALIDADES MORALES Y EVITAR LAS MALAS

La función de la religión no consiste sólo en indicar cuáles son las buenas y malas cualidades, sino también ofrecer o diseñar los medios por los que los hombres puedan ser capaces de renunciar al mal y adoptar buenas cualidades morales, pues sin éstos, todo esfuerzo es vano y toda búsqueda carente de beneficios. Desconozco cuál es la respuesta de otras religiones a esta cuestión, pero puedo felizmente afirmar que el Islam o Ahmadiat ofrece una respuesta completa y satisfactoria a la misma.

Los medios primarios que el Islam ofrece para el desarrollo moral, nacen de la manifestación de los atributos divinos, sin los cuales el logro de la perfección moral es imposible. En todos los asuntos, el hombre necesita unos ejemplos. Puede fácilmente aprender a través de la demostración lo que no puede lograr a través de libros. En ausencia de tal demostración, artes y creencias carecerían de valor ante el mundo. Por ejemplo, ¿puede alguien aprender Química o Ingeniería o cualquier otra ciencia sin la ayuda de experimentos y demostraciones?

Lo mismo ocurre con el aprendizaje moral. El hombre no puede alcanzar la perfección moral sin la ayuda de modelos y ejemplos perfectos. Por lo tanto, es necesario que aparezcan repetidamente en el mundo modelos perfectos para mostrar al mundo una vida de perfección moral. Es también necesario que tales modelos sean seres humanos, puesto que un ser no humano no serviría como ejemplo para los hombres; su conducta no movería a los demás hombres a que le imitaran. Por tanto, deben existir hombres perfectos a quienes imitemos y tales hombres deben aparecer, de vez en cuando, para hacer posible a los demás adaptar su conducta, imitándoles. El Islam declara que tales hombres perfectos aparecen con frecuencia sobre la Tierra. Por ejemplo, el Santo Corán dice:

"¡Oh, hijos de Adán, si os vienen Mensajeros de entre vosotros mismos, explicándoos Mis Signos, entonces sabed que a quienes teman a Dios y hagan buenas obras, no les sobrecogerá el temor ni serán afligidos" (Al-Araf v. 36)

Además de los profetas, existen otras personas, que, aunque en menor grado, pueden servir de modelo para la gente. Respecto a ellos, dijo el Santo Profeta (la paz de Dios sea con él): "Dios hará surgir entre los musulmanes, en el comienzo de cada siglo, hombres que renovarán la fe, excluyendo de la misma las creencias y doctrinas falsas que pudieron haber surgido a lo largo del siglo" (Abu-Dawud). Tales reformadores han aparecido en el Islam de manera constante. En nuestra propia era, cuando la oscuridad del error se había intensificado, Dios ha hecho surgir un Profeta para la protección y restauración de la fe, y para renovar el beneficio a la humanidad del ejemplo perfecto del Santo Profeta (la paz de Dios sea con él). Centenares de miles de seres han encontrado una nueva vida espiritual a través de este Profeta.

Éstos son los únicos medios completos y perfectos de conseguir la perfección moral. Todos los demás recursos son subsidiarios. Los beneficios de éstos son certeros, mientras que los demás no se encuentran totalmente libres de la posibilidad de duda y error. Sin embargo, puesto que estos medios no pueden ser procurados por el hombre a voluntad y deseo el Islam ha ofrecido otros recursos, a través de los cuales, el hombre puede abandonar malas cualidades morales y adquirir otras buenas.

El segundo medio que el Islam ofrece para el perfeccionamiento moral, consiste en el método que adopta al clasificar las cualidades morales en diferentes grados y categorías, que ya hemos tratado, y que no necesito, por tanto, repetir de nuevo.

El tercer medio ofrecido a este propósito por el Islam consiste en la noción distinta que guarda respecto a la idea común de las malas cualidades morales, sustituyendo a la desesperación por una nueva esperanza. Numerosas obras malas son cometidas por la aparente imposibilidad de ser evitadas. Aquellos que mantienen tales ideas entre sus hijos, crean las bases de la depravación moral de las generaciones futuras. El hombre que cree que determinado objetivo es inalcanzable, nunca se esforzará por lograrlo. El pueblo que cree que sus antepasados captaron todos los descubrimientos e invenciones posibles, será incapaz de hacer un hallazgo o invención por sí mismo; y la nación que está convencida no ser capaz de mejorar su condición no lo conseguirá verosímilmente. De igual manera, la persona que piensa que el mal es inherente a ella, y que no es capaz de resistirlo, siéndole imposible alcanzar la perfección moral, establece los medios de su propia destrucción. El Santo Profeta (la paz de Dios sea con él) hizo gran hincapié sobre este punto y prohibió asimismo la pérdida de esperanza. Dijo: "Cuando alguien dice que algunos han perecido, él es quien los hace perecer" (Muslim). Es decir, que ninguna calamidad o desgracia material puede ser tan dañina para el hombre, como la convicción de que la puerta del desarrollo y del progreso se le ha cerrado. La falta de esperanza hace que el hombre evite esforzarse para conseguir el éxito y le conduce a un fracaso y destrucción ciertas. El Islam no apoya la idea de que el hombre pueda verse alguna vez privado de la capacidad de auto-perfeccionamiento y progreso, abriendo así el camino al desarrollo moral.

El Santo Corán dice: "En verdad, hemos creado al hombre y lo hemos elevado de la mejor manera" (Al-Tin v. 5). Es decir, que está dotado con las cualidades más elevadas para el progreso y perfeccionamiento. También dice:

"Y por el alma y su perfec­ción. Él le reveló lo que es malo y lo que es bueno para él” (Al-Shams v. 8-9).

No hay duda que el hombre nace con una naturaleza pura e inmaculada, y por mucho que se hunda en el pecado, su naturaleza conserva parte de su pureza original, de tal forma que si en algún momento se vuelve hacia la virtud, es capaz de abandonar todos sus vicios, todos los cuales son adquiridos, y alcanzar la perfección en la virtud, que le es inherente. Al proclamar esta verdad, el Islam ha alterado totalmente el punto de vista humano respecto al bien y al mal, y le ha ofrecido un nuevo estímulo y esperanza. Las demás religiones, guardan silencio sobre este punto, o representan al hombre en el inicio de su vida cargado con tantos fardos y ante tantos obstáculos que bastan para hundirlo sin el peso adicional de sus propios errores.

El Islam declara que el hombre nace puro. Esto le ayuda a mantener el ánimo e intentar preservar su naturaleza sin mancha. Si cree que nace en estado de pecado, no le importará demasiado la posibilidad de ser algo más pecador de lo que ya es.

Sin embargo, nacer con una naturaleza pura no es suficiente. Antes que el hombre llegue a la madurez de su razón, ha de atravesar un camino rodeado de peligros de los que no es consciente, y las tentaciones y deseos innobles con los que tropieza a veces, manchan la pureza de su naturaleza. De no existir algún método por el cual tales manchas puedan ser borradas, el hombre se sumiría en la desesperación y no haría esfuerzo por retornar a su pureza original. Así pues, para que el desarrollo moral pueda ser posible, la religión ha de proveer los medios para afrontar las máculas del pecado adquirido. El Islam afirma haberlo previsto al abrir al hombre equivocado la puerta del arrepentimiento sincero, que ha sido cerrada por todas las demás religiones. El Islam salva al hombre de la desesperación, y le dice que, a pesar de sus faltas y errores, puede alcanzar aquella pureza de mente y tipo de conducta que son la máxima meta del hombre. Ello le estimula a hacer esfuerzos constantes hacia la virtud y pureza, capacitándole finalmente para llegar a su objetivo.

Algunos imaginan que la doctrina del arrepentimiento, alienta la indulgencia hacia el pecado, puesto que el hombre puede continuar cometiendo faltas en la creencia de que en cualquier momento puede arrepentirse y escapar así de las consecuencias de sus malas acciones. Sin embargo, ninguna persona sensata mantendría tal idea, porque, ¿Cómo se puede estar seguro que conseguirá la oportunidad del arrepentimiento? Además, tal objeción se debe a una falta de noción de la verdadera naturaleza del arrepentimiento. Arrepentirse no es tan sencillo como tal gente imagina. No es factible que el hombre se arrepienta en cualquier momento a su propia voluntad y placer. El arrepentimiento supone una revolución espiritual que cambia totalmente la actitud moral y espiritual del hombre. Significa un remordimiento sincero y permanente de los errores y faltas pasados y una firme resolución de hacer la paz con Dios y reformar la actitud y conducta propias. Esta condición no puede crearse a voluntad. Es consecuencia de un esfuerzo y meditación continuados. En muy raros casos puede ser resultado de una súbita alteración emocional, pero tal sentimiento sólo podría producirse por alguna acción intensa que conmueva los mismos cimientos del ser humano y no creable a su voluntad. Por tanto, el arrepentimiento, no puede alentar la indulgencia en el pecado; es un verdadero medio de crear una reforma. Salva al hombre de la desesperación y le anima a realizar esfuerzos hacia el auto-perfeccionamiento.

La idea de que el arrepentimiento crea incentivos para el pecado se debe a la noción equívoca que existe sobre el mismo, en el sentido de que el arrepentimiento significa simplemente petición de perdón por las faltas propias cometidas.

Sin embargo, esto no es arrepentimiento (Tauba o Istagfar). El arrepentimiento no significa la petición de perdón por las faltas, sino que al contrario, las faltas son perdonadas como resultado del arrepentimiento.

El quinto medio señalado por el Islam para la reforma moral parece, a primera instancia, inconsistente con el cuarto, pero en realidad, es simplemente complementario a él. Se refiere al esfuerzo que el Islam hace para desarraigar las malas influencias de la herencia. Sin duda, el hombre nace con una naturaleza pura, pero en algunas ocasiones hereda de sus padres o antecesores más remotos, determinadas inclinaciones hacia el mal. No es ésta una afirmación contradictoria. Naturaleza e inclinación son dos cosas diferentes. La naturaleza o conciencia siempre es pura.

Incluso el hijo de un ladrón o asesino nace con una naturaleza pura. Pero si los padres poseen una mente malvada, el niño habrá de influenciarse de ello y si posteriormente tropieza con malas situaciones, fácilmente se verá conducido por malos pensamientos, de la misma forma que los hijos de determinados enfermos fácilmente caen presa de las enfermedades que sus padres sufren. Tales inclinaciones y tendencias del niño son consecuencia de los pensamientos que llenan la mente de sus padres en el momento de su unión; el efecto de tales ideas sobre la mente del niño, en la mayoría de los casos, es muy ligero y con frecuencia puede superarse mediante el ambiente y educación. Sin embargo, el Islam ha señalado los medios para transformar incluso tales influencias en instrumentos del bien.

A marido y mujer se les enseña a ofrecer la siguiente plegaria cuando se encuentran juntos: "Protégenos, Oh Señor, a nosotros y a nuestros hijos de los malos pensamientos, malas ideas y malas compañías". Además de su eficacia como oración, la invocación hace surgir una corriente de pensamientos puros en las mentes de los padres, aún cuando éstos no sean habituales en ellos. No solamente el acto de oración, sino también las palabras de esta particular oración, así como la preocupación que la mayoría de la gente siente por el bienestar de sus hijos y el deseo natural de todos los padres de que sus hijos observen una vida pura, se combinan para producir esta acción. Por lo tanto, cuando los padres ofrecen una plegaria por la pureza de sus hijos, sus propias mentes se ven afectadas por ello, sintiéndose inclinadas hacia la pureza y virtud; y, puesto que el hijo es dable a adquirir las ideas que en tal momento mantienen sus verán salvos de las malas influencias que los padres pudieran causar por sus pensamientos previos a la plegaria. El Santo Profeta (la paz de Dios sea con él) dijo: "Los hijos de aquellos padres que ofrecen esta plegaria en el momento de verse juntos, son salvados de las malas influencias que pudieran adquirir de sus progenitores".

El sexto medio que el Islam prevé para el perfeccionamiento moral del hombre consiste en haber ideado caminos para tales pensamientos a fin de que al entrar en la mente del hombre, inciten y estimulen su instinto natural de virtud. Alguno de tales caminos (la plegaria, la adoración, ayuno, recuerdo de Dios...) ya han sido tratados y no necesitan repetirse. Voy a describir, sin embargo, tres de tales más que aún no han sido mencionados.

a) La primera de ellas se menciona en las palabras siguientes del Santo Corán: "¡Oh vosotros, los que creéis! temed a Al-lah y permaneced entre los veraces. (Al-Taubah v. 119). No puede negarse la influencia que el ambiente ejerce sobre el hombre, de tal forma que el hombre que frecuenta la compañía de los virtuosos, habrá de experimentar un cambio rápido y maravilloso en sí mismo, que le conduzca a la virtud y le ayude a borrar malos pensamientos y vicios. El Islam hizo tanto hincapié sobre la influencia de la compañía del hombre sobre sus virtudes, que los musulmanes siempre trataron de frecuentar la compañía de los más virtuosos. Con asiduidad emprendían largos y arduos viajes con este propósito y se alejaban de familiares y seres queridos, logrando, bajo la magnética influencia de tales hombres, alcanzar sus objetivos en un período sorprendentemente corto.

b) El segundo medio para conseguir la perfección moral consiste en el cumplimiento de las leyes relativas a las cosas permitidas y prohibidas. Es realmente sorprendente observar que la humanidad no se ha percatado de la verdad de que la moral del hombre está muy influida por la alimentación que ingiere. Al contrario, las leyes islámicas que regulan la alimentación son criticadas de inútiles. El hecho, sin embargo, de que el tipo de comida de que el hombre se alimenta afecta a su cualidad moral, difícilmente puede ser negado. El Santo Corán declara: "¡Oh vosotros, Mensajeros! comed de las cosas que son puras, y haced buenas obras" (Al-Muminun v. 52). Esta ordenanza está dirigida a Apóstoles y Profetas; pero es regla del Sagrado Corán que cuando se dirige un mandamiento a un Profeta, el mismo está dirigido a sus seguidores. De acuerdo a este principio, el Santo Corán ha creado normas y restricciones relativas a la alimentación que los no musulmanes imaginan son simples asuntos de ceremonia pero que sin embargo encierran un gran significado moral. Es curioso observar que, mientras se admite que las propiedades de los alimentos vegetales y minerales tienen su particular efecto sobre el hombre, tal efecto se niega cuando se trata de animales. Sin embargo, no hay razón por la que el hombre no se vea afectado por las cualidades o hábitos peculiares del animal cuya carne ingiere y estoy convencido de que no está lejano el tiempo en que esta verdad sea aceptada universalmente. Está comprobado que la ingestión de la carne de ciertos animales estimula el nudismo, y que la carne de otros determinados animales incita a vicios y perversiones no naturales. Una investigación más intensa en este sentido confirmará el principio sobre el que se basan las restricciones islámicas respecto a la alimentación. El principio que el Islam establece es que, puesto que el hombre ha de desarrollar todos sus instintos naturales, debe ingerir todo tipo de alimentación excepto la que pueda originarle algún tipo de daño físico, moral o espiritual. Por ello, el Islam ordena que la alimentación sea a base de vegetales y carne, puesto que algunas cualidades morales se desarrollan mediante el consumo de vegetales, y otras mediante el empleo de carne animal en la alimentación. Por ejemplo, el empleo de vegetales desarrolla la humildad, ternura, inteligencia, perseverancia, etc. Por lo tanto, el Islam ha ordenado el empleo de todo tipo de alimento a fin de desarrollar todos los instintos y facultades humanas. El Santo Corán dice:

"¡Oh, hijos de Adán! Cuidad de vuestras galas en cada momento y lugar de adoración, y comed y bebed, pero no superéis los límites; en verdad, Él no ama a quienes superan los límites. Diles: "¿Quién ha prohibido las galas de Al-lah que Él produjo para Sus siervos, y las cosas buenas que Él proporciona? Diles: "Son para los creyentes en la vida actual y exclusivamente para ellos el Día de la Resurrección. Así explicamos los Signos a los hombres que tienen conocimiento". (Al-Araf v.32-33).

Esto, sin embargo, queda sujeto a la restricción de aquellos alimentos que, de manera inadecuada, excitan determinados instintos o que afectan de forma dañina a la salud, a la razón, a la moral o a la fe, los cuales deben ser evitados, pues tal tipo de alimentación se opone con la finalidad de la alimentación. El Corán prohíbe cuatro tipos de alimentos, basándose cada prohibición en un principio diferente. Dice el Santo Corán (Al-Anam v. 146):

"Diles: En lo que me ha sido revelado no encuentro nada prohibido para quien desee comerlo, excepto lo que ha muerto solo, la sangre derramada, la carne de cerdo - porque todo ello es impuro - o lo profano, sobre lo que ha sido invocado un nombre distinto del de Al-lah. Pero para quien se vea empujado por la desesperación, sin ser desobediente ni superar el límite, entonces sepa que tu Señor es ciertamente el Sumo Indulgente, Misericordioso".

Los primeros tres apartados que se mencionan en este versículo son prohibidos por ser dañinos para la salud, y el último, por ser dañino para la fe del hombre. Con respecto a los animales muertos o la sangre, no existe duda de que contienen varios tipos de tóxicos. Además, el animal muerto pudo haber fenecido a causa de enfermedad o envenenamiento, o debido a la acción de otro animal venenoso, por violencia o vejez. En cada uno de los casos, es evidente que su carne no sería adecuada para el consumo. Sólo es adecuada una carne cuando se permite que el animal quede desangrado, pues la sangre contiene sustancias nocivas diversas y es siempre dañina para la salud. La carne de cerdo se prohíbe por motivos similares. Origina un gran número de enfermedades, y es carne de un animal que ama la suciedad y adicto a un hábito antinatural que no se encuentra en otros animales. El empleo de su carne, por lo tanto, es nocivo tanto para la salud como para la moral, pero como sus efectos no son directos ni inmediatos, la gente no ha sabido apreciar el daño que origina. Estoy, sin embargo convencido, de que no es lejano el día en que la carne de cerdo será prohibida como artículo de consumo, y no será frenado el progreso moral del hombre por su uso.

La cuarta prohibición recogida en el versículo anterior se refiere a los animales sacrificados a otras deidades ajenas a Dios. Es obvio que la ingesta de tal alimento destruye el sentimiento de celo que respecto a la Unidad y Honor de Dios, el hombre debe guardar. Por tanto, el empleo de tal tipo de alimento es prohibido por el Islam. Además de esto, se prohíben varios otros animales basándose en similares principios, es decir, a causa de resultar nociva para el cuerpo o la mente, como por ejemplo, la carne de bestias salvajes, aves de presa, animales que viven en la oscuridad o basura y animales que se alimentan de inmundicias, está prohibida. De entre las bebidas, se prohíben el vino, bebidas alcohólicas y otros licores fermentados, pues tienden a alterar la razón y dañar las facultades intelectuales superiores. El Islam reconoce que en contados casos resulta beneficioso el empleo del vino, pero afirma que sus daños superan a sus beneficios y que, por tanto, debe ser evitado.

En resumen, el Islam se adhiere al principio de que la alimentación afecta a la condición moral del hombre y ha impuesto, en consecuencia, restricciones y regulaciones que aseguran a sus seguidores un camino sin obstáculos en su desarrollo moral. Sólo permite el empleo de determinados alimentos en proporciones y cantidades tales, que faciliten el progreso y perfeccionamiento moral.

El tercer camino de desarrollo moral que el Islam recoge, indica que el niño debe estar sometido y rodeado de buenas influencias y condicionantes desde su infancia. El Islam tiene el mérito grandioso de haber insistido enfáticamente sobre este principio. En otras religiones, se cree, en general, que la religión debe regular la conducta del niño cuando éste ha alcanzado una edad de relativa sensatez. Según el Islam las ordenanzas religiosas resultan obligatorias para el niño cuando éste alcanza el uso de razón, pero en asuntos de hábitos y rutina, no se espera que éste sea capaz de cumplir los mandamientos de su fe con facilidad en sus años de mayor edad a menos que haya sido entrenado desde su primera infancia a actuar acorde a los mismos. El Islam, por lo tanto, carga a los padres con el deber de realizar una crianza correcta de sus hijos desde el mismo momento de su nacimiento. Tan pronto como nace un hijo de un musulmán, se le recita en su oído derecho e izquierdo el "Azán" (palabras usadas para convocar a los fieles a la oración) que contiene un extracto de la doctrina del Islam. Esto puede parecer, a primera vista, una pura formalidad, pero sirve a dos importantes propósitos. En primer lugar, recuerda a los padres su deber de iniciar la educación del hijo desde el momento de su nacimiento. Los padres que se percaten del significado de esta enseñanza islámica, observan cuidadosamente que el niño aprenda los hábitos de la virtud y disciplina desde su infancia. No se espera que reciten el "Azán" en su oído cuando nazca y que olviden su instrucción hasta el momento en que el niño haya madurado. El entendimiento del niño crece y se fortalece día a día y a medida que crece más, mayor es la necesidad de instrucción que precisa. En segundo lugar, la ordenanza que prescribe que le sea recitado el "Azán" en sus oídos en el momento del nacimiento del niño, quiere indicar que la razón del niño crece con rapidez desde el instante del nacimiento y que no alcanza la madurez total en ningún momento determinado. La madurez integral es el resultado de la suma de las impresiones que el niño ha acumulado desde que nació. Ni una sola impresión queda perdida ni olvidada completamente. La impresión en sí misma puede ser olvidada pero deja tras sí una huella de madurez y desarrollo intelectual.

Esto se ve confirmado por la experiencia. Existen casos de crisis nerviosas, durante las cuales las personas articularon frases y sentencias en lenguas que ignoraban totalmente. Al investigar al respecto, se averiguó que tales frases y palabras fueron escuchadas por ellas durante su infancia, cuando aún se encontraban en la cuna, y las retuvieron en algún rincón de su cerebro. Cuando el consciente se vio afectado por la crisis nerviosa, el subconsciente se liberó, reviviendo impresiones antiguas. En resumen, esta ordenanza islámica está basada en una profunda sabiduría y es enormemente útil en la instrucción moral del hombre.

El séptimo medio que el Islam enseña para el desarrollo moral del hombre, se refiere a los senderos por los que el pecado entra en la mente humana. Ya afirmé anteriormente que, según el Islam, el mal es extraño al hombre y le llega desde el exterior. La naturaleza humana es pura, ama la virtud y aborrece el pecado. Cada persona, sin distinción de clase ni credo, nace con esta naturaleza pura; pero por sí misma no es suficiente para protegerle contra el mal. Es función de la razón señalar lo que es bueno y lo que es malo, y el juicio de la razón se basa en la información que a través de los sentidos es recibida. Por lo tanto, cuando la influencia exterior que el hombre recibe encierra un error, el juicio de la persona puede verse afectado para decidir si un acto o modo de conducta particular es bueno o malo, y tal error se traducirá en una conciencia equivocada que considere bueno lo que es malo o viceversa. En consecuencia, le reprobará necesario que todas las malas influencias a que el hombre pueda estar sometido sean frenadas o eliminadas. Todas las tentaciones súbitas que llevan al hombre a cometer el mal, son también externas, y es también necesario poner fin a las mismas para capacitar al hombre para ejercer un completo control sobre su conducta. El hombre que, por ejemplo, es adicto a la bebida, sucumbe a la tentación cuando observa a otros bebiendo, o ve artículos relacionados con la bebida que le recuerdan los instantes u ocasiones en los que acostumbra a beber.

Si esta persona se ve alejada de aquellos lugares donde puede obtener la bebida o recordar su hábito, y si las cosas que se lo pueden hacer recordar se le apartan de su camino, conseguirá recuperar en breve tiempo el poder de autocontrol y podrá despojarse completamente del vicio de la bebida.

Manteniendo en vista este principio, el Islam ha establecido una serie de normas, por las cuales, los senderos por los que malos pensamientos y vicios pueden penetrar en la mente humana, se ven ocluidos. No deja de sorprender, sin embargo, que la gran realidad psicológica en la que el Islam ha basado las normas que han añadido un complemento esencial al grado de deuda moral e intelectual que el mundo le debe, ha provocado una oposición feroz hacia el Islam, no recibiendo consideración adecuada siquiera por parte de aquéllos que aprecian el valor de las cosas por el rasero de la razón.

Es difícil explicar aquí en detalle las enseñanzas del Islam que conciernen a aquellos aspectos que incitan al hombre a cometer el mal o error. Me limitaré por lo tanto a mencionar algunos ejemplos a título de ilustración.

Me referiré en primer lugar a aquellas ordenanzas que tratan de la castidad. El Islam no dice simplemente, como las demás religiones, "no incurras en adulterio", porque no es necesario confirmar que el adulterio es un pecado. La cuestión es cómo podemos evitar caer en este pecado. El Islam declara que podremos lograr evitar cometer este pecado cerrando las puertas por las que la tentación de cometerlo puede entrar, es decir, las puertas de la vista, oído y tacto. Cuando el hombre observa a una persona hermosa, escucha una voz dulce o seductora o acaricia un cuerpo suave o armonioso, sintiéndose gratificado con lo que ve, toca o escucha, se ve atraído hacia ella. Esto le puede conducir a lo que todo el mundo condena como veneno peligroso para la sociedad y moral. El Santo Corán dice: "Di a los hombres creyentes que recaten su mirada y guarden sus partes privadas. Esto es más puro para ellos. En verdad, Al-lah sabe perfectamente lo que hacéis. Y di a las mujeres creyentes que recaten su mirada y conserven sus partes privadas, y no revelen sus adornos, excepto lo que sea visible de ellos, y coloquen sus velos sobre sus pechos, y no muestren su belleza más que a sus maridos, o sus padres, o los padres de sus maridos o sus hijos, o los hijos de sus maridos, o sus hermanos, o los hijos de sus hermanos, o los hijos de sus hermanas o sus mujeres, o lo que poseen sus diestras o aquéllos de los criados varones que estén más allá del deseo sexual, o a los niños que no tienen conocimiento de las partes ocultas de las mujeres. Y que no agiten sus pies de manera que pueda mostrarse lo que ocultan sus adornos. Y volveos todos juntos a Al-lah, Oh creyentes, para que triunféis." (Al-Nur v. 31-32).

Estos versículos ordenan al hombre y mujer cerrar todas las vías por las que pensamientos pecaminosos y apasionados entran en la mente. Una de tales vías es la mirada, y a los creyentes se les dice que bajen la misma. Otra de ellas es el oído y se dice a los fieles que hombres y mujeres no deben escuchar voces ajenas en forma de canciones y alborozo, etc., y no oír relatos respecto de la belleza de los demás. También se les prohíbe se toquen a menos exista una legítima necesidad de hacerlo. A las mujeres se les dice que deben cubrir su cuerpo y cara cuando salgan al exterior; es decir, el cuello, cabeza y aquellas zonas del rostro que no son necesarias sean expuestas para poder mirar o respirar. Ninguna persona que considere estas normas con la mente libre de prejuicios y recelo, puede dejar de admirar su sabiduría, pues eliminan toda posibilidad del mal que resulta de las relaciones intersexuales. Estas ordenanzas pueden sonar extrañas en oídos de gente occidental, pero se debe únicamente al hábito y costumbre, pues no es difícil en absoluto llevarlo a cabo en la práctica. El Islam no confina, de ninguna forma a la mujer a las cuatro paredes de la casa, como se piensa, en general. La historia primitiva del Islam nos muestra cómo las mujeres acompañaban a los hombres al campo de la batalla, cuidaban de los enfermos y heridos, cabalgaban y aprendían de los hombres artes y ciencias, instruyendo así mismo a otros hombres. En resumen, disfrutaban de toda libertad beneficiosa. Todo lo que se les exigía era cubrir su cuello, cabeza y rostro cuando salían al exterior de sus casas, o portar velos, a fin de salvaguardar todas las vías por las que los malos pensamientos pudieran surgir en sus mentes. Confinar a las mujeres en sus hogares y alejarlas de todas las metas intelectuales, no forma parte de las enseñanzas del Islam y no fue el modo de conducta de los musulmanes durante varios siglos.

El "pardah" o "hijab" que prevalece en la actualidad entre los musulmanes de la mayoría de los países está basado en consideraciones políticas. Como el precio del honor femenino se calcula monetariamente en algunos países, lo que constituye un insulto vergonzoso para el sexo femenino, los musulmanes que habitaban en tales países, con el fin de proteger de manera eficaz la honra de sus mujeres, se impusieron voluntariamente determinadas restricciones sobre sus movimientos, que no fueron impuestos por el Islam.

He escuchado en ocasiones que las ordenanzas islámicas relativas a la salvaguarda de la castidad, suponen un insulto a la mujer. Es verdaderamente sorprendente, pues el hecho de que la mujer cubra su cabeza y rostro, evita la necesidad de que los hombres hayan de bajar sus miradas en la calle y entre multitudes, siendo la norma primaria, bajar la mirada; que se aplica por igual a mujeres y hombres. El insulto, de existir, afectaría a la vez a hombres y mujeres. Se suele decir entonces que por qué se exige que cubran sus rostros las mujeres y no se pide lo mismo a los hombres. La respuesta consiste en que el Islam diferencia las funciones del hombre y la mujer. La tarea primaria de la mujer es el cuidado y la crianza de las generaciones futuras y es función del hombre proveer los medios para tal crianza e instrucción. A fin de que el hombre pueda desempeñar adecuadamente su función ha de pasar la mayor parte de su tiempo en las calles y en otros lugares públicos; al contrario, la esfera de acción propia de la mujer es el hogar. El Islam otorga a ambos libertad de acción en el ámbito de sus respectivas esferas, y establece restricciones sobre la libertad de cada uno en el ámbito del otro. Los hombres han de obtener permiso antes de entrar en una casa, pues tal es el lugar en que las mujeres se encuentran libres. Las mujeres no han de pedir permiso a los hombres cuando desean salir al exterior pero deben tomar las precauciones descritas antes, debido a que el Islam reconoce que la mujer puede tener una legítima ocupación fuera del hogar y puede, por tanto, abandonar el mismo sin necesidad de pedir permiso. Sin embargo, un hombre no puede realizar una tarea necesaria en el interior del hogar de otro, sin permiso de las mujeres que lo ocupan, y por ello existe una restricción adicional que sobre él pesa, es decir, que no puede entrar en el interior sin pedir permiso. No hay lugar, por tanto, para el insulto al hombre o a la mujer, en tales restricciones. Al contrario, son medios brillantes de perfeccionamiento moral y sólo son vistos con desagrado o rechazados por causa del hábito y costumbres. Existen ejemplos de mujeres occidentales que han adoptado el "pardah" o "hijab" y que no encuentran incomodidad o molestia en el mismo, salvo un sentimiento de extrañeza o timidez - totalmente comprensible - en los primeros días.

La norma que ordena la moderación, es otro ejemplo de las ordenanzas islámicas destinadas a prevenir el mal o el pecado. Es obvio que un intento de suprimir todos los instintos naturales a la vez, tiende a rebelar a tales instintos. Son como un río que en ocasiones se desborda. En tales momentos el agua sobrante puede emplearse con fines de irrigación a través de canales y tuberías, de forma que si intentamos confinar el agua a los márgenes primitivos del río, éste se desbordaría y originaría una gran devastación en las tierras circundantes. Por lo tanto, el Islam ordena la moderación en todos los aspectos y condena la supresión total de los instintos naturales que pueden conducir a un desbordamiento moral y devastación consecuente. Por ejemplo, el celibato, como penitencia que intenta suprimir un instinto natural, siempre encierra el riesgo de ser sobrepasado por una pasión súbita que lo conduzca al pecado. Así mismo, el hombre que derrocha su fortuna y no guarda nada para su mujer y sus hijos, puede verse reducido a la condición mísera de un mendigo para poder atender a sus propias necesidades y las de aquéllos que de él dependen, o peor aún, puede convertirse en un ladrón o ratero y de esta forma, en lugar de reformarse, caer en un mal grave. Por lo tanto, cuando el Islam dice: "Y así os convertimos en un pueblo moderado en todas las cosas" (Al-Baqarah v. 144) cierra las puertas a todas las consecuencias derivadas de los excesos.

El hábito y costumbres son otra fuente del mal y pecado. Las personas en ocasiones se sienten impelidas a cometer un mal con el fin de encontrar los medios por los que satisfacer un hábito o conformar una costumbre. Por ejemplo, las maneras o costumbres de un país determinado, exigen que el hombre vista conforme a un estilo particular y, no poseyendo los medios de satisfacer esta ley social no escrita, puede sentirse obligado a adoptar medios no legales para conseguir el dinero suficiente para cumplir tal costumbre. El Islam ha abolido tales hábitos y costumbres. Prohíbe, por ejemplo, en la comida y bebida, el empleo de todo lo que puede crear un hábito y esclavizar al hombre - vinos, licores, estimulantes, etc. -. Describe a los hábitos como cadenas que son necesarios cortar.

Respecto a muchas de las costumbres, el Islam dice que son una carga a la que los hombres se ven sometidos por miedo a no incurrir en el ridículo, a pesar de que se trate, a menudo, de una carga muy difícil de soportar, ya que se espera sea cumplida por igual por parte del rico y el pobre, el endeudado y el que dispone de medios. Ciertas costumbres mueven a la gente a cometer faltas y crímenes en un esfuerzo para preservar una dignidad ficticia ante los ojos de sus a pares iguales. Destruyen así sus almas en el afán de conservar apariencias externas.

El Santo Corán describe uno de los objetivos de la venida del Santo Profeta (la paz de Dios sea con él) de la siguiente forma: "Quienes siguen al Mensajero, el Profeta, el Iletrado a quien encuentran mencionados en la Torah y en el Evangelio que están con ellos. (Es decir, es el Portador de una Ley Perfecta). Él les ordena el bien y les prohíbe el mal, y hace lícitas para ellos las cosas buenas e ilícitas las cosas malas (es decir, que las ordenanzas de la ley no son arbitrarias, sino que son designadas para promover el bienestar del hombre y protegerle de todo daño), retirando de ellos las cargas y los grilletes que los aprisionaban. (Es decir, les aliviará de las costumbres sociales inútiles y les librará del yugo de los malos hábitos)". (Al-Araf v. 158)

Como evidencia de lo anterior puede citarse el acatamiento de una prohibición absoluta, por parte de los árabes, que eran en su conjunto de nación, esclavos de la bebida. Bastó para este acatamiento una simple ordenanza islámica prohibiendo el empleo del licor, y el resultado fue tan instantáneo y completo, que los árabes se transformaron en un solo día de empedernidos bebedores en un pueblo de abstemios, y, desde entonces, nunca el vino se ha convertido en bebida nacional. La ciencia ha demostrado hoy de manera tajante los efectos nocivos de la bebida y toda la profesión médica se opone a la ingestión de licor; y a pesar de ello, algunos de los países más civilizados y sus gobiernos han fracasado en la ejecución de una prohibición total de su empleo. En resumen, los hábitos y muchas costumbres son responsables de un gran número de males y pecados. El Islam, ha prestado un servicio inmenso a la humanidad al liberar a los musulmanes del yugo de cualquiera de tales hábitos y costumbres.

Lo que he tratado respecto a las enseñanzas morales del Islam, lo hice únicamente a título de ejemplo. Confío, sin embargo, que será de utilidad para dar una idea del carácter y significado de tales enseñanzas.

 

(Del libro "Ahmadiat o el verdadero Islam)

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