La Vida Después de la Muerte

Hazrat Mirza Bashirud Din Mahmud Ahmad (II Jalifa de la Comunidad Ahmadía del Islam)

 
 
 
 
 
 
 

LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE

   Voy a tratar del cuarto objeto de la religión, que se refiere a la vida tras la muerte. Desde la creación del hombre, la cuestión que más ha atraído la atención de la humanidad, tras el problema de la existencia de Dios, es el de la vida después de la muerte. La religión que es incapaz de aportar luz sobre esta materia es similar a un cuerpo sin alma.

   El Islam otorga una trascendental importancia a esta cuestión, hasta el punto de que los seguidores de las demás religiones han convertido la insistencia islámica en este asunto, en campo de ataques y críticas contra la misma.

   Sin embargo, la cuestión exige una consideración cuidadosa. Es obvio que no se puede alcanzar una apreciación real de la misma, en ausencia de la guía de la revelación, ya que el ser que vive en este mundo, no puede con el empleo de sus propias facultades, descubrir las condiciones de vida tras la tumba. Únicamente, el Ser Omnisapiente ante cuyos ojos nada está oculto y para Quien este mundo y el otro se extiende delante de su mirada como un espejo, puede ofrecer una descripción verdadera de la vida tras la muerte. Quienes intentaron descubrir las condiciones de la otra vida solamente mediante el ejercicio de la razón, cayeron en peligrosos errores y sus esfuerzos hicieron nacer malas interpretaciones sobre el tema. Algunos negaron totalmente que existiera vida después de la muerte; otros la representan como una mera copia de la presente existencia y unos terceros, afirman que el alma regresa a este mundo para ser adecuadamente recompensada por su conducta anterior. En resumen, cada uno tiene su propia teoría con respecto a lo que ha de acontecer al alma después de la muerte. El Mesías Prometido, sin embargo, nos ha dado un conocimiento real de las condiciones que gobiernan la existencia del alma después de la muerte, que satisface completamente la razón y se ve apoyada enfáticamente por nuestros instintos y la ley de la naturaleza. A quienes se concede una visión interna más completa y una conciencia personal de estas materias en la vida presente, pueden dar testimonios, por experiencia propia, de la verdad de las enseñanzas del Mesías Prometido y, alcanzar la condición de certeza perfecta respecto a ello. La realidad, es que, al igual que en los demás apartados de la religión, el Mesías Prometido nos ha revelado las enseñanzas del Islam en una nueva luz y, diríamos que nos ha descubierto verdades ocultas y secretos espirituales maravillosos ante nuestros ojos. Puesto que la vida después de la muerte está enteramente oculta de la vista de la humanidad, no es posible explicar su condición sin entrar en una exposición detallada, no siendo posible ésta en el breve espacio de los límites de este libro. Voy a limitarme por ello, a describir el bosquejo esencial del tema, con la esperanza de que quienes deseen conseguir una apreciación más completa del tema, investiguen en sus detalles.

   La primera cuestión con que nos enfrentamos al tratar el tema, consiste en saber cuál es la naturaleza del alma humana. Las enseñanzas islámicas dicen que el alma tiene una existencia definida y que es el medio por el que el hombre adquiere conocimiento y percepción de las cosas que no son susceptibles de ser captadas por los sentidos externos. Es el centro de la relación entre el hombre y Dios y es el asiento de la Gloria divina. Su relación con el cuerpo es extremadamente fina y sutil y no puede compararse con ningún otro tipo de relación conocida. Controla la acción de los sentidos externos a través de su conexión con la facultad pensante del cerebro y la facultad emocional del corazón. Por tanto, se ve afectada de manera más intensa por pensamientos y sentimientos que por su manifestación real en actos externos. Científicos y psicólogos han fracasado siempre al intentar descubrir la relación entre alma y corazón, pero quienes poseen una experiencia otorgada sobre estos asuntos, son conscientes de que existe una delicada relación entre el alma y el corazón que tiene su cauce a través de medios ocultos hasta la mente – como el aceite viaja a través de una mecha -  y se manifiesta por la acción de los nervios que nacen del cerebro. De hecho, la creencia en Dios y en Sus atributos, conduce necesariamente a la conclusión de que al alma no muere nunca.

   ¿Podemos, por un momento, suponer que Dios creó este sistema delicado y perfecto del universo y todo lo que en él existe, para el servicio del hombre, simplemente para que el hombre pueda alimentarse y explorar los secretos de la naturaleza durante el breve espacio de seis u ocho decenios y pase después de la oscuridad y a la nada? La razón rechaza tal idea y la naturaleza humana se aparta de la misma.

   El hecho de que exista un Universo exige que la vida humana tenga un propósito mayor que el mero comer y beber y desarrollar una existencia más o menos circunscrita en este mundo. El Islam enseña que al hombre se le ha otorgado una vida eterna y que los caminos del progreso eterno le han sido abiertos. En el capítulo titulado Al-Muminun, el Santo Corán habla de la creación de los Cielos y de la Tierra y del origen de la estructura del Universo y describe los poderes y facultades que le han sido concedidos al hombre, preguntando a continuación si el hombre puede concebir que toda su existencia se halle confinada a esta vida y no exista vida después de la muerte. Dice:

   “¿Pensasteis entonces que os habíamos creado sin ninguna finalidad, y que no seríais devueltos a Nosotros? Exaltado sea pues Al-lah, el Verdadero Soberano. No hay otro Dios sino Él, el Señor del Trono, Glorioso” (v. 116-117).

   No puede imaginarse que Dios no sea el Creador del Universo, o que lo haya creado sin propósito alguno.

   El Santo Corán enseña que al alma no es importada al cuerpo desde fuera, sino que crece en el cuerpo a medida que éste se desarrolla en la matriz. Es una esencia que destila del cuerpo a lo largo de un proceso lento, de igual forma como la cerveza destila de la cebada. No tiene en un principio una existencia separada del cuerpo, sino que a través de las etapas por las que transcurre el desarrollo del cuerpo en el seno materno, se destila del mismo cuerpo una esencia sutil que denominamos alma. Tan pronto como la relación entre el cuerpo y el alma queda perfectamente ajustada, el corazón inicia su funcionamiento y el cuerpo cobra vida. A partir de entonces, el alma posee una existencia distinta propia, separada del cuerpo, el cual le sirve de envoltura.

   El Islam enseña, por tanto, que el alma es creada y surge a la existencia durante el período de gestación. Por otra parte, una vez que el alma es creada es indestructible y, posee un período ilimitado de tiempo para su desarrollo. La muerte es simplemente la separación del alma del cuerpo, que origina el fin de la función del corazón y la inutilidad del cuerpo.

   Según el Islam, el alma manifiesta sus cualidades siempre a través del cuerpo, de forma que cuando el cuerpo deja de ser adecuado para su propósito, al alma lo abandona. La muerte es, pues, el abandono del cuerpo por parte del alma. Cuando decimos de alguien que ha muerto, significamos simplemente que su alma ha abandonado su cuerpo, pero el alma no muere y continúa viviendo siempre. Por lo tanto, el Islam enseña que existe una vida después de la muerte y que tal vida es una continuación de la desarrollada en la Tierra. No existe un solo intervalo en el que el alma humana permanezca en un estado de inactividad o suspense, siendo reavivada a continuación y confinada a un lugar, agradable o desagradable según sus merecimientos. El alma humana posee facultades inherentes que rechazan la insinuación de un estado de inactividad; le ha sido concedida una existencia permanente, que se ve asegurada por el atributo divino expresado por el término Qayyum, es decir, el sostenedor de la vida. La muerte como dije, es simplemente la transición del alma de una forma de existencia a otra y, el Santo Corán nos dice que tal transición es fundamental para la perfección del alma. La constitución del hombre le hace posible que, cuando adquiere un conocimiento completo sobre algo, queda a salvo de los errores concernientes a tal hecho. Por otro lado, cuando algo queda completamente claro y manifiesto, el hombre deja de merecer cualquier tipo de compensación respecto a ello. Por ejemplo, nadie es merecedor de nada por creer en la existencia del sol a mediodía, o por creer en la existencia del día y de la noche. Recompensamos al estudiante que resuelve cuestiones y honramos al hombre que descubre secretos ocultos de la naturaleza. La recompensa y la alabanza, son, por tanto, los merecimientos de quienes se esfuerzan en descubrir nuevas verdades y secretos ocultos. No existe mérito en hacer y pensar lo que es simplemente obvio. Si todo el terreno del progreso espiritual hubiera sido abierto al hombre en este mismo mundo y las recompensas y castigos espirituales se hubieran hecho manifiestos aquí, las siguientes generaciones, observando los premios ganados por los virtuosos y el castigo merecido por los rebeldes, habrían desarrollado una fe tan certera en la existencia de Dios y en la verdad de los Profetas, que no les sería posible ganar compensaciones a través de pruebas y vicisitudes. Era necesario, por tanto, que la fe y sus  frutos sólo se manifestaran parcialmente en este mundo, de forma que quien se esfuerce en el camino de Dios quede distinguido claramente de quien se consagra totalmente a los placeres del mundo y, cada cual sea recompensado o castigado acorde a su capacidad y acciones.

   La muerte sirve al propósito de mantener ocultas las consecuencias de las acciones humanas y permite al hombre alcanzar la verdad tras un proceso de razonamiento, deliberación y actuación en el temor de Dios. Le capacita para crear un espíritu de libertad que de otra manera carecería.

   Otra finalidad de la muerte consiste en capacitar al hombre a desarrollar sus cualidades más sutiles. El cuerpo humano es demasiado denso para captar los aspectos más finos del espíritu y del Universo. Su separación del cuerpo, permite al alma humana ser sensible a determinados aspectos que son esenciales para su progreso sin fin. Tan pronto como abandona el cuerpo, comienza de inmediato un nuevo camino de progreso, sin ser el prisionero de una celda oscura que aguarda el resultado de su prueba. Esta concepción errónea es el resultado de la teoría de que la vida es como un curso de estudios con un examen final, de forma que al igual que existe un lapso de tiempo entre el examen y en anuncio del resultado, se imagina que existe un intervalo similar entre esta vida y el Día del Juicio, que es el día en que se anuncia el resultado. Aunque es cierto que esta vida es una prueba, no tiene el carácter de un examen universitario ordinario, que nos es familiar; sino que es más análogo a las leyes de la naturaleza. El Islam ha establecido una comparación entre la vida después de la muerte y la vida del hombre en sus etapas más primarias. Igual que el niño se desarrolla de la esperma en el vientre materno y, después del nacimiento atraviesa una etapa de debilidad y desamparo en la que empieza a adaptarse a las condiciones de la vida, de la misma forma, tras la muerte, el alma humana atraviesa por etapas y experiencias distintas.

   El Santo Corán emplea los mismos términos para describir las etapas por las que el alma humana pasa de forma inmediata a la muerte, que los empleados en el desarrollo dentro del seno materno. Así, la primera etapa por la que pasa el alma después de la muerte, es la etapa de embrión, en la cual, al igual que el niño, lleva a cabo un desarrollo similar al que se efectúa en este mundo. Al llegar a cierta etapa de desarrollo, igual que el embrión desarrolla un alma, el alma humana después de pasar por determinadas experiencias tras la muerte, desarrolla un alma nueva que posee facultades y percepciones más elevadas y finas que el alma de la cual emana. El alma antigua sirve a esta nueva alma de cuerpo y, el hombre es capaz de percibir a través de estos nuevos sentidos físicos, cosas que sólo podía percibir a través del alma; puesto que el cuerpo nuevo con el que el hombre es investido, posee una sensibilidad de percepción similar a la del alma en este mundo. En realidad, se trata de la misma alma en una conformación nueva.

   A continuación comienza un nuevo proceso que puede compararse a la etapa de nacimiento del niño. Se denomina resurrección del cuerpo y significa que el hombre posee un nuevo cuerpo y un alma nueva que le permiten vivir la nueva vida que surge ante él. De forma similar al niño, que acaba poseyendo un cuerpo y un alma en el seno materno. En ese momento, el hombre emerge del útero, es decir, de la tumba.

   La etapa siguiente se denomina el Día de la Resurrección y se puede comparar a la infancia. En la misma, el alma adapta su razón y conocimiento a su nuevo entorno. El alma se encuentra mejor desarrollada que en el momento en que emergió de la tumba, pero sólo se perfecciona mediante las experiencias necesarias, al cabo de las cuales se asemeja a una situación de plena juventud, completamente preparada para experimentar los distintos aspectos de la nueva vida. Al final de este período que se conoce con el nombre de Juicio Final, el hombre se ve remontado a una condición de existencia expresada en términos de Cielo e Infierno.

   A lo largo de estas tres etapas, el hombre experimenta placer o dolor de acuerdo a su desarrollo espiritual; es decir, es consciente de las alegrías del Cielo o del dolor del Infierno incluso durante este período de gestación, el período de infancia, y, finalmente, después del período de total desarrollo. Únicamente, es imperfecta o menos completa tal conciencia durante las dos primeras etapas, siendo perfecta en la última. En la misma, la conciencia humana del placer y del dolor es completa y a esta situación se denomina Cielo o Infierno. Esta etapa es para largo tiempo.

   No existe intervalo entre la muerte y la experiencia del placer o dolor. Únicamente, ocurre que el alma,  en su esfuerzo por adaptarse y ajustarse a las nuevas condiciones de vida, ha de pasar a través de dos estados preparatorios que son inferiores y menos perfectos que la situación final. El alma humana avanza continuamente y pasa de una situación a otra superior. El Santo Corán dice:

   “Aquellos a quienes los ángeles causarán la muerte mientras son puros. Dirán: “¡La paz sea con vosotros! Entrad en el Cielo por lo que solíais hacer”. (Al-Nahl, v. 33).

   El Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) dijo: “La tumba puede convertirse en jardín del Paraíso o foso del Infierno.

   Ello muestra que el alma continúa viva permanentemente e, inmediatamente después de la muerte, inicia el camino que ha creado con sus obras. La tradición antes mencionada, emplea la palabra “tumba”. No significa, sin embargo, el foso terreno donde es depositado el cuerpo tras la muerte física; significa la morada donde el alma habita tras la muerte. El Santo Corán dice:

   “Luego lo hace morir y le asigna una tumba.” (Abasa, v. 22).

   Es obvio, sin embargo que no toda persona es depositada en un sepulcro; algunos son incinerados, otros mueren devorados por bestias salvajes y otros encuentran su lugar de reposo final en el mar. El sepulcro significa la tumba donde se aloja el alma y no el lugar donde va a parar un cuerpo sin vida para permanecer y cumplir la ley inmutable de la putrefacción.

NATURALEZA DE LAS RECOMPENSAS Y CASTIGOS DE LA VIDA TRAS LA MUERTE

   Voy a tratar de explicar a continuación si las recompensas o castigos de la vida que sigue a la muerte son físicos o espirituales. El Islam dice que tienen parte de ambos. Son físicos en el sentido de que el alma desarrolla un nuevo cuerpo en la vida futura y los placeres y dolores de aquella vida, son susceptibles de ser experimentados y sentidos por ese cuerpo de la misma manera que las cosas de este mundo son sentidas y experimentadas por nuestros sentidos físicos. Serán espirituales en el sentido de que no participan de la naturaleza material de las cosas de este mundo, pues el objeto de trasladar al alma de este mundo al siguiente, consiste en capacitarla para que adquiera ciertas percepciones más sutiles, gracias a las cuales pueda ser consciente de determinados conceptos que no son asequibles a nuestro vasto cuerpo físico. Se deduce, por lo tanto, que las cosas del otro mundo han de poseer una naturaleza distinta a la que acostumbramos conocer en éste. Si hubiéramos de ser alimentados de leche, miel o frutos similares a los de la tierra y, el fuego o humo del otro mundo no fueran diferentes de los de éste, no tendría significado la separación del alma del cuerpo. Se nos permitiría transportar nuestros cuerpos físicos consigo. Ya hemos aclarado que los cuerpos que poseeremos en el mundo próximo serán de la misma naturaleza que la del alma en esta vida. ¿Cómo sería posible que la leche y miel de este mundo fueran los alimentos de tales cuerpos y, que las penalidades y castigos fueran de la naturaleza del fuego y el agua hirviente físicos? ¿Pueden acaso nuestras almas emplear el fuego, el agua y los frutos de este mundo, de forma que también los puedan emplear en el próximo? Por ello, no es correcto afirmar que el dolor o placer que el hombre sufre en esta vida será de la misma naturaleza que los que sufrirá en la vida próxima. Por otro lado, las cosas del mundo próximo, aunque no son materiales, asumirán formas espirituales sutiles y aparecerán materializadas ante el hombre – cosas malas ante los hombres malos y cosas buenas ante los buenos -. La conciencia y percepción de la vida no puede ser perfecta hasta que las cosas más sutiles se vean investidas de un correspondiente cuerpo o forma igualmente sutil. Cada alma necesita un cuerpo: el alma tosca, un cuerpo tosco; el alma sensible, uno delicado. Puesto que cada alma recibirá un cuerpo en la próxima vida, las cosas de aquel mundo serán perceptibles a los sentidos externos de tal cuerpo, de la misma manera en que las cosas de este mundo son perceptibles aquí por nuestros sentidos físicos. Sin embargo, dado que tal cuerpo será de una naturaleza espiritual, los hechos “materiales” o personificados del mundo próximo, serán espirituales también.

   Igual que en este mundo existen condiciones espirituales añadidas a condiciones físicas, así, para el alma nueva creada y más sublime del mundo próximo, existirán condiciones espirituales que serán superiores a las condiciones espirituales de este mundo. De igual manera que en este mundo el placer y el dolor son a la vez físicos y espirituales, así, en el mundo próximo, los castigos y recompensas no sólo serán físicos, sino también espirituales. No obstante, las condiciones de vida de la existencia futura serán de categoría superior a las de esta existencia, en tanto en cuanto las condiciones físicas de la vida futura corresponderán a las condiciones espirituales de la vida presente; siendo aún superiores las situaciones espirituales de la vida venidera. Ciertamente, el Santo Corán habla de fuego (tormentos), frío, etc., al describir las cosas con las que el hombre será castigado en la vida futura; y de sombras, arroyos de agua, leche y miel, como recompensas de la otra vida; sin embargo, dice al mismo tiempo:

   “No hay alma que sepa la alegría para los ojos que se les mantiene reservada como recompensa por sus buenas obras” (Al-Salldah, v. 18).

   Al tratar de las bendiciones de la vida futura, el Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) dijo: “Ningún ojo les ha visto, ningún oído les escuchó ni la mente humana puede formar un concepto de las mismas”. Si las bendiciones de la vida venidera fueran de la misma naturaleza de los dones que Dios nos ha otorgado en este mundo, seríamos capaces de concebir una idea de las mismas, por grande que fuera su excelencia. Sin embargo, las palabras del Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) muestran que los dones de la vida futura serán bastante diferentes de los goces de la vida presente. Lo mismo ocurre con la naturaleza del dolor y castigos de la vida próxima. El Santo Corán dice, que cuando los frutos del Paraíso sean mostrados a sus moradores, éstos dirán: “Esto es lo que se nos había dado antes” (Al-Baqarah, v. 26). También, refiriéndose a lo que éstos dirán, el Santo Corán dice: “Y les entregarán dones muy similares” (Al-Baqarah, v. 26). Es decir, que tales cosas no serán de este mundo, pero asemejarán serlo en su apariencia externa. El hecho es, que aunque el alma no emplea cosas materiales como lo hace el cuerpo, participa sin embargo del placer y del dolor que el cuerpo experimenta; y puesto que el alma está acostumbrada a las experiencias de esta vida y, con el fin de realizar la experiencia completa del placer o del dolor, las cosas de la vida futura asumirán la forma de las cosas de esta vida.

   Para permitirnos conocer, en cierta medida, las condiciones espirituales de la vida futura, el Santo Corán cita un ejemplo que nos ayuda a conseguirlo. Dice:

   “Al-lah se lleva las almas de los seres humanos en el momento de su muerte; y durante su sueño las de los que aún no han muerto. Y después retiene las de aquellos cuya muerte ha decretado y devuelve a las otras hasta el plazo fijado. Aquí hay ciertamente Signos para las gentes que reflexionan”. (Al-Zumar, v. 43).

   Es decir, la conexión existente entre el alma y el cuerpo deja de existir temporalmente, separándose ambos parcialmente, durante el sueño fisiológico y las condiciones de la vida después de la muerte, pueden comprenderse de manera análoga. Puesto que esta separación durante el sueño es temporal, el alma retiene su unión con el cerebro, gracias a lo cual el hombre es capaz de recordar lo que el alma experimenta en el lapso de tiempo en el que se encuentra separada del cuerpo.

   El Santo Corán dice: “En ello hay signos para quienes reflexionan”; es decir, el hombre puede beneficiarse del estudio de esta situación, pues puede comprender la naturaleza y acciones del alma y su situación tras la muerte. Durante el sueño, el cuerpo reposa plácidamente en la cama y, sin embargo, el sujeto se ve a sí mismo en formas y lugares diferentes. Las cosas que ve en el sueño poseen cuerpos y formas propias de objetos materiales y algunas veces, de forma tan perfecta, que dejan evidencia de su naturaleza física sobre el cuerpo del hombre; hecho bien conocido por quienes lo han experimentado. Yo lo he experimentado en numerosas ocasiones.

   Cierta vez, me encontraba ayunando y comencé a sentir una gran sed. Cuando ésta se me hizo intolerable, recé a Dios y, como resultado de mi oración, entré en un estado de sueño superficial en el cual sentí que algo era introducido en mi boca que hacía desaparecer mi sed. Este estado duró apenas un segundo, pero mi sed desapareció y sentí como si hubiera bebido hasta saciarme. El Mesías Prometido, también ha referido numerosas experiencias similares propias. En una ocasión, en estado de completa vigilia, vio a Jesús de Nazaret en su cuerpo espiritual y, pronunció con él un largo sermón, acerca de las corrupciones que se habían introducido en el cristianismo y la forma en que éstas deberían desaparecer. En otra ocasión, incluso llegó a comer en su compañía. Quienes son extraños a tales hechos, tales experiencias pueden parecerles simples desvaríos mentales, sin más valor que meras ilusiones de la imaginación. Pero quienes poseen experiencia espiritual de los mismos y conocen bien las ciencias espirituales pueden comprenderlos en su total alcance y apreciarlos. Estas condiciones espirituales son de origen diferente a las producidas por la concentración mental o sugestión y están reguladas por un conjunto diferente de leyes.

   En resumen, el mundo de los sueños y los Kashfs sirven como ejemplo de la vida futura y permiten al hombre poseer juicio de la naturaleza de la vida futura. Al igual que todos los objetos de un sueño son espirituales pero poseen un cuerpo y una forma, similarmente, las cosas de la vida futura tendrán un cuerpo, pero tal cuerpo será espiritual y no físico. El alma completará y perfeccionará sus funciones espirituales en un nivel más alto.

   El Santo Corán explica las condiciones de la vida futura de la siguiente forma: Declara que las obras realizadas por el hombre en esta vida, asumirán una forma en la próxima. Lo que denominamos “el agua” de la vida futura será una forma corpórea de las acciones humanas de conformidad con la Ley Divina. “La leche” de la vida futura será el conocimiento de Dios que el hombre adquiere en la presente existencia. Los frutos del cielo serán formas corpóreas del placer y delicias que el alma humana experimenta al rendir obediencia a Dios. El Santo Corán dice:

   “Y hemos hecho que la suerte de cada hombre cuelgue de su cuello, y el Día de la Resurrección sacaremos para él un libro que encontrará totalmente abierto.  (Bani Isra’il, v. 14).

   Es decir, los efectos se harán manifiestos y cada acto que el hombre haya realizado en esta vida, dará lugar a su fruto, moldeando la vida del mundo próximo de acuerdo a su naturaleza. Diremos al hombre “Lee tu libro”, es decir, progresando o retrocediendo según el carácter de sus obras y, recogiendo sus frutos. “Hoy te bastará tu propia alma para juzgarte a ti mismo”. Es decir, los efectos que tus obras han producido, son suficientes como recompensa y como castigo. No necesitamos infligirte ningún nuevo castigo ni otorgarte alguna recompensa nueva.

   Debe observarse de qué manera tan clara afirma el versículo anterior que los castigos y recompensas de la vida futura son la materialización de las obras del hombre en esta misma vida. En otro lugar, el Santo Corán declara:

   “Pero los virtuosos beben de una copa suavizada con alcanfor. Un manantial del que beben los siervos de Al-lah. Ellos lo hacen brotar con un vigoroso brote”. (Al-Dahr, v. 6-7). Es decir, que los actos de los creyentes que realizaron en la vida terrena, aparecerán en forma de manantiales en la vida próxima.

   Asimismo, el Santo Corán dice: “Pero quien sea ciego en este mundo, será ciego en el Más Allá...” (Bani Isra’il, v. 73). El hombre que no ha conocido la verdad a través de los ojos de su alma en este mundo, sentirá como si fuera ciego en el próximo, pues su alma en esta vida será el cuerpo de la próxima. En otro lugar, el Santo Corán dice (Ta Ha v. 125-127):

   “Mas quien se aparte de Mi Recordatorio, la suya será una vida mísera y, en el Día de la Resurrección lo resucitaremos ciego. Él dirá: “Señor mío, ¿por qué me has resucitado ciego, si antes poseía vista? Dios responderá: “Así debía ser; Nuestros Signos te llegaron  y tú los menospreciaste; pues de igual manera serás olvidado en este día”.

   Ello muestra que la ceguera en la vida próxima se debe a la ceguera espiritual en esta vida.

   Queda claro que, aunque las recompensa y castigos de la vida próxima poseerán alguna forma de cuerpo, serán únicamente corporeidades de las acciones de esta vida y no algo totalmente nuevo. Los detalles dados por el Sagrado Corán sobre la vida en la existencia próxima, también conducen a esta conclusión. Por ejemplo, el Santo Corán dice que los moradores del paraíso recibirán “vino” como bebida que purificará sus almas. Es evidente que el objeto material no puede purificar el alma. El vino, por tanto, significa el amor de Dios que el hombre puede experimentar en esta vida y, que aparecerá corporeizado en forma de “vino” en la vida futura; de la misma forma en que los sueños aparecen las condiciones espirituales en forma de objetos físicos. Como tal vino será la materialización del amor de Dios, y no objeto material, su bebida purificará el alma humana, incrementando así su amor por Dios.

   En resumen, aunque el Islam refiere las recompensas y castigos de la vida futura como hechos físicos, los caracteriza al mismo tiempo como espirituales, siendo tal la única descripción verdadera y precisa. Quienes ignoran la realidad, las consideran condiciones simplemente físicas o puramente espirituales. En verdad, tales situaciones son opuestas a la razón. Las recompensas y castigos de la vida venidera no pueden ser absolutamente físicos ni la pura percepción espiritual puede servir de finalidad a este propósito, pues un objeto sutil y delicado sólo puede manifestar sus propiedades a través de un cuerpo menos sutil y vasto que el mismo.

¿DÓNDE Y EN QUÉ FORMA SE MANIFIESTAN LOS CASTIGOS Y RECOMPENSAS EN LA VIDA FUTURA?

   Puede cuestionarse dónde y en qué forma los castigos del Infierno se manifiestan. El Islam ofrece una respuesta excelente a esta cuestión, mientras que ninguna otra religión da respuesta. El Islam enseña que el infierno es el nombre del castigo que el hombre sufre a través de sus siete sentidos. El Santo Corán dice:

   “Tiene siete puertas; y a cada puerta se le asigna un grupo de ellos”. (Al-Hillr, v. 45).

   Sin embargo, el Santo Corán representa a los moradores del cielo y del infierno como seres completos y no divididos en partes: Por tanto, la entrada de una parte del hombre a través de cada una de las puertas del infierno, sólo puede significar que el hombre padecerá el castigo a través de las entradas de sus siete sentidos, y así, digamos, entrará al infierno a través de siete puertas, entrando cada parte de su cuerpo a través de cada entrada: una parte a través del sentido de la vista, otra parte a través del sentido del oído, una tercera, a través del sentido del olfato, una cuarta, a través del gusto, una quinta a través del tacto, una sexta a través del sentido del calor y frío y una séptima a través del sentido muscular. Es a través de estos siete sentidos por los que el hombre comete sus pecados. Peca con la vista cuando mira objetos inadecuados con mala intención, o peca a través del oído cuando escucha calumnias o lenguaje indecente. Peca a través de su olfato cuando huele lo que es indebido, o a través de su sentido del gusto cuando come cosas que le son prohibitivas; a través de su tacto, cuando su deseo de reposar en camas o almohadones suaves le aleja de consagrarse al servicio de su prójimo. Peca a través de su sentido de la temperatura cuando evita realizar buenas obras por miedo al frío o calor. Asimismo, peca a través de su sentido muscular cuando se abstiene de hacer el bien o lo hace de forma incompleta para guardarse contra la fatiga. En resumen, son los siete sentidos los que inducen al hombre al pecado y, los mismos siete sentidos le conducen al bien. Las siete entradas del Cielo significan, por tanto, los siete sentidos a través de los cuales el hombre comete las faltas. A través de ellos, le llegará el castigo en la vida futura, pues al estar habituado al mal, los siete sentidos espirituales correspondientes a los siete sentidos físicos, se vuelven débiles y enfermos; ocurriendo que, a causa de su situación, experimentan el castigo señalado a los transgresores en la vida próxima. Vemos, por consiguiente, que estas siete clases de castigos son mencionados por el Santo Corán. Respecto al castigo relativo al sentido de la vista, el Santo Corán dice (Al-Baqarah, v. 166): “Y si los pecadores pudieran contemplar ahora el momento en que verán el castigo...”. Es decir, tendrán que ver ciertas escenas cuya contemplación les provocará angustia. El Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él), dijo que verían serpientes, escorpiones y otros objetos que les provocarán terror. Con respecto al sentido del oído, el Santo Corán dice:

   “Cuando los vea desde un lugar lejano, oirán su enfurecimiento y su crepitación” (Al-Furqan, v. 13).

   Es decir, las llamas del fuego del Infierno causarán un sonido terrible, siendo su mismo estruendo, causa de terror y sufrimiento.

   Respecto al sentido del gusto, dice el Santo Corán, - también acerca del olfato -:

   “Ante él está el Infierno; y se le hará beber agua hirviendo. De la que beberá tragos difíciles de tragar...” (Ibrahim, vv. 17-18).

   Respecto al sentido del tacto, el Santo Corán dice:

   “Tendrán el Infierno por lecho y se taparán con cubiertas de lo mismo...” (Al-A’raf, v. 42).

   Es decir, serán castigados incluso a través de su sentido táctil. También, dice el Santo Corán:

   “Entonces volveremos a todo lo que hicieron y lo reduciremos a partículas” (Al-Furqan, v. 24).

   Respecto al castigo infligido a través del sentido de la temperatura, dice el Santo Corán: “Esto es lo que tendrán. Dejad pues que lo prueben; un líquido hirviendo y una bebida intensamente fría y pestilente.” (Sad, v. 58); y con respecto al sentido muscular, declara el Santo Libro: “En ese día, algunos rostros estarán abatidos. Afanados, agotados.” (Al-Ghashiyah, vv. 3-4).

   En resumen, el Santo Corán describe con detalle los castigos que serán infligidos a través de los siete sentidos. Significa que los siete sentidos espirituales correspondientes a los siete físicos se encontrarán corruptos y, se convertirán en medios o entradas del castigo. Un mal uso o abuso de los sentidos, que son una gracia de Dios, corromperá los sentidos espirituales y les convertirán en una fuente de sufrimiento.

   Sin embargo, quienes hacen un buen uso de sus sentidos, convierten los mismos en fuente de placer, ya que el uso adecuado de cualquier objeto, lo fortalece y realza sus propiedades. En consecuencia, encontramos que las recompensas prometidas a los virtuosos también pertenecen a tales siete sentidos. Dado que de ellos, encontrándose en óptimas condiciones, se convertirán en fuente de placer y felicidad. ¿No observamos cómo la luz del sol, que resulta tan agradable y refrescante para la vista y, es deliciosa para el corazón, se convierte en fuente de dolor y displacer para quien tiene el ojo enfermo, hasta el punto de que, si se expone en demasía o no se aleja de los rayos solares, puede ocasionar la pérdida de la visión o el desmayo de la persona? De forma similar, ¿no observamos como una voz dulce y agradable que agrada a todos sus oyentes, resulta de lo más enojosa a quien padece del oído o de dolor de cabeza y, que lo que entusiasma a otra gente, a él le resulta completamente intolerable y desagradable? De la misma forma, ¿no observamos que, cuando el sentido del olfato se encuentra alterado, le resulta irritante el olor de un aroma agradable hasta el punto de provocar cefaleas, aunque se trate de una bendición de Dios? Igualmente, ¿no se observa cómo cuando el sentido del gusto está alterado, un sabor dulce se torna en amargo y la sal, se vuelve insípida? Las cosas sabrosas pierden su sabor y se vuelven repugnantes. De la misma manera, cuando el sentido del tacto de un hombre se encuentra en estado anormal, una cama blanda que resulta placentera para otros, a él le resulta más dura que la piedra y tan inconfortable, como un lecho de espinas que le provoca agonía; cuando el sentido de la temperatura enferma, la temperatura suave que refresca a otros, para él se vuelve fuego y arroja de sí, todas sus prendas, con una sensación hiriente de quemazón en su cuerpo. Igualmente, en tiempo cálido, es corriente ver, a quien tiene alteraciones en su sentido de la temperatura, comenzar a sentir frío y a cubrirse con prendas de abrigo, mientras los demás se encuentran tomando bebidas heladas y ventilándose. De forma similar, observamos a quien tiene su sentido muscular alterado que refiere el simple paseo como un esfuerzo considerable, mientras que para otros supone un recreo. Tales personas se agotan apenas han dado algunos pasos.

   En resumen, tales hechos se observan a diario. Por los mismos podemos entender la naturaleza del Infierno. Debe recordarse que, de la misma manera que la virtud tiene una existencia positiva y, el mal uso de la facultad de hacer el bien se denomina vicio; de forma similar, las bendiciones y bondades de Dios son positivas, y el dolor y el castigo son consecuencia de la corrupción que el hombre crea en su propia alma. Cierta persona se dirigió al Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) y le dijo: “Mensajero de Dios: Dios dice que el paraíso se extiende sobre la tierra y los cielos. De ser así, ¿dónde está en infierno? El Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) contestó: “Cuando es de día ¿dónde se encuentra la noche? Lo mismo acontece con el cielo y el infierno”. No obstante, ello significa que, en cierto tiempo, los hombres se encontrarán en el cielo y en otros momentos, en el infierno, de la misma forma que es de día a ciertas horas y de noche a otras. Significa, por el contrario, que aunque la noche viene sobre toda la tierra y el día también; sin embargo, para quienes tienen al sol sobre ellos es de día, mientras que para los otros es de noche. Igualmente, aquéllos que se encuentren bajo el favor de Dios, se encontrarán en el cielo, mientras los demás estarán en el infierno. Por tanto, aquéllos que por la gracia de Dios han desarrollado sus siete sentidos de manera adecuada, disfrutarán de las bendiciones del cielo, mientras que para aquéllos que corrompieron sus sentidos, las mismas bendiciones se convertirán en castigo. Los virtuosos sentirán el calor que les producirá confort, en tanto que los malvados experimentarán el calor del fuego ardiente que les abrasa entre sus llamas. El virtuoso disfrutará de las bendiciones espirituales que se asemejarán al agua fresca y sin embargo, cuando el mismo agua le sea dado al malvado, la sentirá extremadamente caliente, hasta el punto de quemarle la boca. El Santo Profeta dice: "Cada hombre tiene su lugar en el cielo y en el infierno. Quienes vayan al cielo ocuparán no sólo sus respectivos lugares sino también los de aquéllos que hubieran ocupado quienes se encuentran en el infierno; y aquéllos a quienes corresponda ir al infierno, ocuparán además, los lugares vacantes de quienes alcanzaron el cielo". Esto significa también que los moradores del cielo gozarán de toda la felicidad, y los condenados, de todo el castigo. Cuando una persona sea inmerecida de una bendición, le dirá a la otra: "Tú has tomado posesión también de mi parte".

   El Santo Corán declara: "Mas no hay ninguno de vosotros que no llegue a él. Es un decreto irrevocable de tu Señor." Y añade "Luego libraremos a los justos y abandonaremos en él a los inicuos, arrodillados" (Maryam v. 72-73). Ello muestra que todos los hombres habrán de entrar en el infierno, pero que Dios salvará a los virtuosos del dolor y del sufrimiento. Es decir, que entrarán al infierno, pero que al mismo tiempo se verán a salvo del mismo. Esto sólo puede significar que los virtuosos habrán de convertir todo en fuente de bendición y alegría para sí mismos, a través de la perfección de sus sentidos. El Santo Profeta dice: "Dios dirá a cierta persona: ¡Salta al infierno! Cuando brinque hacia el mismo, encontrará un lugar de felicidad". En resumen, todo lo que un cuerpo espiritual experimente en la vida próxima, será consecuencia del uso adecuado o inadecuado de los siete sentidos.

   Existe, ciertamente, la diferencia de que los moradores del infierno se encontrarán confinados en sus lugares respectivos, mientras que los moradores del cielo se verán libres, de la misma manera que un enfermo se encuentra confinado en su lecho mientras el sano se mueve con entera libertad. El infierno es una prisión u hospital; el cielo un lugar agradable. El infierno es limitado, mientras que el cielo es ilimitado. El morador del infierno no podrá moverse fuera de unos límites prescritos, en tanto que el morador del cielo será libre para ir donde le plazca: para él, todo el espacio será cielo. Incluso aún, cuando entre en el lugar en que los moradores del infierno se encuentren padeciendo las torturas del fuego infernal, le asemejará encontrarse en un delicioso jardín.

   Dado que los moradores del infierno padecerán torturas, y la contemplación de los mismos producirá congoja a quien los pudiera observar, los moradores del infierno se verán ocultos de los habitantes del cielo a fin de que éstos no padezcan observando sus aflicciones, a menos que deseen verlas.

   Los moradores del cielo no serán conscientes de la situación de los demás. Únicamente conocerán su propia condición. Sin embargo, si Dios desea exaltar a determinada persona a una posición más elevada, le hará conocer la condición de quien se encuentre en una categoría superior. Así, tal persona anhelará conseguir tal posición elevada y verá cumplido su deseo.

                        ¿SERÁN ETERNOS LA RECOMPENSA Y EL CASTIGO?

   Otra cuestión relativa a la vida después de la muerte, consiste en saber si la recompensa y el castigo serán eternos. La respuesta que el Islam otorga a esta cuestión es que la recompensa, pero no el castigo, será eterna. El Santo Corán dice que el hombre ha sido creado para convertirse en manifestación perfecta de los atributos divinos. De continuar las personas sufriendo para siempre en el fuego infernal, ¿Cómo y cuándo podrían tener lugar tales manifestaciones?

   El Santo Corán nos dice que las bendiciones del cielo serán ilimitadas, pero que tal no será el caso del castigo del infierno, el cual, gracias a la Misericordia y Gracia de Dios, encontrará un fin. El Santo Corán dice que la Misericordia divina excede a su cólera. Cuando el malvado haya experimentado el enfado divino durante un período suficiente para ser denominado "ilimitado" en vista de la limitada visión humana, surgirá la Misericordia divina. El Santo Profeta dice: "Llegará un día en el Infierno en que nadie permanecerá en el mismo y la brisa del este (la última brisa) cerrará sus puertas".

   La idea de que los habitantes del infierno permanecerán en el mismo, en un castigo eterno, se debe a la ignorancia del propósito por el que Dios castiga a los pecadores. Siendo Dios Misericordioso, no desea infligir castigo a nadie: Es el hombre quien se arroja asimismo al castigo, a causa de sus males. Puesto que el propio hombre corrompe sus facultades espirituales, no es capaz de experimentar las bendiciones de Dios que le aguardan en el mundo próximo, y experimenta, en consecuencia, dolor. Dios, por Su misericordia, ha ordenado que las enfermedades encuentren su cura. Por lo tanto, de igual forma que las enfermedades físicas son curadas, el malvado también es sometido a cura, y reformado por el dolor que habrá de experimentar, estando entonces en condiciones de disfrutar de las bendiciones del cielo. Entrarán en el cielo; la Misericordia de Dios será perfecta y el propósito por el que el hombre fue creado se verá cumplido.

¿EXISTIRÁ ALGUN TIPO DE ACTIVIDAD EN EL CIELO O SE LLEGARÁ A UN FIN?

   Otra cuestión importante sin cuya respuesta el tema de la vida después de la muerte quedaría incompleto, es ¿Qué hará el hombre en la vida próxima? ¿Sus actividades encontrarán un fin? ¿Se ocupará únicamente de comer y beber como un ser supra-animado? o tendrá algo que hacer?

   La respuesta que da el Islam a esta cuestión es, que las actividades constituyen la misma vida, y tratar de separar al hombre de la acción supone privarle de vida. Una vida sin actividad es peor que la muerte. De ser una cosa buena la vida sin actividad, los seres perezosos hubieran sido considerados los mejores y más dignos de ser envidiados. Sin embargo, la persona que ha experimentado la alegría que nace del trabajo, conoce que la verdadera felicidad reside en la acción y el progreso. Puede ser bueno para un subnormal permanecer aletargado, pero ninguna persona sana desearía permanecer sin trabajar. El Santo Corán dice: "Su luz correrá ante ellos y en sus diestras. Ellos dirán: "Señor Nuestro, perfecciónanos nuestra luz y perdónanos; en verdad, Tú tienes poder sobre todas las cosas". (Al-Tahrim v.9).

   Es decir, todo creyente continuará progresando y percibirá nuevos estadios de perfección y progreso, por los que se esforzará en el deseo de alcanzarlos. Dice asimismo el Santo Corán: "La fatiga no les alcanzará, ni serán nunca expulsados de allí", lo que muestra que existirá trabajo en el Cielo pero que no ocasionará fatiga o debilidad. (Al Hillr v. 49). También dice: "Y tú, ¡Oh alma en paz! Vuelve a tu Señor satisfecha con Él y Él satisfecho contigo. Entra, pues, entre Mis siervos elegidos, y entra en Mi Jardín" (Al Fallr v. 28-31).

   Así pues, aunque el hombre tiene un trabajo asignado en este mundo, el tiempo del verdadero trabajo comienza después de la muerte. Es entonces cuando el creyente se convierte en siervo perfecto de Dios, porque es en ese momento cuando posee la oportunidad total de consagrarse a sí mismo y manifestar perfectamente los atributos de Dios.

   Por lo tanto, el trabajo y la actividad no cesan en la vida futura. Al contrario, se incrementan. El Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) dice: "En el paraíso les será enseñado a los creyentes, a través de la revelación, nuevas formas de glorificación y santificación de Dios". Ello no significa que les serán enseñadas nuevas expresiones para glorificar a Dios, ya que esto es algo que el hombre puede hacer por sí mismo. Significa que les será enseñado, por medio de la revelación, nuevos atributos divinos relativos a su Santidad y Majestad, a fin de que ellos puedan intentar convertirse en manifestación de tales atributos también.

   Puede cuestionarse ¿Qué clase de atributos pueden existir que no sean ya conocidos? La respuesta es, que el hombre sólo puede adquirir tanto conocimiento como pueda aprenderlo por sus sentidos, estando limitado, por tanto a la capacidad de tales sentidos. El conocimiento es "perfecto" en la medida de la capacidad sensorial que poseemos. Sin embargo, cuando el hombre adquiere nuevos sentidos, es capaz de captar nuevos atributos, de forma que siendo Dios ilimitado, el hombre puede y continuará progresando en el conocimiento y reconocimiento del Ser divino, siéndole revelados nuevos atributos. Intentará tomar conciencia de los mismos y manifestarlos en su propio ser. El nuevo conocimiento descubrirá nuevas esferas de actividad. El hombre se colocará en el camino de un progreso eterno, y su creencia y conocimiento de los poderes ilimitados y atributos de Dios se incrementarán constantemente.

   En resumen, el paraíso es un lugar de acción, igual que lo es este mundo; en realidad mucho mayor. En este mundo el hombre está sujeto a la demora y el fracaso, no existiendo tales eventualidades en el mundo próximo. Así, respecto al conocimiento y esfuerzo espiritual, este mundo es como una escuela, donde el ser humano puede aprobar o suspender. La vida próxima, sin embargo, puede compararse al caso de una persona que se ocupa de una investigación científica tras su graduación: tiene, también, una tarea dura que realizar, incluso más difícil que el estudiante de escuela, pero existiendo entre otras diferencias, la de que el estudiante permanece constantemente entre el temor de suspender; temor que no comparte el investigador.

   Estos párrafos muestran también, que las verdades dichas y bendiciones del paraíso radican en el progreso espiritual y no en la satisfacción de deseos físicos. El Santo Corán dice que la mayor bendición del paraíso es el agrado de Dios (Al Taubah v. 72) y la mayor alegría, según el Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él), la contemplación de Dios.

   Resumiendo, en la adquisición del conocimiento verdadero y perfecto, en la ejecución de buenas obras acorde con tal conocimiento y en la consecución de la unión y proximidad a Dios a través de estos dos medios, consiste en el paraíso del musulmán. Es imposible concebir un objetivo más grandioso que éste.

   He expuesto aquí las enseñanzas del Ahmadiat respecto a todas estas cuestiones, con respecto a las cuales es deber de una religión ofrecer guía. Confío que, quienes reflexionen sobre lo que he dicho con detenimiento, se convencerán de que las enseñanzas del Ahmadiat capacitarán a toda persona, de manera completa, para cumplir el objeto de su existencia.

   La excelencia más peculiar del Islam está en el hecho de que realmente conduce al hombre a Dios, y que de esta forma, pone fin a todas las discusiones y controversias. ¿Por qué ha sido creado el hombre? Su único objeto de creación es que consiga la unión con el Ser divino. Por tanto, sólo debemos tener en consideración a la religión que es capaz de lograr el propósito de que alcancemos la unión con Dios, y no a aquéllas que buscan complacernos con meras palabras.

(Del libro "Ahmadiat o el verdadero Islam")

   
Contacto
Copyright © por la Ahmadiyya Muslim Community 1995-2007. Todos los derechos reservados.