Mezquita Basharat de la Comunidad Ahmadía del Islam en Pedro Abad, Córdoba, España

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Su Fundador: El Mesías Prometido

Las líneas siguientes son unas breves notas sobre la vida y misión de Hazrat Mirza Ghulam Ahmad de Qadián, el Mesías Prometido. Su advenimiento a finales del pasado siglo halló a las naciones musulmanas en una situación de estancamiento y declinación material y espiritual, de la que parecían no tener solución. Tras la muerte del Santo Profeta Mohammad (Ia paz y bendiciones de Dios sean con él) en el año 632 de la era cristiana, el Islam se había extendido en la mayor parte del mundo civilizado y conservó su influencia a lo largo de muchos siglos. Sin embargo, sus seguidores comenzaron a alejarse de las enseñanzas del Santo Corán, de forma que Dios les privó de su predominio y les hizo probar la copa de la amargura y humillación.

Tal como estaba señalado o en antiguas profecías, un Resurgidor y Amonestador ha sido enviado a los musulmanes, pero, al igual que todos los verdaderos mensajeros de Dios, fue rechazado y perseguido por su generación. Su obra, sin embargo, está floreciendo y dando lugar a ricos frutos destinados a triunfar sobre la incredulidad y el error. Las misiones Ahmadía del Islam predican en la actualidad el mensaje del Islam en América, Europa, Asia y África. Están esclareciendo para los auténticos buscadores de la verdad los errores del cristianismo, y advirtiendo a la humanidad de los peligros a los que está abocada en sus propósitos materialistas, ateos y pecadores. Es realmente extraordinario observar cómo los mismos musulmanes que le rechazaron están adoptando poco a poco su interpretación de la fe islámica, de forma que a su debido tiempo estarán dispuestos a unírsele en su objetivo.

Existe una gran escasez de biografías de Ahmad, el Mesías Prometido, en lengua castellana, a pesar del gran número de libros escritos en árabe, urdu e inglés. Esta pequeña obra pretende ayudar, de forma escueta, a los que desean familiarizarse con su vida, esperando que sirva de base para un estudio más detallado.

Temas

Biografía
  Un esbozo sobre su vida
  Sus enseñanzas
  Signos mesiánicos, profecías y señales
  La afinidad entre Jesucristo y Ahmad
  Cronología comparativa
Pacto de Adhesión
Efecto de sus enseñanzas sobre sus seguidores
Enseñanzas
Escritos

 

Biografía

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Lo que sigue es un breve relato de la vida y misión del fundador de la Comunidad Ahmadía del Islam, Hazrat Ahmad, a quien consideramos como el Mesías Prometido de la época presente cuya venida estaban y están aguardando los seguidores de todas las religiones.

Hazrat Ahmad nació el 13 de febrero de 1835 en Qadián, una pequeña aldea perdida en el de la India y carente de todo tipo de comunicaciones con el resto del mundo. Era descendiente de un famoso jefe de origen persa llamado Halli Barlas, que en su tiempo llegó a gobernar el Asia central.

Hazrat Ahmad recibió su educación elemental en su propia casa, y ya desde la infancia mostró una gran indiferencia hacia las cosas materiales. Dedicaba la mayor parte de su tiempo al estudio del Santo Corán y otros libros religiosos islámicos así como a la oración a Dios Todopoderoso. Aunque también aceptó responsabilizarse de algunas tareas domésticas y familiares que le fueron encomendadas, su falta de interés en los asuntos mundanos era motivo de grave preocupación para su padre. Contrajo matrimonio a la edad de 16 años.

En aquel tiempo, mediados del siglo 19, el Islam estaba siendo violentamente atacado en la India por los misioneros cristianos y por una secta hindú llamada Aria Samaj. Ante esta situación y entristecido por el lamentable estado de los musulmanes que eran incapaces de defender el honor de su profeta y de su fe, Hazrat Ahmad asumió la responsabilidad de defender al Islam. A partir del año 1882 comenzó a destacar como un erudito y elocuente orador a la vez que distinguido predicador del Islam a través de la publicación de artículos en la prensa local, la publicación de cuatro libros que crearon un gran impacto en aquella época, y la participación en diversos debates religiosos.

En ese mismo año, en 1882, recibió una revelación divina en la que Dios le informaba que le había designado ser el Reformador del catorceavo siglo de la era musulmana y declaró que reestablecería sobre la tierra la fe que de ella había desaparecido. La etapa decisiva de su vida llegó en 1890 cuando anunció, por mandato divino, que él era el Mesías Prometido y el Mahdi cuyo advenimiento había sido profetizado por el Santo Profeta Mohammad y esperado durante siglos por los musulmanes. Esta declaración suscitó la ira de los clérigos musulmanes a lo largo y ancho de la india, quienes al igual que los fariseos y escribas que se opusieron a Jesús, se sentían inmensamente celosos de las enseñanzas de Hazrat Ahmad y de su supremacía espiritual. Estos musulmanes ortodoxos no solo le condenaron como incrédulo y apóstata sino que incitaron a las masas a asesinarle. El 23 de marzo de 1889, hace hoy exactamente cien años, Hazrat Ahmad fundó la Comunidad Ahmadía del Islam. De acuerdo con los signos mencionados en el santo Corán y en las antiguas escrituras, durante el resto de su vida, hasta que falleció el 26 de mayo de 1908, Hazrat Ahmad cumplió plenamente la colosal tarea de establecer la superioridad del Islam sobre todas las demás religiones del mundo. Le fue devuelta al Islam su gloria original y el proyecto que fue iniciado a través del mandamiento explícito de Dios Todopoderoso, continúa siendo llevado a cabo por sus sucesores y seguidores, que propagan la belleza del Islam en todos los continentes de la tierra.

El Mesías Prometido, Hazrat Ahmad fue un hombre de gran estatura espiritual. Su vida era inmaculada y, al igual que Jesús, pudo afirmar: ¿Hay alguien que pueda señalar algún pecado en mí?. Igual que sucedió con otros profetas, la maldad y sufrimientos de la humanidad pesaron gravemente sobre sus hombros. Oró igual por sus amigos que por sus enemigos y pidió a Dios que bendijera a los primeros y mitigara el castigo de los segundos. No deseó ningún mal ni siquiera a sus mas enconados enemigos y afirmaba: "no considero a nadie en mundo como enemigo mío. No siento odio hacia los individuos sino solo a las falsas creencias que mantienen"

Poseía una mente liberal y estimulaba a sus discípulos a que hicieran estudios religiosos comparativos pues estaba convencido que la clave del triunfo del Islam estaba en la difusión del conocimiento y la lucidez mental.

Su humildad le llevo a iniciar su misión con timidez, y cuando la carga le resultaba difícil de soportar depositaba su sola confianza en Dios. Publicó las revelaciones que recibía de Dios aun cuando parecía que su propio carácter iba a frustrar el cumplimiento de su objetivo; sus consejeros más mundanos le sugerían en ocasiones que determinados pasos eran inoportunos, y sus adversarios le ridiculizaban; sin embargo solo prestó obediencia a los mandamientos Divinos. Tal como escribió el Mesías Prometido: "La religión consiste en que nuestro estado, acciones, movimiento y condiciones estén regulados por la voluntad de Dios y Su Mensajero".

La Comunidad que fundó el Mesías Prometido, la Comunidad Ahmadía del Islam, siempre ha estado enfrentada a una oposición amarga, ofensiva y a veces violenta, y sin embargo pronto hubo de ser reconocida, con asombro, como las fuerza religiosa más dinámica que defendía la causa del Islam. En la actualidad la Comunidad Ahmadía musulmana que fundó el Mesías Prometido posee más de doscientos millones de fieles en todo el mundo repartidos en 176 países y unidos por un lazo universal de amor y hermandad. Los áhmadis, como así nos llamamos, estamos consagrados al servicio de la humanidad. Nuestro espíritu de entrega y dedicación es apreciado profundamente allí donde la Comunidad se ha establecido. Hemos construido cientos de millares de mezquitas en distintos países así como escuelas y hospitales en zonas necesitadas del tercer mundo. También hemos realizado la traducción del Santo Corán a todas las lenguas principales, entre ellas al español. Nuestro trabajo misionero ha inaugurado una nueva tradición en el Islam. Este trabajo, sostenido económicamente mediante las aportaciones voluntarias de los fieles y organizado por personas dedicadas, no tiene paralelo entre los demás musulmanes. Ninguna barrera de color, raza, lengua o nacionalidad se permite que se interponga en este camino de devota entrega para promover la unificación de la humanidad a través del Islam.

Hazrat Ahmad, el Mesías Prometido, explica cuál es el fin de esta Comunidad:

"El objeto de fundar esta Comunidad es conseguir un grupo de hombres bondadosos que sean modelo de rectitud y virtudes, para que un gran número de estas personas virtuosas ejerzan su influencia sobre los seres humanos con sus vidas ejemplares de altas cualidades morales y espirituales y su solidaridad sea motivo de gran bendición, grandeza y consecuencias positivas para la humanidad. Intentad por todos los medios que sus bendiciones se extiendan por todo el mundo; que en cada corazón surja el amor puro a Dios y a los hombres y que de este amor brote una fuente cuyas aguas conformen un gran río de espiritualidad"

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UN ESBOZO SOBRE SU VIDA

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Mirza Ghulam Ahmad nació en Qadián, India, el 13 de febrero de 1835. Era Mogol, de origen persa, cuyos antecesores llegaron con Babar al Punjab alrededor del año 1506 y se establecieron a unas setenta millas de Lahore, en un lugar llamado Islampur, que más tarde se denominaría Qadián. Varios miembros de su familia ostentaron cargos públicos importantes bajo el dominio de los emperadores mogoles.

En 1802, cuando el Imperio Mogol se hallaba en su ocaso, Qadián fue ocupado por los sikhs y le fue despojada a la familia la mayor parte de sus bienes y riquezas. El padre de Ahmad permaneció fiel al Gobierno británico durante el Gran Motín de 1857, dedicando muchos años de su vida a estériles esfuerzos legales con el fin de recobrar sus posesiones perdidas. Falleció en el 1876 arrepentido de su dedicación mundanal.

Ahmad, que pasó una infancia tranquila en su hogar, recibió una educación mediana y contrajo matrimonio a la edad de 16 años. De naturaleza gentil y amante de la meditación se sintió atraído desde época muy temprana hacia la religión. Consagraba una gran parte de su tiempo a la lectura del Sagrado Corán y mostró poco interés en el cuidado de las propiedades de su padre. Siendo de corta edad evidenció diversos ejemplos de visiones proféticas relacionadas con asuntos domésticos, que dejaron asombrada a su familia.

A instancias de su padre comenzó a trabajar en 1863 en las oficinas del juzgado de Sialkot. Estudió derecho durante algunos meses pero suspendió sus exámenes dado que su atención estaba centrada en otros asuntos. En aquel tiempo, el Islam estaba siendo violentamente atacado por los misioneros cristianos y por una nueva secta hindú denominada Arya Samaj. La declinación de las naciones musulmanas no era tan sentida en otras partes como lo era en la India y los cristianos ya estaban anunciando, con presunción, que el fin del Islam estaba a la vista...

Ahmad comenzó a defender su religión mediante la publicación de artículos en la prensa local. Más tarde, tras ver una visión en el año 1865, en la que el Santo Profeta Mohammad (Ia paz y bendiciones de Dios sean con él) se le apareció, inició la compilación de un gran libro, "Baraheen-i-Ahmadiyya" al que contribuyeron económicamente en su publicación un gran número de musulmanes piadosos. Desde el año 1879 hasta el año 1884 apare­cieron cuatro partes de esta obra en defensa del Islam, que creó un gran impacto. Sus enemigos fueron incapaces de replicar a ninguno de sus retos y permanecieron en silencio por algún tiempo.

En 1882, Ahmad supo por primera vez, a través de una revelación, que Dios le había designado ser Reformador y Mesías y que le esperaba una dura y ardua tarea por delante. El viernes 27 de Ramadán del año 1884, tuvo lugar el milagro conocido como "Las gotas rojas"", en el que a continuación de una visión de la firma de un documento Divino, parte de la tinta celestial se materializó en forma de gotas sobre su vestimenta. Los siguientes cuatro años transcurrieron en Qadián y otros lugares, en controversias con los Arya Samaj y los misioneros cristianos. Hizo surgir la ira de estos últimos y de los musulmanes conservadores al descubrir que Jesús había muerto de forma auténtica y que no descendería un día de los cielos. Sus oponentes incrementaron su resentimiento, pero como Ahmad mantenía la supremacía en los debates orales y escritos, prefirieron la calumnia desde lejos.

En febrero de 1886, tras completar cuarenta días de ayuno y oración en Hoshearpur, le fue revelado que iba a nacerle un hijo ilustre cuyo nombre sería conocido en todos los rincones de la tierra. (Nota: Se trata de Mirza Bashir ud-Din-Mahmud Ahmad, segundo sucesor del Mesías Prometido, nacido el 12 de junio de 1889. Tras un comienzo difícil, fue testigo del nacimiento de la Comunidad en numerosos puntos de la tierra; envió sus misioneros a tierras lejanas y practicó una vida de íntima comunión con Dios. Fue sin duda alguien que poseyó una profunda capacidad de análisis de los problemas morales, sociales, económicos y políticos que enfrentan a la humanidad).

El 23 de marzo de 1889, los discípulos y seguidores de Ahmad, se congregaron en Ludhiana para tomar el "Bait- (juramento de alianza espiritual, otorgado a los Profetas y a sus Jalifas). La etapa decisiva de su vida llegó en 1890, cuando anunció que él era el Mesías Prometido y Mahdi, cuyo advenimiento había sido esperado durante generaciones por los musulmanes. Esta declaración suscitó la ira de los Mullahs musulmanes a lo largo y ancho de la India. Al igual que los fariseos y escribas que se opusieron a Jesús, se sentían inmensamente celosos de las enseñanzas de Ahmad y de su ascendencia espiritual. Su fe estéril, su ignorancia y fanatismo medieval se enfrentaban a su decidida predicación y a su profundo conocimiento del Santo Corán y de la religión. Además, esperaban un "Mahdi guerrero", un espadachín que les conduciría a la "guerra santa", contra los infieles, prototipo de los diversos impostores que han surgido en la historia para extraviar a los musulmanes...

Exigieron milagros de Ahmad: ¿por qué no resucitaba a los muertos o alteraba el curso natural del sol y de la luna? Pero Dios no cambia su ley perfecta de la naturaleza para complacer a los incrédulos. En lugar de aportar fe, tales milagros sólo darían lugar a acusaciones de superchería, alucinaciones colectivas, magia o conocimiento oculto. Ahmad mostró una inmensa cantidad de signos pero no los quisieron ver.

En 1891, mantuvo un debate que duró doce días en Ludehana contra Maulvi Mohamad Husain de Batala, uno de los líderes de la campaña suscitada en su contra. El Maulvi, sin embargo, no entró en una discusión seria, sino que sólo trató de aspectos irrelevantes, fanatizando a la masa allí presente e incitándola al odio de tal forma, que se temió que ocurriera un baño de sangre. El mismo año, Ahmad visitó Dehli con el fin de celebrar un debate con otro Maulvi eminente, Nasir Husain. Sin embargo, este último incitó a la multitud allí presente con tal violencia que Ahmad fue incapaz de exponer sus puntos de vista; en esta ocasión él y sus discípulos escaparon del linchamiento con suma dificultad. Todo esto, no impidió un continuo progreso por parte del Movimiento, y la primera Conferencia Ahmadía se celebró en Qadián en el mes de diciembre. La mayor parte del año 1892 estuvo ocupada por una extensa gira de predicación a lo largo del Punjab. En este período tuvo lugar, de acuerdo con una profecía, la muerte de Ahmad Beg, cuñado de su primo Imam Din quien, de forma insultante, rechazó conceder a Ahmad la mano de su hija. Los adversarios del Mesías se quedaron estupefactos durante algún tiempo, pero pronto reiniciaron sus ataques con mayor vigor. También, en esta época, fue publicado uno de los más famosos libros de Ahmad, en el que exponía su doctrina e invitaba a la reina Victoria a aceptar el Islam.

En 1893, en Amritsar, tuvo lugar un histórico debate entre Ahmad y el reverendo Abdulla Athim, converso al cristianismo. Para irritación de los cristianos, el misionero fue derrotado en todos los puntos del debate y, tras blasfemar contra el Santo Profeta Mohammad (la paz y bendiciones de Dios sean con él), se retiró del encuentro hundido y maldecido. Aunque el reverendo Athim nunca volvió a aceptar de nuevo al Islam, su carrera concluyó rápidamente y murió tres años más tarde presa de la duda, el temor y las aluci­naciones.

El mes de ramadán del año 1894, testificó el cumplimiento del doble eclipse profético del sol y de la luna mencionados en el Hadiz como signos de la llegada del Mahdi. Ahmad decidió en este período ampliar su misión al Próximo y Medio Oriente, así como al norte de África, escribiendo diversos libros en árabe. En el año 1896, tuvo lugar una Conferencia de Religiones en Lahore a la que Ahmad envió un escrito (más tarde editado en forma del libro "Las Enseñanzas del Islam"') que fue juzgado por todos los allí presentes como la tesis dominante. En 1897 murió en aquel lugar, de acuerdo con una profecía, Pandit Lekh Ram, su más enconado y blasfemo oponente hindú.

El mismo año tuvo lugar en Gurdaspur un juicio sensacional contra Ahmad acusado de un falso cargo de intento de asesinato. Un cierto misionero protestante, Dr. Clark, llevaba largo tiempo buscando la manera de llegar la ruina a la vida de Ahmad y aleccionó a un joven nativo para que alegara que había sido enviado por el Mesías para asesinarle. Dios, sin embargo, reveló a Ahmad que el caso fracasaría y que el falso testigo sería descubierto. Ahmad fue absuelto de forma triunfal y el magistrado, Coronel Douglas, fue llamado "el Pilatos justo". Es sorprendente leer los detalles de los procedimientos a los que los clérigos cristianos se rebajaron para urdir esta sórdida trampa, pero las sectas enfrentadas de la India se habían unido en esta ocasión y el Dr. Clark admitió ante el Tribunal que los musulmanes e hindúes habían cooperado económicamente en los costes de la persecución.

El Movimiento Ahmadía continuó expandiéndose, y en 1897 celebró la publicación de su primer periódico Al-Hakam; asimismo, Ahmad aprovechó un receso de la plaga que asolaba el Punjab para intensificar su predicación en este lugar. Los enemigos, por su parte, no cejaron en su empeño de llevarle ante los tribunales o de enfrentarle con las autoridades. En 1889 fue llevado a pleito en Batala respecto a un asunto de impuestos relacionados con los fondos de la comunidad, y ganó dicho pleito. Al año siguiente, él y su oponente Maulvi Mohammad Husain hubieron de comparecer ante el tribunal de Gurdaspur obligándoseles a establecer la paz; sin embargo, los procedimientos sólo concluyeron con la firma de un acuerdo para evitar las amenazas e insultos en las controversias. Ello benefició totalmente a Ahmad ya que la principal arma del Maulvi -el improperio- le fue denegada en lo sucesivo.

Una obra de capital importancia fue publicada poco tiempo después por el Mesías y editada en el año 1908 bajo el título de "Jesús en la India'". En dicha obra se relatan los años que transcurrieron para Jesús desde el momento en que fue bajado vivo de la Cruz y viajó desde Palestina a través de Mesopotamia, Persia y Afghanistán hasta Cache­mira, predicando a las Ovejas Perdidas de Israel. La tumba de Jesús puede hoy día ser vista en la calle Khanyar de Siringar. Desde que se escribió este libro, cada suceso y cada eslabón de la cadena ha sido examinado y testificado, y el peso de la evidencia es totalmente concluyente para hacer desaparecer cualquier duda al respecto. El mito de la Crucifixión ha sido demolido y en unas décadas, el credo falso en' "la Salvación a través de la sangre"' creado por los fundadores de la Iglesia está condenado a pasar a la historia. Así Ahmad, mediante la revelación Divina, disipó el error que había prevalecido a lo largo de dieciocho siglos.

En 1900, aconteció el así llamado "incidente de pared" en el cual, uno de sus primos trató de impedir que los peregrinos pudieran llegar a la Mezquita de Qadián; sin embargo, un documento desconocido salió a la luz siguiendo una revelación y, tras decisión del tribunal local, el muro fue declarado ilegal y demolido. Debe señalarse que aparte de una amplia oposición, Ahmad hubo de padecer el odio de su propia familia. Sus tres primos, que se declaraban ateos, durante varios años se burlaron de él y le envilecieron. Su primera esposa y su hijo mayor se unieron a sus enemigos. Todo ello no alteró su calma y resignación a la Voluntad de Dios.

Alrededor del mismo período, el Rt. Rev. Lefroy, obispo anglicano de Lahore, inició una violenta campaña contra el Islam. Sin embargo, cuando fue desafiado por Ahmad, se retiró y rechazó el debate, no olvidando, sin duda, el destino del Rev. Athim, y otros. Ahmad continuó invitando a los Mullahs y clérigos a debates públicos doctrinales y espirituales; y conociendo la avaricia de algunos de ellos llegó incluso a ofrecer recompensas en moneda por puntos en los que le pudieran superar, pero nadie se atrevió a dar un paso adelante para defender su fe.

A lo largo de los años 1900 y 1901 Ahmad expuso, correctamente, la doctrina islámica respecto de la Yihad y definió la naturaleza de su profetazgo. Mencionaremos este tema más adelante. Así mismo, enco­mendó a sus seguidores que evitaran identificarse con aquellos que pretendían profesar el Islam pero que, al rechazar al Mesías e inventar el dogma del final de la revelación Divina, se dirigían a su muerte espiritual.

Una nueva epidemia de peste se extendió a lo largo del noreste de la India en 1902 de acuerdo con la predicción de Ahmad. Anunció inmediatamente que sus seguidores serían distinguidos por su inmunidad a la plaga, y para hacer la señal más manifiesta les aconsejó que no se vacunaran salvo en aquellos casos en que así fuera requerido por las disposiciones oficiales. Poco después viajó de Qadián a Jehlum y multitudes de gente se congregaron a lo largo del camino para verle.  

En aquellos momentos, surgió en los Estados Unidos un falso Mesías, el Dr. J.A. Dowie, que pretendió cumplir en su persona la segunda venida de Elías y que atrajo una gran publicidad y gran número de adeptos. Ahmad le escribió en 1903, invocando el Juicio Divino y afirmando que el que fuera falso moriría durante la vida del verdadero pretendiente (Ahmad era en aquel momento 15 años mayor que el Dr. Dowie y su salud era frágil). El impostor americano publicó un artículo insultante como respuesta y, desde aquel momento, su fortuna sufrió un cambio radical. Murió en el año 107, olvidado de sus amigos y discípulos, presa de parálisis y enfermedad, y viendo como desaparecía Zion City, ciudad que había fundado.  

En el año 1903, fue testigo del martirio del primer musulmán por la causa Ahmadía. Se trata de Sayyed Abdul Latif, noble afgano, que fue ejecutado en Kabul al negarse a rechazar públicamente al Mesías Prometido. Por orden del Mufti, fue encadenado, enterrado hasta la cintura y apedreado hasta morir a manos de la multitud congregada. Poco después, una epidemia de cólera se extendió sobre Kabul, cobrándose 85.000 víctimas.

  Se produjo una gran conmoción en 1904, cuando Ahmad expuso que Krishna, deidad hindú, había sido un Profeta verdadero. Ello estaba en concordancia con el Santo Corán, que declara que Dios envió Mensa­jeros a todos los rincones de la Tierra. Lo que había ocurrido con Jesús, cuyas enseñanzas habían sido corrompidas e imbricadas con los cultos paganos de la época para formar una religión nueva, había ocurrido también con Krishna, Buda y otros. Así nacieron las religiones del mundo en su forma actual.  

En el año 1905, un terremoto, previamente anunciado por el Mesías, originó el pánico en Kangra y otras regiones del Punjab. Cuando el shock del primer temblor se hizo sentir, Ahmad se hallaba escribiendo estas palabras: "Al mundo le llegó un Amonestador, pero el mundo no le aceptó; sin embargo, Dios sí le aceptará y establecerá Su Verdad con pruebas contundentes". No podemos detenernos aquí para examinar sus profecías, que cuentan más de diez mil. La mayoría se refiere a su propio ámbito y época, pero otras antecedieron a los acontecimientos que convulsionaron al mundo a partir de 1914 y que culminarán con la destrucción del "Dayyal" del que habló el Santo Profeta Mohammad (la paz y bendiciones de Dios sean con él) -el Reino de la Bestia del ateísmo, vicio e inmoralidad- y el triunfo final del Islam. (*) Es interesante señalar que las secuelas de la Tercera Guerra conducirán a la casi total destrucción del planeta, pero que Inglaterra -aunque prácticamente destruida- emergerá en el lado la victoria.  

(') Una de sus frases más conocidas, dice: ¡Oh Europa! no estás segura, ni tú ¡Oh Asia! tampoco estás inmune. Habitantes de las islas: Ninguna deidad fabricada os salvará. Veo ciudades cayendo y pueblos en ruinas. Ante los ojos de Dios se han cometido actos obscenos y El ha permanecido en silencio durante largo tiempo. Ahora Revelará Su faz Majestuosa y hará nacer el terror en los corazones de los hombres. El que tenga oídos que escuche, pues la Hora está próxima. Os digo en verdad que el fin de esta nación está cercano. Viviréis la época de Noé y seréis testigos de los días de Lot... pero Dios es lento en Su ira: arrepentios para que seáis perdonados. (Hagiqatul Wahi).  

El mismo año, Dios anunció a Ahmad que los días de su vida estaban concluyendo y que le quedaban "tres sorbos'". Escribió entonces su libro “Al-Wassiat" (El Testamento) en el que exhortaba a sus seguidores a depositar su fe en Dios, en el Santo Corán y en las enseñanzas del Profeta (I.p.D.), enfatizando el aspecto misionero del Movimiento. Rea­firmó el principio islámico del Jilafat (Califato) y creó el "Sadr Anyuman Ahmadía" como cuerpo ejecutivo de la Comunidad. Cedió su jardín para ser utilizado como cementerio de aquellos miembros que destacaran por su servicio al Islam.  

En 1906 compiló otro libro famoso: "La verdad de la Revelación" en el que explica las distintas maneras con las que el Todopoderoso se comunica con el hombre. Afirma en el mismo, en respuesta a diversas críticas, que no puede ser revelada ninguna verdad si no es mediante la dispensación del Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él).  

En 1907 tuvo lugar la última reunión anual de ahmadis que él presidió, y recibió un nuevo aviso de que su hora se estaba acercando. En el mismo año, llahi Bajsh, falso profeta nacido en el Punjab, que atacó al Mesías, murió en Amritsar, víctima de la plaga.  

A principios de mayo de 1908, Ahmad viajó de Qadián a Lahore en su último viaje. Tras llegar a Lahore y a pesar de su avanzada edad, concedió varias entrevistas y pronunció diversos sermones y confe­rencias. Comenzó a escribir el último de sus ochenta libros, "El Mensaje de la paz", pero el 20 de mayo tuvo la seguridad de que su final ya era inmediato y fue debilitándose progresivamente. Los médicos le diagnos­ticaron de extenuación y diarrea.  

A las 10,30 h. de la mañana del 26 de mayo de 1908 exclamó, por dos veces, "¡Oh mi querido Dios!", falleciendo a los 74 años.  

La persecución, que es el destino de todos los verdaderos Apóstoles, no cesó con su muerte. Mientras su féretro era transportado a la estación del ferrocarril, la multitud le arrojaba piedras y hacía difundir la falsa historia de que había muerto de cólera. Fue enterrado en Qadián, en el jardín que ya hemos mencionado; y su discípulo y compañero Hakim Nur-ur-Din fue elegido como primer Jalifa.

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SUS ENSEÑANZAS

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Es prácticamente imposible resumir en las páginas de este simple librito el mensaje de un hombre cuyos escritos y discursos cubrieron el espacio de una generación entera. El aspecto más sobresaliente de Mirza Ghulam Ahmad fue su contacto íntimo y constante con Dios a cuya Voluntad se hallaba sometido completamente. Para él, Dios no era un Ser abstracto y remoto, sino una Presencia Permanente, su Com­pañero Vivo de todos los lugares y tiempos. Como dice en uno de sus escritos místicos: "Cuando un hombre busca sinceramente a su Señor y Maestro y está firmemente arraigado en la fe del Islam y completa­mente resignado a Su Voluntad, de forma que sus poderes físicos y mentales están entregados de forma natural y libre y no sujetos a ninguna coacción, al puro servicio de Dios, el fruto final y permanente de este estado de sumisión es una transformación maravillosa de la que es testigo en su propia vida. Las manifestaciones más elevadas de la Guía Divina, libres de todo obstáculo, le abarcan por completo y múltiples bendiciones Divinas descienden sobre él. La verdad de los mandamientos y creencias que se aceptan en un principio en base a la probabilidad y sobre la autoridad de otros como asunto de fe, se hace finalmente clara y totalmente evidente a través de revelaciones diversas e inspiraciones ciertas y seguras. Las puertas que previamente se encontraban cerradas para el buscador, quedan ahora completamente abiertas, y las verdades ocultas y secretos de ley y de religión se hacen manifiestos. Se le hace viajar largas jornadas en el Reino de Dios, a fin de que pueda conseguir la perfección en el Conocimiento Divino y la certeza de la Realización de Dios. La bendición Divina es impartida sobre su lengua y sobre su habla, sus palabras y sus hechos y todos sus movimientos. Se le concede un valor extraordinario, perseverancia y firmeza, y es situado sobre un pináculo donde el corazón del hombre queda abierto para una aceptación positiva de la verdad. Queda totalmente libre de la intolerancia, la mezquindad, la avaricia, el tropiezo repetido, la falta de visión, la esclavitud de las pasiones, la depravación y vileza de las cualidades morales y de todo trazo de la oscuridad de la sensualidad causada por los hábitos de la humanidad; se ve llenado con la luz de la moral Divina. Quedando así perfectamente transformado, asiste a un nuevo nacimiento. Cuando ve y escucha, ve y escucha de Dios; y cuando se mueve o permanece quieto, lo hace en compañía de Dios. Su ira es la ira de Dios y su misericordia la misericordia de Dios. Sus oraciones son entonces escuchadas a causa de su elección y de su cercanía a Dios y no a causa de alguna aflicción, y su aceptación le conduce a su bienestar y no a su ruina. Su existencia sobre la tierra se convierte en argumento de la existencia de Dios y de la protección Divina a Sus criaturas. Existe alegría en el Cielo a causa de su existencia sobre la tierra. El mayor regalo que recibe de Dios consiste en que Dios le habla y se le dirige, y tales palabras del Ser Divino se encuentran libres de toda duda y oscuridad, y descienden sobre su corazón con la calma de la luz de la luna, poseyendo un éxtasis poderoso que le produce satisfacción, paz y tranquilidad mental".  

Ningún hombre, desde los días del Santo Profeta Mohammad (la paz y bendiciones de Dios sean con él) ha poseído nunca un conocimiento más profundo y más lúcido del Santo Corán. Mostró el significado real de aquellos versículos que previamente habían sido considerados oscuros, y dilucidó la verdadera magnificencia de la Palabra de Dios. Mostró la relación del texto sagrado con los hechos y problemas del mundo moderno, sembrando la semilla de la próxima expansión del Islam en el Occidente. Trabajó incansablemente para eliminar las herejías que, con el paso de los años, se imbricaron en la fe. La más peligrosa de tales era la idea de que determinados versículos del Santo Corán quedaban abrogados por otros. Algunos comentaristas medievales, carentes del conocimiento e información adecuados, habían mantenido la idea de que un cierto número de versículos circunstanciales quedaban cancelados por otros de natura­leza más general, y fundaban esta idea en una mala interpretación de 2:107. Falsos Mullahs y Sheiks se apuntaron rápidamente a esta teoría y en los días de Ahmad, no hacían otra cosa sino sumar abrogación tras abrogación, desorientando a la gente. El expuso este error y proclamó de forma definitiva que la integridad del Santo Corán había de permanecer para siempre: cada capítulo, versículo y palabra, hasta el último acento.  

El Mesías se ganó el odio de los teólogos musulmanes ignorantes al especificar el verdadero significado de la Yihad. Esta palabra significa "esfuerzo" o "trabajo" y puede aplicarse a cualquier sacrificio realizado por la propagación o fortalecimiento de la fe. El Santo Corán prohíbe expresamente la coacción en la religión y cualquier intento de realizar conversiones por la fuerza o iniciar cruzadas agresivas es absoluta­mente contrario al Islam. No obstante, si se da el caso de que la fe musulmana es atacada por los no creyentes y sometida a abierta violencia, se ordena entonces a la comunidad que tome sus armas bajo el mandato de su líder supremo (Jalifa) para una defensa concertada y para mantener la guerra hasta hacer desaparecer la amenaza. Este es el deber de la Yihad, y como puede observarse de manera clara, no puede llevarse a cabo bajo las condiciones actuales.  

Los musulmanes de la actualidad, en lugar de formar un único cuerpo bajo un Jalifa, se encuentran dispersos en diferentes Estados, algunos de ellos independientes y otros no, cada uno con sus intereses políticos propios y aspiraciones nacionales. ¿Quién puede, pues, pre­tender proclamar, organizar y dirigir una "Guerra Santa'"?  

Ahmad se sintió profundamente preocupado al observar cómo fanáticos ignorantes incitaban a los musulmanes a la rebelión y homicidio bajo el pretexto de la religión y, de forma rotunda, les denunció. Fue más allá, declaró que cualquier gobierno que promoviera la ley, el orden, la justicia y la tolerancia -como hicieron los británicos en la India- merecía el respeto y los buenos deseos del pueblo. Sin embargo, basándose en tales aspectos, ciertos musulmanes que pare­cían promotores del derramamiento de sangre, la corrupción, el de­sorden y el desgobierno bajo el lema de "'libertad", le consideraron como un traidor. Estos Ulemas retrógrados y demás incitadores de la Yihad podrían meditar sobre las advertencias que Ahmad hizo en su tiempo a la luz del armamento atómico, bombas de hidrógeno, etc., que amenazan con la destrucción de la totalidad de las naciones.  

Debemos decir algunas palabras respecto al profetazgo. El Mesías señaló que al igual que la revelación Divina viene teniendo lugar desde los tiempos de Adán, de la misma manera habrá de continuar hasta el Ultimo Día. Declaró ser un Profeta en el sentido de que fue inspirado por Dios para entregar un mensaje a la humanidad. Declaró que la suya era la segunda venida de Jesucristo, de la misma forma en que Juan el Bautista fue el segundo advenimiento de Elías. Pero, sobre todo, insistió en que el Islam era la última dispensación para la humanidad y que la ley del Santo Corán permanecería vigente hasta el Día del Juicio. Pueden existir otros profetas, pero Mohammad (la paz y bendiciones de Dios sean con él) fue el último Portador de Ley, el Sello, y Enseña del profetazgo, y todo el que venga después de él sólo puede caminar detrás de sus huellas. Los musul­manes que afirman que todo tipo de revelación finalizó súbitamente en el año 632 de la era cristiana, son culpables de un grave error, así como de crear una innovación: No pueden señalar un simple párrafo del Santo Corán en apoyo de su idea y como mucho aducen un par de Hadices sacados de su contexto. Los teólogos musulmanes primitivos no mantenían tales puntos de vista, que equivalen a convertir al Islam en una fe estéril desprovista de vitalidad. Pero el Islam se encuentra completamente vivo y sus Santos son y serán siempre el vehículo de la Revelación Divina.  

Mirza Ghulam Ahmad fue un hombre de gran estatura espiritual. Su vida era inmaculada, e igual que Jesús, pudo afirmar: "¿Quién puede señalar algún pecado en mí?". Igual que aconteció con los Profetas del Israel, la maldad y sufrimientos de la humanidad pesaron gravemente sobre sus hombros. Oró igual por sus amigos que por sus enemigos y pidió a Dios que bendijera a los primeros, y mitigara el castigo de los últimos. No deseó ningún mal ni siquiera a sus más enconados detractores, como dice con sus propias palabras: "No considero a nadie en el mundo como enemigo mío. No siento odio hacia los individuos, sino sólo a las falsas creencias que mantienen."  

Poseía una mente amplia y liberal y estimulaba a sus discípulos a que hicieran estudios religiosos comparativos, pues estaba convencido de que la clave del triunfo del Islam estaba en la difusión del conocimiento y la lucidez mental. Su humildad le llevó a iniciar su misión con timidez, como ocurrió con numerosos Profetas Bíblicos, y cuando la carga le resultaba difícil de soportar, depositaba su sola confianza en Dios. Publicó las revelaciones que recibía de Dios aún cuando parecía que su propio carácter iba a frustrar el cumplimiento de su objetivo; sus consejeros más mundanos le sugerían, en ocasiones, que determinados pasos eran inoportunos y sus adversarios le ridiculi­zaban; sin embargo, sólo prestó obediencia a los mandamientos Di­vinos. Tal como escribió, "La Religión sólo es esto: que nuestro estado, acciones, movimientos y condiciones estén regulados por la Voluntad de Dios y Su Mensajero".  

El Islam hace más énfasis en la vida venidera que cualquier otra religión, y el Santo Corán es el único Libro Sagrado de hoy día que posee enseñanzas coherentes e inequívocas respecto a este tema. El Mesías Prometido hizo un gran esfuerzo para interpretar la naturaleza del alma humana, el "barzakh", la resurrección, el paraíso y el infierno; y en esta difícil tarea, sus mejores consejeros fueron siempre sus propias experiencias espirituales. Demostró que el concepto islámico de la vida futura es el único que es coherente con la fe, la razón y la observación.  

Fue el primero en enunciar este hecho cardinal: EL ISLAM ES LA UNICA FE VIVA; EL SANTO CORAN EL ÚNICO LIBRO VIVO; Y MOHAM­MAD (LA PAZ Y BENDICIONES DE DIOS) EL ÚNICO PROFETA VIVO. Con ello, quiso significar que el Islam, a diferencia de otras religiones, que están espiritualmente muertas y separadas de Dios, es el único camino abierto que el hombre tiene para llegar a Dios; y que está destinado a triunfar en toda la tierra antes de que transcurran 300 años desde el comienzo del catorceavo año de la Hégira. Al igual que el más selecto de los crecimientos de la naturaleza, está germinando oculto al ojo humano y florecerá comple­tamente después de que poderosas conclusiones hayan destruido todos los sistemas y filosofías. ¡Que el lector dirija su mirada alrededor del mundo y vea cómo se aproximan los signos de las cosas!  

El Santo Corán, la única Escritura inalterada, es una guía segura para la humanidad, para todos los pueblos y épocas, y los humanos deben buscar en él la respuesta a sus problemas. No se trata de una reliquia que haya de ser conservada envuelta en chales y apartada, como hacen muchos musulmanes de hoy día, sino que al contrario, debe ser estudiado incesantemente y no sólo a la luz de los antiguos comentarios, sino en el contexto de los hechos y descubrimientos contemporáneos. En el mundo vivo de Dios, ofrecerá una guía fresca para cada generación que se suceda. Respecto a Mohammad (la paz y bendiciones de Dios sean con él), suyo es el Profetazgo sin fin, pues en sus enseñanzas está la salvación, y en su Ley la Dispensación Divina, llegándose a la Comunión con Dios a través de sus bendiciones.

Así enseñó Ahmad. El fue el seguidor más grande del Santo Profeta Mohammad (la paz y bendiciones de Dios sean con él) que ha aparecido sobre la tierra.

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SIGNOS MESIÁNICOS

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Las declaraciones de Hazrat Mirza Ghulam Ahmad están fundamen­tadas, de manera concluyente por el Santo Corán, las palabras del Santo Profeta Mohammad (la paz y bendiciones de Dios sean con él), las escrituras de los teólogos musulmanes eminentes y la santidad y fuerza espiritual de su propia vida y persona. Queda fuera del alcance de este librito reseñar los Hadiz de forma completa, u ofrecer amplios comentarios de los textos relevantes. Sin embargo, ofrecemos a continuación un resumen de diversas profecías y señales:  

PROFECÍAS  

1. Un Restaurador ("Muyaddid") surgiría en los principios de cada siglo (Abu Daud vol. 2. p. 241) Hazrat Ahmad, es el único pretendiente del 14.avo siglo después de la Hégira.  

2. El Mesías Prometido sería llamado "Profeta de Dios"' ("Nabiyul­lah") (Muslim vol. 2, p. 515).  

3. El Mahdi ("Guía"') y el Mesías ("El Elegido") serán una y la misma persona (Ibn Majah vol. 2. p. 257).  

4. La segunda venida de Jesucristo tendría lugar en la persona de un Imam (líder religioso) de entre los musulmanes (Bujari vol. 2, p. 490).  

5. El Mesías mataría al cerdo y rompería la Cruz (Bujari vol. 2, p. 159). Esto significa que rescataría a los musulmanes de la depravación y expondría las creencias falsas en las que se basaba la cristiandad.  

6. El Mahdi aboliría las guerras religiosas (Ibn Hanbal, Masnad, vol. 2, p. 411).  

7. En el tiempo del advenimiento del Mahdi, existiría un gran incremento en el conocimiento, así como gran mezcla de pueblos (Tirmidhi).

8. En esa época, aparecerían nuevos medios de transporte y serían innecesarios los camellos (Mishkat-ul-Masabih).  

9.Tendría lugar un declinamiento de la fe religiosa, y no quedaría del Islam más que el nombre y no quedaría del Corán más que el texto (Mishkat-ul-Masahib p. 38; Kanaz-ul-Ummal, vol. 6, p. 43).  

10. Las naciones cristianas ostentarían la supremacía en el mundo (Huyayil Karama, Tirmidhi y otros).  

11. Cuando sepan del advenimiento del Mahdi, se requiere a los musulmanes que le ofrezcan el "Ba 'iat" (pacto de alianza) incluso aunque tengan que arrastrarse sobre la nieve para llegar a él (Kanaz-ul­-Ummal; también referencias en Ibn Hanbal, Masnad, vol. 6, pp. 29-30). Así pues, aparecería en un país donde existe la nieve.  

12. En dicha época, tendría lugar un eclipse doble de sol y luna durante el mes de Ramadán (Dar-Qutni Sunan, vol. 8, p. 188, Delhi ed.). Esto aconteció los días 13 y 28 respectivamente, del mes de Ramadán de 1894.  

13. Tendría 313 seguidores (Ghayat-ul-Magsud). Así aconteció respecto al número, estando recogidos sus nombres.  

14. Nacería de un parto gemelar (Ibn Arabi, Sharah Fasus-ul­Hakam). Su hermana gemela murió al poco de nacer.  

15. Renombraría las enseñanzas de Jesús (Santo Corán 61:7).  

16. Padecería de dos enfermedades, localizados en la parte alta y baja de su cuerpo (Tirmidhi vol. 2, p. 38). Estas fueron migraña y glucosuria, respectivamente.

17. Sería impedido el Peregrinaje a la Meca (Kanaz-ul-Ummal vol. 6, p. 13). A los peregrinos del Punjab se les impidió la entrada a causa de la plaga.  

18. Tendría lugar una plaga en la época (Igmal-ud-Din p. 348 y otras fuentes).  

19. El Mesías surgiría de Oriente (Ibn Majah; ver también los Evangelios).  

20. Procedería de un lugar llamado Kada (Juvvahir-ul-Asrar, p. 56). Esta es la pronunciación local de Qadián.  

21. Sería de descendencia persa (Bujari 65: 62,1).  

22. Existirían falsos pretendientes (Bujari, Fitan; Muslim, Fitan). Ver más adelante.  

23. El Islam tendría tres siglos de grandeza, después ascendería de vuelta a los cielos por un milenio (Bujari vol. 4 en conjunción con el Santo Corán 86:2). Ello conduce al inicio de su resurgimiento en el 14.avo siglo de la Hégira.    

SEÑALES  

1. Su conocimiento inigualable de la lengua árabe, idioma de la revelación Coránica, constituye un milagro literario de primera mag­nitud. Adquirió el conocimiento de 40.000 raíces lingüísticas en un sólo día. Los escritores árabes más eruditos de la época no pudieron rivalizar con sus libros.  

2. Muchas de sus plegarias fueron respondidas por Dios y se hicieron realidad miles de predicciones suyas.  

3. Sus adversarios fueron incapaces de afrontar sus retos o refutar sus enseñanzas.  

4. Su vida y misión mantuvo un fiel paralelismo con la de Jesús, cuyo segundo advenimiento se cumplió en su persona (ver el apéndice segundo).  

5. Curó mediante el poder de la oración enfermedades incurables (por ejemplo, un estudiante llamado Abdul Karim de Yadgir fue mordido por un perro que padecía de rabia, y desarrolló la hidrofobia tras fracasar las inoculaciones previamente administradas. Hazrat Ahmad rezó por él y sanó durante la noche, siendo el único caso conocido por la ciencia médica en el que el paciente se ha recuperado tras la instauración clínica de dicha enfermedad).  

6. Predijo las epidemias de plaga que asolaron el Punjab y provin­cias limítrofes y que ocasionaron más de tres millones de muertes.  

7. Predijo la serie de terremotos que originaron miles de muertos en el Punjab en abril de 1905 y febrero de 1906.  

8. Advirtió de nuevas epidemias próximas (una de ellas fue la gran epidemia de gripe que se cobró más de 20 millones de vidas después de la guerra de 1914-18).  

9. Cuando la peste se difundía alrededor de Qadián, anunció que nadie bajo su techo contraería la enfermedad y, a pesar de que su casa estaba llena de gente, ni siquiera una simple rata padeció la peste.  

10. Muchos de sus enemigos murieron sin descendencia, como él dijo que sucedería. El caso más conocido es el de Maulvi Saadullah, quien vivió 15 años después de esta predicción sin tener ningún hijo y cuyo único hijo que vivía en aquel tiempo, murió sin descendencia muchos años después.  

11. Profetizó diversos acontecimientos mundiales, como la guerra ruso-japonesa, la Primera Guerra mundial, el trágico fin del Zar de Rusia y tres grandes guerras más de las cuales dos ya han tenido lugar, y el triunfo final del Islam, tres siglos después de ello.  

12. Nunca se supo que cometiera una mala acción y ni siquiera sus peores enemigos lo hallaron convicto de alguna falta.  

13. Como todos los verdaderos Mensajeros de Dios, predicó en contra de las tendencias e ideas de su época y suscitó la oposición en todos los frentes.  

14. Su advenimiento se vio precedido de signos astronómicos referidos por Jesús (Mateo 24:29,30, etc.). El eclipse del sol y de la luna tuvo lugar el 19 de mayo de 1780 en Norteamérica y durante varios días en el verano de 1783 en amplias zonas de Europa, Norte de África y Asia. La caída de estrellas del cielo fue un espectáculo único observado el 12 y 13 de noviembre de 1833 en el hemisferio occidental, cuando una lluvia de decenas de miles de meteoros hicieron de heraldo del nacimiento de Ahmad y del segundo advenimiento de Cristo en su persona. El signo del Hijo del Hombre es el doble eclipse del Ramadán ya mencionado. Otro fenómeno similar es el grandioso "Gran Cometa" de septiembre de 1882.  

15. Ambos, el Santo Corán y la Biblia, nos hablan de que los falsos profetas ("profetas"' en el sentido de la palabra árabe y hebrea "Nabi") son aniquilados. Diversos impostores surgieron en su época y tuvieron finales miserables. Tales fueron los casos de Dowie en América y Rahman e Ilahi Baksh en la India. Aún más conocidos fueron Bab de Persia, cuyo discípulo Baha-ul-lah fundó la secta Bahai, y Mohammad Ahmad de Dongola, el pseudo-Mahdi del Sudán. El primero fue ejecutado por un pelotón de fusilamiento en el sexto año de su declaración y el segundo pereció de tifus al cuarto año.

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LA AFINIDAD ENTRE JESÚS Y AHMAD

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1. Ambos vinieron trece siglos después de los dos mayores Profetas Portadores de Ley del mundo: Moisés y Mohammad (Ia paz y bendiciones de Dios sean con él).  

2. Ambos fueron personas protegidas de los dos Imperios más grandes -Roma y Gran Bretaña- bajo cuya "pax" predicaron.  

3. Ambos llegaron en tiempo de crisis espiritual en el que el ateísmo, materialismo y vicios eran predominantes.  

4. Ambos hallaron a sus correligionarios en decadencia moral y política, y aguardando a un Mesías o Mahdi.  

5. Ambos, nada más anunciar su misión, desencadenaron una oposición inmediata y masiva.  

6. Ambos se encontraron ante insultos, falsas acusaciones y amenazados por violentas multitudes.  

7. Ambos hallaron que sus más enconados oponentes eran los líderes religiosos de su propia gente.  

8. Ambos rechazaron la violencia como instrumento de su misión, y exaltaron las virtudes de la paz.  

9. Ambos originaron un gran resentimiento al negarse a encabezar un levantamiento armado contra el gobierno extranjero.  

10. Ambos abogaron por el respeto del poder temporal resistiendo los intentos de enfrentamiento con las autoridades.  

11. Ambos mostraron sus propias vidas sin mancha alguna.  

12. Ambos confundieron a sus enemigos al argumentar con ellos mediante una sabiduría y ciencia superiores.  

13. Ambos mostraron señales de la verdad de sus afirmaciones y realizaron predicciones.  

14. Ambos exhortaron a sus correligionarios a huir del pecado, la falsedad, fanatismo y a responder al nuevo despertar espiritual.  

15. Ambos negaron ser profetas Portadores de Ley o haber venido a alterar la religión existente.  

16. Ambos triunfaron sobre los designios de sus enemigos.  

17. Ambos despreciaron los bienes materiales y vivieron en íntima comunión con Dios.  

18. Ambos eran descendientes de príncipes.  

19. Ambos mostraron preocupación y angustia por los sufrimientos y faltas de la humanidad.  

20. Ambos fueron conducidos por sus adversarios ante los tribu­nales del lugar.  

21. Ambos consiguieron cierto grado de reconocimiento en sus propias vidas, aunque su mensaje ganó fuerza y se extendió a lo largo y a lo ancho con el paso del tiempo.

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CRONOLOGÍA COMPARATIVA

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LÍNEA MOSAICA

SUCESO

FECHA (D.C.)

INTERVALO

Nacimiento de Moisés, Mensajero de Dios y Portador de ley para Israel.

Aprox. 1275  

Captura y destrucción de Jerusalén por Babilonia y fin del Reino de Judea.

Aprox. 586 689 años

Nacimiento de Jesús de Nazareth, el Mesías Judaico

Aprox. 6 580 años
     
Intervalo entre Moisés y Jesús = 1.269 años    

 

LÍNEA DE MOHAMMAD

SUCESO

FECHA (D.C.)

INTERVALO

Nacimiento de Mohammad, Mensajero de Dios y Portador de ley para el mundo

570  

Captura y destrucción de Bagdad por los Mogoles y fin del Califato Abbasí.

1258 688 años

Nacimiento de Ahmad de Qadian, el Mahdi musulmán

1835 577 años
     
Intervalo entre Mohammad y Ahmad = 1.265 años     

NOTA: La fecha de nacimiento de Moisés fue motivo de conjetura durante largo período de tiempo a causa de la falta de certeza de la cronología Bíblica. Actualmente, ha quedado establecido que el Éxodo tuvo lugar alrededor del año 1215 a. JC. en el último año del reinado del Faraón Meremptah, hijo de Ramsés II. Se cree que Moisés contaba cerca de 60 años de edad en aquel momento, de forma que su nacimiento aconteció alrededor del año 1275 a. JC. Los otros dos datos mencionados en la parte superior de la tabla se consideran, según los historiadores modernos, como bastante acertados, con un error aproximado de 2 años por más y por menos. Es asombrosa la secuencia paralela de ambas líneas Reveladas. Aunque el período abarca unos tres mil años, la discrepancia en los intervalos de los sucesos clave ¡es de sólo cuatro años! De esta forma, la mano Divina traza el esquema de la historia del mundo.

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El Pacto de Iniciación (condiciones del Bait)

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La persona que se afilia al Movimiento Ahmadía, debe decidir, de manera firme, cumplir las siguientes condiciones:  

1. El iniciado prometerá solemnemente abstenerse del SHIRK (atribuir copartícipes a Dios) hasta el día de su muerte.  

2. Se apartará de la falsedad, fornicación, adulterio, miradas licenciosas; de la inmoralidad y libertinaje; crueldad; deshonestidad; rebelión; y de toda clase de mal. No se dejará arrastrar por sus pasiones, por fuertes que sean.  

3. Ofrecerá con regularidad las cinco oraciones diarias de acuerdo con los preceptos de Dios y del Santo Profeta. Hará lo posible por rezar el "Tahayud" (oración voluntaria de antes del alba), e invocará el '"Darud"" (bendiciones) sobre el Santo Profeta. Será constante en implorar el perdón de sus pecados y en recordar las Mercedes de Dios, alabándole y glorificándole.  

4. No dañará, llevado por sus pasiones, a las criaturas de Dios en general, y a los musulmanes en particular, con sus manos, su lengua o de otra forma.

5. Permanecerá fiel a Dios en todas las circunstancias; en la dicha y en la tristeza, en la adversidad y en la prosperidad; en la alegría o la desdicha; y se someterá en todo momento al decreto de Dios, estando dispuesto a padecer toda clase de injurias y sufrimientos en Su camino. Nunca se apartará de El en época de desgracia, sino que se Le aproximará aún más.  

6. Se abstendrá de seguir costumbres no islámicas y malas inclinaciones; y se someterá completamente a la autoridad del Santo Corán, haciendo de la palabra de Dios y de las palabras del Santo Profeta, la regla principal de su vida.  

7. Renunciará totalmente al orgullo y la vanidad, y adoptará una vida de humildad y modestia; de cordialidad, de indulgencia y man­sedumbre.

8. Amará a la religión, la dignidad de la religión y a la causa del Islam más que a su propia vida, riquezas, dignidad, hijos y demás seres queridos.  

9. Se consagrará al servicio de las criaturas de Dios sólo por Su amor y procurará beneficiar en lo posible a la humanidad con las facultades y capacidades que Dios le haya otorgado.  

10. Establecerá un vínculo de hermandad con este humilde siervo de Dios, prometiéndome obediencia por amor a Al-lah en todo lo bueno; y lo mantendrá hasta el día de su muerte. Que sea tal esta afinidad que no se encuentre otra semejante en otro tipo de relación o parentesco que requiera obediencia.

Formulario de Iniciación

 

Hazrat Amirul Momenin
Mirza Masrur Ahmad Khalifatul Masih V

  (Que Dios siempre le ayude)

 

Assalamu Aleikum wa Rahmatul-lahe wa Barakatohu  

He estudiado las "Condiciones de Bait (Iniciación)" y las he aceptado de todo corazón. Cumplimentando debidamente el siguiente formulario, lo someto a Hazur, rogando se digne admitir mi petición de iniciación.  

Atestiguo que nadie es digno de adorar sino Al-lah, que es único y no tiene copartícipe, y atestiguo que Mohammad es el Siervo y Mensa­jero de Al-lah.  

Atestiguo que nadie es digno de adorar sino Al-lah, que es único y no tiene copartícipe, y atestiguo que Mohammad es el Siervo y Mensa­jero de Al-lah.  

De esta forma ingreso en el Movimiento Ahmadía por la potestad de Hazrat Mirza Masrur Ahmad. Pido perdón a Al-lah de todos mis pecados anteriores y en el futuro trataré de hacer lo posible para preservarme de toda clase de pecados. Nunca asociaré a Dios a nadie; no concebiré malos pensamientos, ni me entregaré a la calumnia, ni causaré sufrimiento a nadie.  

Daré preferencia a mi religión ante las consideraciones mundanas. Intentaré cumplir en lo posible los mandamientos del Islam y procuraré siempre leer, escuchar, recitar y divulgar el Sagrado Corán, las tradi­ciones del Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) y los libros del Mesías Prometido (la paz sea con él).  

Le obedeceré en todo lo bueno que me ordene. Creeré firmemente que el Santo Profeta Mohammad (la paz y bendiciones de Dios sean con él) es "Jataman Nabiyyin" -sello de los profetas- y creeré en todos los alegatos del Mesías Prometido (la paz sea con él).  

Pido perdón a Al-lah, mi Señor, de todos mis pecados y me vuelvo hacia El.  

Pido perdón a Al-lah, mi Señor, de todos mis pecados y me vuelvo hacia  El.  

Pido perdón a Al-lah, mi Señor, de todos mis pecados y me vuelvo  hacia El.  

¡Oh Dios, mi Señor! Se extravió mi alma y confieso todos mis pecados. Te suplico perdones mis pecados, pues nadie sino Tú puede perdonar. Amin.

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Efecto de sus Enseñanzas sobre sus Seguidores

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Voy a tratar de describir, brevemente, a continuación, el efecto que las enseñanzas del Mesías Prometido (la paz y bendiciones de Dios sean con él) produjeron sobre sus seguidores. Debe recordarse que el advenimiento del Mesías Prometido no reflejó el resurgir de modernas corrientes de pensamiento, ni su persona encarnó las tendencias de las denominadas nuevas ideas de la actualidad. De hecho, las enseñanzas del Mesías Prometido (la paz y bendiciones de Dios sean con él) eran diametralmente opuestas a las corrientes del pensamiento moderno. Si estudiamos tales corrientes con detenimiento, observamos que muestran dos tendencias: la primera dice que carece de sentido que el hombre trate de conseguir una relación profunda con la divinidad; que el hombre debe ser absolutamente independiente. En consecuencia, observamos que todas las religiones, nuevas o antiguas, hacen esfuerzos por adaptarse a esta tendencia. Tratan incluso de cambiar las formas y el significado de los actos de adoración; adaptándolos y reduciéndolos, de manera que consigan volver a interesar y recaptar el interés de las gentes por los mismos. La segunda tendencia piensa que los modos y actitudes establecidos por la sociedad no han de cambiarse; no por ser beneficiosos, sino porque al acostumbrarse las gentes a los mismos no les es fácil abandonar tales costumbres. También las religiones nuevas y las tradicionales se esfuerzan en adaptarse en sus enseñanzas a esta tendencia, pues son conscientes de que les es imposible resistir a la misma. Consecuentemente, vemos a los seguidores de tales religiones tratando de hacer concordar su condición personal con respecto a asuntos tales como el interés comercial, la separación social de los sexos, la poligamia, etc. Se encuentran revisando los mandamientos de sus religiones respectivas; a fin de conformarlas con las costumbres sociales establecidas de su tiempo. Contrariamente a todos ellos, el Mesías Prometido (la paz y bendiciones de Dios sean con él), basó sus enseñanzas pura y únicamente en las fuentes religiosas y no en alguna corriente moderna de pensamiento. Tal distinción le señala como el verdadero reformador de la época presente, pues no actuó como la corneta del tiempo que suena según las notas que su autor introduce. Se opuso a ambas tendencias de los tiempos actuales, es decir, 1) libertad de los vínculos religiosos, y 2) esclavitud social. Ni abolió la adoración ni la redujo. Por otro lado, reveló al mundo el espíritu y la realidad que existen en la oración y, creando en la mente de la gente un sincero fervor por la oración, reforzó la relación existente entre el hombre y su Creador. No sólo llamó la atención sobre la necesidad de las oraciones obligatorias, sino que exhortó a cultivar el hábito de realizar las que son optativas. Expuso que la oración no es un castigo impuesto al hombre sino un medio cierto de progreso espiritual. Del ayuno, que no sólo había sido abandonado por los seguidores de las demás religiones sino también por los musulmanes cultos de estos tiempos, explicó su filosofía y probó que era indispensable para el avance espiritual. De manera similar, descubrió al mundo el espíritu contenido en los mandamientos divinos respecto a la Peregrinación y el sacrificio, exhortando a la gente a actuar fielmente a tales mandamientos de Dios.

   Liberó a la gente de las cadenas de la esclavitud social y expuso el error de seguir ciegamente las presentes leyes de la sociedad. Demostró la excelencia de las enseñanzas sociales del Islam con razones convincentes. Expuso los males que radican en la entrega y recibo del interés; mostró el beneficio de las ordenanzas islámicas relativas al Pardah o Hiyab, mostró la necesidad de la poligamia en casos determinados y explicó la importancia de la institución del divorcio. En resumen, de manera abierta y vigorosa, defendió las enseñanzas islámicas, respecto a las cuales, los musulmanes se encontraban temerosos de alzar su voz por miedo a oponerse a las ideas prevalecientes actuales respecto a tales asuntos.

   No me voy a referir a las dudas y supersticiones prevalecientes entre la gente inculta que el Mesías Prometido se esforzó en erradicar, porque puede pensarse que el tiempo mismo les iría reformando. Las enseñanzas del Mesías Prometido (la paz y bendiciones de Dios sean con él) expuestas en oposición a las ideas generalmente aceptadas en su tiempo, produjeron, sin embargo, el efecto saludable, de que miles de personas que se sentían en contra de las ideologías prevalecientes ganaran fuerza para pensar y reflexionar, llegando a la conclusión, a resultas de esta meditación imparcial, que las enseñanzas del Islam eran adecuadas en cada aspecto, así como el código islámico era perfecto en todas las materias. Aquéllos que se sentían presa de miles de dudas y malas interpretaciones respecto a la existencia de Dios e incluso quienes se sentían ateos declarados y se habían precipitado al materialismo, obtuvieron una vida nueva a través de él, convirtiéndose en creyentes de Dios Poderoso y Vivo, y sintiendo alegría y felicidad auténticas en su adoración y recuerdo. Hoy presentan este espectáculo a un mundo estupefacto. Sus mentes están iluminadas con los nuevos conocimientos de Occidente, y se encuentran imbuidas de cuanto es beneficioso en el nuevo pensamiento de la época, aunque sus corazones están repletos del amor Divino y sus frentes permanecen postradas ante su Señor. Invierten sus días y noches en la glorificación de Dios y, aunque poseen el más alto conocimiento secular, su fe resplandece por encima de todo y sus vidas son modelos de las verdaderas enseñanzas del Islam.

   El Mesías Prometido liberó a la gente de los vínculos de las leyes sociales de su tiempo y les abrió un camino de libertad y de libre pensamiento, a pesar y en contra de la oposición y hostilidad de los seguidores de todas las demás religiones, sus seguidores se ocupan, día y noche, de la reforma social del mundo, en conformidad con las leyes del Islam. Tratan de transformar la vida de comodidades y lujo en que viven otros, en una vida de reforma, castidad y buenas virtudes. El Mesías Prometido (la paz sea con él) no ha creado fanatismo ni radicalidad religiosa entre sus seguidores, ni tampoco ha hecho del amor a su propia persona la esencia de su religión ni el centro de su estructura, tal como hacen los que pretenden inspirar un espíritu de sacrificio y auto-negación entre la gente a costa de otras nobles cualidades. Asignó a cada cosa su lugar adecuado, y realizó todo tipo de esfuerzos para mantener viva y fortalecer la facultad de la razón en el hombre.

   No obstante su perspectiva racional, sus seguidores se encuentran siempre dispuestos a sacrificar sus vidas y pertenencias por el servicio de la religión. Su ejemplo es similar al de los bendecidos compañeros del Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él), respecto a los que el Santo Corán dice:

   "Hay algunos de ellos que cumplieron el objeto de sus vidas y el deseo de sus corazones y otros que siguen esperando." (Al-Ahzab v. 24)

   Han existido dos ocasiones, en Afganistán, en la que los áhmadis fueron convocados para entregar sus vidas por cumplir la Voluntad de su Señor, y así lo hicieron con una presteza y devoción sin paralelo. He mencionado "dos ocasiones", y quiero significar únicamente aquellas ocasiones en la que a los áhmadis referidos se les exigió, por parte de sus perseguidores, que renunciaran al Ahmadiat para poder salvarse, pero rehusaron hacerlo, aferrándose a la fe que Dios les concedió a través del Mesías Prometido. El número de áhmadis que dejaron sus vidas en  Afganistán, y se dispusieron a ser sacrificados de forma inhumana por su religión, asciende acerca de  una docena.

   Debe observarse que el número de mártires que una comunidad posee, está determinado por muchos factores, siendo uno de ellos el número de oportunidades que se ofrece a dicha comunidad de esta forma particular de sacrificio.

   Sería de poco valor, si, para valorar el espíritu de sacrificio de una comunidad concreta, hubiéramos de fijarnos únicamente en el número de mártires que ha originado, sin tomar en consideración otros muchos factores por los que este número puede ser afectado. Debe así mismo recordarse que el martirio no es el único medio a través del cual pueda realizarse el espíritu de sacrificio humano. Existen otros muchos medios por los que este espíritu puede cumplirse. Ciertamente, hay otros caminos que ofrecen una realización más elevada y más noble que el martirio mismo.

   Volviendo al tema; uno de los dos mártires era Sahibzada Sayyed Abdul Latif (Dios esté contento con él), de Khost, en Afganistán, a quien se tenía en tan alto aprecio en el país, que fue designado para llevar a cabo la ceremonia de coronación del fallecido Amir Habibul-lah Khan. Cuando el Sahibzada Sahib recibió noticias del Movimiento Ahmadía, prestó atención a las mismas, y comenzó a estudiar la literatura del Movimiento. Como resultado de ello, Dios abrió sus ojos, y se afilió al Baiat del Mesías Prometido (la paz y bendiciones de Dios sean con él). Como deseaba ver al Mesías Prometido en persona, obtuvo permiso del fallecido Amir Habibul-lah Khan para realizar la peregrinación, con la intención de visitar Qadián durante el camino. Así llegó a Qadián, vio al Mesías Prometido, y se benefició de su compañía, quedando tan absorbido en el amor por su maestro, que decidió posponer su marcha hacia la peregrinación, y permanecer en Qadián para incrementar su conocimiento y fortalecer su fe. Tras una estancia de algunos meses, se dispuso a regresar a su tierra nativa, señalando, cuando abandonaba Qadián, que sentía que su patria le reclamaba para abrir allí el camino de la aceptación de la Verdad a través del sacrificio de su sangre. "Veo", dijo, "esposas rodeando a mis muñecas, y cadenas en torno a mis pies". Consecuentemente, tan pronto como a su regreso penetró en el territorio del Amir, fue arrestado por orden suya, ya que las noticias de su aceptación del Mesías Prometido habían llegado al país. Al llegar a Kabul se le inquirió si efectivamente había aceptado al Ahmadiat. Admitió que lo había hecho, y tras una larga discusión con los Ulemas, y después de que éstos emitieran Fatwa, al efecto de que debería ser condenado a muerte a causa de su apostasía, el Amir decretó que fuera apedreado hasta morir. Dado que, no obstante, Sahibzada Sahib, por su sabiduría y virtud ocupaba una posición eminente en el país, y contaba con miles de seguidores, el Amir le convocó repetidamente en su presencia y trató de persuadirle de que se retractara y salvara su vida. Sin embargo, en cada una de tales ocasiones, el Amir recibió una inquebrantable respuesta en el sentido de que había encontrado la Verdad y que nunca renunciaría a la misma.

   El Amir ordenó entonces que el Sahibzada fuera torturado para que abandonara su fe en el Ahmadiat, sin que tales intentos sirvieran de nada. Sahibzada Sahib soportó todos los tormentos sin inmutarse, con una presteza y resignación que causaron asombro a todos.

   Finalmente, el Amir ordenó que la ejecución fuera llevada a cabo, por lo que Sahibzada Sahib fue llevado a las afueras de la ciudad, hacia donde el Amir también se encaminó, junto con un gran número de gente, que se reunió para presenciar el espectáculo. Fue excavada una fosa y Sahibzada Sahib fue enterrado en la misma hasta la cintura. De nuevo el Amir se le dirigió y le pidió que reconsiderara su actitud y renegara, pero recibió la misma respuesta; es decir, que ya que había encontrado la Verdad, no podía renunciar a ella. También añadió que el primer jueves después de su muerte, resucitaría de entre los muertos y volvería vivo. Habiéndole resultado imposible que Sahibzada Sahib renegara, el Amir en persona le arrojó la primera piedra, y ésta fue la señal para que un diluvio de piedras le alcanzara de todas las direcciones. No obstante, Sahibzada Sahib permaneció firme y ofreció un aspecto de presteza y felicidad. Finalmente su cabeza quedó hecha pedazos y colgó hacia un lado con el cuello roto, pero sus perseguidores continuaron arrojando una lluvia de materiales sobre él, hasta que todo su cuerpo quedó cubierto bajo un cúmulo de piedras, y el alma de este virtuoso siervo del Señor departió para siempre de su morada terrenal. Posteriormente, la gente regresó a la ciudad y fue colocado un guardián, designado por el Amir, para vigilar el cuerpo del mártir, por temor de que sus amigos intentaran tomarlo para proporcionarle un entierro formal. Pronto, no obstante, llegó el castigo de Dios, y la "resurrección" que el bendecido mártir predijo recayó sobre todos de repente. El jueves siguiente a su martirio, apareció el cólera en la ciudad de Kabul, de forma epidémica, y rápidamente cobró una virulencia extraordinaria. La llegada fue, al mismo tiempo, inusual e inesperada, y se perdieron tantas vidas, que la gente sintió y admitió que la epidemia había llegado en cumplimiento de las palabras agonizantes del mártir. Acontecieron, así mismo, algunas muertes en la familia real.

   Estos hechos han sido simple y escuetamente narrados por un escritor europeo en su libro "Bajo el Amir Absoluto". El autor es Mr. Martin, que en aquel tiempo desempeñaba el cargo de Ingeniero jefe en Kabul. No conociendo al Movimiento Ahmadía, ha deslizado algunos errores en su narrativa, pero, en conjunto, presenta una descripción correcta del hecho, en un lenguaje simple y compasivo. Se resalta su valor, porque Mr. Martin era una persona absolutamente desinteresada.

   El segundo mártir fue Maulvi Abdur Rahman, que fue discípulo de Sahibzada Sayyed Abdul Latif. Su martirio tuvo lugar previamente al de Sahibzada Sahib. Fue conducido inhumanamente a la muerte por su condición de seguidor del Mesías Prometido (la paz y bendiciones de Dios sean con él).

   Además de estos dos mártires ejecutados por orden del Gobierno afgano, acontecieron numerosos casos de áhmadies, que fueron martirizados por la gente fanática del país. Solamente en este último mes llegaron noticias de que dos áhmadis han sido cruelmente asesinados por el pueblo a causa de su fe en el Ahmadiat.

   Aparte de la muerte, muchos áhmadis hubieron de arrastrar penalidades y sacrificios a causa de su fe. En cada una de tales ocasiones mostraron un espíritu de completa resignación a la Voluntad de Dios, y soportaron todo tipo de persecución con paciencia y resignación. Por ejemplo, durante el curso de este mismo año tuvo lugar un levantamiento en Khost contra Su Majestad el Amir de Afganistán. Cuando los rebeldes se vieron a punto de caer derrotados ante las fuerzas del Estado, atacaron furiosamente a los indefensos áhmadis del distrito, y prendieron fuego, reduciendo a cenizas, dos de sus aldeas, con el pretexto de que los áhmadis habían sido los instigadores del Amir en contra suya. Dos o tres veces al año, como mínimo, acontece que la gente incita a los oficiales del lugar en contra de los áhmadis y, confiando en su apoyo, torturan sin piedad a cuantos caen en sus manos. Muchos de los seguidores del Mesías Prometido hubieron de atravesar por las penalidades del encarcelamiento; muchos fueron cruelmente golpeados; muchos fueron sometidos a boicot social e incomodidades; otros muchos fueron asaltados y robados; y algunos fueron sometidos a la vergonzosa situación de tener que cabalgar sobre asnos, con sus caras ennegrecidas, para ser humillados y ridiculizados ante el resto de la gente.

   En el último cuarto de siglo, los áhmadis han padecido estas dificultades y soportado tales persecuciones en Afganistán por causa de su Señor, pero nunca vacilaron en su fe. Se encuentran progresando rápidamente en fe espiritual y en número. Sería, no obstante, muestra de ingratitud, no mencionar, que desde el acceso al trono del presente Amir, Su Majestad Amir Amanullah Khan, la persecución de los áhmadis ha sido oficialmente prohibida, habiendo mejorado sensiblemente la situación. Puesto que, sin embargo, el territorio del Amir está atravesando un período de transición respecto a la estabilidad y disciplina del gobierno; hasta la fecha, dicho gobierno no ha sido capaz de poner fin a la persecución de los áhmadis. Sin embargo, esperamos que si el Gobierno del Amir continúa actuando con espíritu de justicia y equidad, los áhmadis afghanos no sólo serán protegidos de la persecución del Gobierno, sino que también se encontrarán a salvo de la opresión de los oficiales locales de menor rango y del público en general.

   Hasta ahora he relatado la situación de los áhmadis en Afganistán, pero como se podrá ver a continuación, la condición de los áhmadis en la India no es mejor. Es cierto, que bajo el gobierno británico, nadie se atrevía a matar a los áhmadis, pero excluyendo la muerte, han sido perseguidos de distintas formas. Han sido víctimas de robos, engaños y prácticas similares. Han sido sometidos a formas diversas de persecución física, soportando todas estas dificultades con presteza y resignación. La muerte es una gran prueba, pero la que destroza la paciencia de un hombre, es la prueba que le llega lentamente, y perdura por largo tiempo. Los áhmadis indios padecieron ampliamente esta forma de persecución, y una inmensa mayoría de los seguidores del Mesías Prometido hubieron de soportar tal persecución. Son gran número aquéllos cuyos cuerpos llevan las señales de las agresiones recibidas por causa del Ahmadiat. Muchos de ellos fueron arrojados, a la fuerza, fuera de sus casas, y desposeídos de todas sus propiedades y pertenencias.

   Existen casos de muchachos y muchachas en plena adolescencia, que fueron agredidos, expulsados de sus casas y desheredados por sus padres, sin otra falta que haber creído en el Ahmadiat. Con alegría soportaron estas penalidades y permanecieron firmes en su fe. Se han dado casos de áhmadis que fueron obligados a dimitir de cargos oficiales o fueron despedidos con el falso cargo de incompetencia por la malevolencia de los funcionarios indios. A menudo, un áhmadi solitario en una aldea de no-áhmadis ha sido hostigado y puesto en toda clase de aprietos; en ocasiones, siendo agredido cruelmente e insultado; y cuando el asunto llegaba a oídos de la policía, los áhmadis indefensos no podían encontrar a nadie que diera evidencia en su favor de lo ocurrido, de forma que la policía sabía de antemano el caso y la persecución continuaba inalterable. Los cementerios son prohibidos, a menudo, a los áhmadis, y en algunos lugares, los cadáveres de áhmadis han sido vergonzosamente desenterrados y arrojados a los animales para ser devorados. A veces se ha denegado a los áhmadis la utilización de los pozos y manantiales, y se han visto forzados, en ocasiones, a viajar varias millas para encontrar agua potable en tiempo caluroso; ocurriendo en algunos casos que niños y niñas pequeños, incapaces de caminar o hablar hubieron de permanecer sin beber por largos períodos, por tratarse de hijos de padres áhmadis. Este trato les fue dispensado en un país, donde la temperatura diaria alcanza, a veces, los 115 grados Fahrenheit (50º C.) en la sombra. Los comerciantes áhmadis se han visto boicoteados, y las cosechas de los agricultores áhmadis destruidas. Los predicadores y oradores áhmadis se ven apedreados cuando se dirigen a la audiencia y se crean disturbios con la finalidad de evitar que la gente les escuche. Se han dado incluso casos en los que mujeres áhmadis fueron separadas de sus maridos y obligadas a casarse con otros, separando a los hijos de sus padres. Las mujeres áhmadis se han visto agredidas y expulsadas de sus hogares por sus maridos no áhmadis. Los médicos y abogados áhmadis se han visto sometidos a boicot, y hombres pertenecientes a otras profesiones han sido perseguidos de forma similar, y se han visto al borde de la miseria. Pero el Mesías Prometido (la paz y bendiciones de Dios sean con él) ha infundido en ellos tal espíritu y firmeza en la fe, que portan con alegría todas estas pruebas, y a pesar de toda persecución, continúan proclamando abiertamente su fe, y probando con su conducta, que colocan a su fe por encima de todo objeto mundano.

   Las enseñanzas del Mesías Prometido han producido tal efecto sobre los miembros del Movimiento Ahmadía que, aunque no difieren de los demás en su vestimenta o aspecto externo, son fácilmente distinguidos por la gente, siendo ello debido a las cualidades morales que les distinguen de los demás. Su forma de hablar, libre de vulgaridades u obscenidad, su presteza para servir a los demás, su auto-renuncia y la aversión por el engaño, el fraude y prácticas semejantes, les hace sobresalir en todas las reuniones. Cualquier persona que esté familiarizada con su carácter, puede distinguir a un áhmadi en un medio de transporte, en una reunión pública, o cualquier otro lugar de asamblea, a pesar de no conocerle.

   Incluso un áhmadi no instruido se muestra amplia e inteligentemente informado de las cuestiones religiosas. Las enseñanzas del Mesías Prometido han desarrollado una sorprendente transformación en el carácter de los áhmadis: Por un lado, han abandonado la indiferencia e irreligiosidad que se encuentran en todas las partes del mundo; se sienten inspirados de amor por la Palabra de Dios, por Sus Apóstoles y por el Mesías Prometido; se esfuerzan constantemente en convertirse en "espejos" para reflejar los atributos divinos; pasan el día y la noche recordando y adorando a Dios, y anhelan obtener bendiciones espirituales en lugar de beneficios materiales en esta era de competición materialista. Por otro lado, se encuentran inspirados del más elevado espíritu crítico, que les impide aceptar algo que no esté fundado en la razón. Sólo aceptan una exposición racional y tratan de persuadir a los demás a través de la razón de la verdad de sus afirmaciones. No sólo no se oponen, sino que promueven la difusión de la ciencia moderna y el conocimiento. No consideran que la ciencia se oponga a la religión, sino que se encuentra subordinada a ésta. En resumen, mantienen su independencia en todos los asuntos, es decir, que ni creen ciegamente en las aseveraciones de sus ascendientes, ni necesariamente aceptan cada nueva idea como cierta. Comprueban  todo aplicando el criterio del conocimiento y la razón, y sitúan a cada hecho en la posición que le ha sido acordada por Dios.

   Otro maravilloso cambio originado por el Mesías Prometido entre sus seguidores, consiste en que mantienen un nivel educacional mucho más alto que otras comunidades. La proporción de personas instruidas pertenecientes a la Comunidad Ahmadía es mucho más elevada que la correspondiente a otras comunidades de la India, a pesar de que, a causa de su pobreza, los áhmadis no han podido establecer escuelas por sí mismos. Muchos de ellos han iniciado su educación en la edad madura. Las mujeres se muestran tan deseosas de adquirir conocimiento e impartirlo, que numerosos hogares de Qadián se han convertido en escuelas privadas, y mujeres de alrededor de setenta años se ocupan en el aprendizaje de la traducción del Sagrado Corán. Siempre hay presentes en Qadián gran número de hombres y mujeres provenientes de distintos países y provincias para recibir educación. Si existe algún lugar en el que el Oriente y el Occidente parecen haberse unido, tal lugar es Qadián. En otros lugares donde se imparte educación occidental, no existe la educación religiosa, cuya sede es el Oriente, donde, sin embargo, no se presta atención a las ciencias modernas, cuyo centro es el Occidente. Dentro de la comunidad Ahmadía, y particularmente en Qadián, donde se encuentra el núcleo central del Movimiento, ambas están unidas. Aquí, sin duda alguna, contrariamente a la observación de Rudyard Kipling, el Este y el Oeste se han encontrado. Los áhmadis, que ocupan su tiempo en aprender las ciencias occidentales, poseen una fe tan firme en las enseñanzas de su religión, y se encuentran tan consagrados a ella, que el sacrificio de sus vidas, propiedades y hogares por causa de su religión, les resulta insignificante. Aún el más pequeño mandamiento u ordenanza de su fe, lo observan de forma adecuada y sincera.

   Prestan particular atención a los derechos de la mujer, y su liberación de indebidas restricciones, sin actuar de forma contraria a las enseñanzas de su religión.

   Son profundamente tolerantes, en comparación con los miembros de otras comunidades. Consideran superfluas las disputas que constantemente surgen entre los diferentes grupos comunitarios de la India respecto a la observancia de determinadas ceremonias religiosas, y tratan constantemente de inculcar un espíritu de tolerancia entre el resto de la gente. Permiten, incluso, que los oponentes del Islam se les dirijan en sus propias mezquitas, escuchando atentamente a sus argumentaciones y tratando de exponerles sus propios puntos de vista.

   Un cambio muy importante que el Mesías Prometido ha hecho surgir entre sus seguidores radica en que éstos otorgan a la religión prioridad absoluta sobre todas las cosas del mundo. Cada áhmadi considera sus pertenencias como un sagrado depósito que le ha sido confiado por Dios. Quienes han recibido instrucción adecuada de las enseñanzas del Movimiento, contribuyen mensualmente con una sexta parte de sus ganancias a los fondos del Movimiento para fines religiosos y de caridad. Aparte de ello - la suscripción mensual normal - contribuyen así mismo a numerosos fondos similares. Así, cada miembro de la comunidad organizada contribuye con una parte que oscila entre un tercio y un sexto de su sueldo, a los fondos de la comunidad, según el grado de su celo y espíritu de sacrificio. Esto parece tan extraño a los ojos de la gente, que muchos imaginan que la comunidad es muy rica, mientras que otros sospechan que ésta recibe ayuda del gobierno; siendo la verdad que el Gobierno, ni ayuda ni puede hacerlo, y que los áhmadis son tan pobres que quizá no exista otra comunidad en la India que les iguale en cuanto a su nivel de pobreza. Sin embargo, cada uno de ellos con el sacrificio de sus necesidades personales contribuye, en lo que a otros parece una porción importante de sus ganancias, a la reforma religiosa, moral e intelectual del mundo.

   Las mujeres áhmadis no andan tras los hombres en este aspecto. Han demostrado a través de su ejemplo que no les importan los ornamentos o vestimentas, sino que viven por Dios. El año pasado realicé una convocatoria para la construcción de una mezquita en Alemania y pedí a las mujeres de la comunidad que contribuyeran por sí solas en la colecta de los fondos, a lo cual respondieron cientos de ellas vendiendo sus joyas, ornamentos y mejores vestidos a fin de proporcionar su cuota para dichos fondos, que llegaron a superar el doble de la cantidad que se les había pedido que recolectaran.

   En resumen, así de profundo y marcado es el efecto de las enseñanzas del Movimiento sobre cada miembro de la comunidad, hasta el punto de que causa admiración a todos los observadores. Ello es admitido incluso por los enemigos más acérrimos del Movimiento, que tratan de encubrirlo afirmando que se trata de ostentación e hipocresía. ¡Bendita sea tal hipocresía que ha sanado al enfermo y resucitado a los muertos! ¡Ojala que tal hipocresía prevaleciera en todos los lugares del mundo!

   Concluyo el presente escrito con unas palabras.

   ¡Escuchadme, hombres y mujeres! Hemos sido creados por Dios para incorporar Sus atributos en nuestras propias personas y convertirnos en manifestaciones de su Gloria. En tanto en cuanto no alcancemos este objetivo, no podremos proclamar que hemos alcanzado el éxito. ¿Qué valor tiene nuestro progreso material? No significa más que un pasatiempo. ¿Qué beneficio nos proporciona este progreso si desagradamos a Dios y cerramos ante nosotros mismos la puerta del desarrollo espiritual eterno? Podremos realizar grandes inventos, pero si no buscamos el conocimiento que ilumine nuestra vida eterna, nos comportaríamos como el estudiante que invierte su tiempo en el juego y se muestra satisfecho con derrotar a su adversario en los deportes, sin prestar atención al contexto del que depende la reforma de toda su vida.

   La vida auténtica es aquélla que no conoce fin; el placer verdadero es aquél que nunca se destruye, y el conocimiento real es aquél que siempre se incrementa. Por lo tanto, tornad hacia la vida eterna, hacia la alegría inacabable y conocimiento auténtico a fin de que disfrutéis de la paz en esta vida y en la otra y tengáis éxito en la búsqueda del agrado de Dios, alcanzando así el objetivo de vuestra existencia.

   Dios, que ha observado vuestra perplejidad y angustia, ha abierto de par en par la puerta de Su Misericordia, y en persona ha acudido a llamaros hacia Él. Apreciad, por lo tanto Su Gracia y Su Amor y no rechacéis Sus Bendiciones. No desconsideréis ni os alejéis de Sus favores, pues Él es el Creador y Maestro ante Quien el orgullo y la vanidad no sirven de nada. Adelantaos y entrad en el pórtico de Su Gracia a fin de que os alcance Su Misericordia y el manto de Su Gracia os envuelva.

   ¡Oh pueblo de Inglaterra! Dios os concedió honor en este mundo, que incrementó vuestras responsabilidades, pues quien posee mayor parte de sus favores, adquiere responsabilidades más graves. A través de la Gracia divina habéis dominado en distintos océanos a lo largo de centenares de años, de forma que vuestro propio país es conocido como "La Reina de los Océanos", pero ¿habéis prestado vuestra atención, vuestra mirada hacia el Rey, que es origen de todo el honor y Quien os ha elevado a este pináculo? ¿Tratasteis alguna vez de descubrir el océano del Conocimiento divino que surge del corazón del indagador sincero? Os dirigisteis al norte y al sur y explorasteis todas las aguas de la superficie de la tierra y rebuscasteis en las profundidades, pero he aquí que nunca os sumergisteis para sondear la profundidad del Océano del Conocimiento Espiritual, ni tampoco enviasteis nunca expediciones para descubrirlo.

   Habéis recorrido el mundo en busca de tierras, explorando nuevas regiones, y vuestros navíos atravesaron los mares en todas las direcciones, pero nunca salisteis en busca del Amado, Creador de la tierra y el mar. ¿Es sabio recoger las hojas secas que caen de un árbol, despreciando el fruto?

   Os transmito las buenas nuevas de que la Misericordia divina se ha manifestado como se había manifestado cientos de años atrás, en los días de Mohammad (la paz y bendiciones de Dios sean con él), en los días de Jesús de Nazaret, de David, Moisés, Isaac, Abraham y Noé.

   El Sol del Conocimiento ha surgido hoy, al igual que surgió en el tiempo de los profetas anteriores. Por lo tanto, en lugar de permanecer en el aire cerrado de vuestras habitaciones, salid e inhalar el aire fresco y refrescante de la divina Misericordia, en las amplias regiones del mundo del espíritu; e iluminad vuestros ojos con la deliciosa Luz del Sol del Conocimiento Divino, pues tales soles no salen todos los días. Os digo a vosotros y a todos aquéllos que viven en paz bajo la bandera británica: ¡Mirad! la mano de las bendiciones de Dios está sobre vosotros, postraos, pues, respetuosamente ante El".

   ¡Oh país de Gales! Observa tu industria y trabajo y medita cuánto de dicho trabajo se hace por Dios.

   ¡Oh Escocia! Estás orgullosa de tu libertad, pero ¿Diste prueba de tu amor por la libertad tratando de entender y aceptar las palabras de Dios, al igual que hiciste respecto a otros asuntos?

   ¡Oh pueblo de Irlanda! Vuestro celo y patriotismo son proverbiales; sin embargo, ¿Os habéis mostrado igualmente celosos en vuestro amor por Dios? ¿Habéis mostrado el mismo anhelo para obtener el Conocimiento de Dios como lo habéis evidenciado por el logro de vuestro orden doméstico?

   ¡Oh gentes de las Colonias! disponéis de la aptitud y presteza para colonizar nuevas tierras, pero ¿Por qué sois indiferentes a la hora de colonizar la isla de la Sabiduría divina que ha hecho su aparición en el Océano del Conocimiento?

   Os digo de nuevo: Mirad, Dios ha depositado la mano de Sus bendiciones sobre vuestras cabezas; por lo tanto, arrodillaos respetuosamente ante Él, pues Él es el Rey de reyes y Emperador de emperadores. Inclinad vuestra cabeza ante Él, a fin de que Él las bendiga con las dichas de la Fe, al igual que las bendijo con las dichas de este mundo.

   Las bendiciones de Dios son ilimitadas. Él es el Dios de todas las tierras y de todos los pueblos. Su verdadero siervo elude los límites de formas y fronteras; ama ciertamente a su propio país y territorio, pero el alcance de su simpatía excede al radio de su propio pueblo y país. Desea el bien de toda la humanidad y se siente ligado a todos los hombres mediante el vínculo de la fraternidad, que es herencia particular del hombre, ya que todos somos criaturas del Único Dios, Señor de los Mundos. El blanco y el negro, el oriental y el occidental, sus paisanos y los extranjeros, son iguales ante sus ojos. La simpatía por todos y cada uno de ellos se encuentra profundamente enraizada en su corazón, y su pecho rebosa plenitud por amor hacia todos ellos. El es en realidad una verdadera manifestación del Señor de los mundos. Por ello, no limito mis palabras a ningún pueblo o nación en particular, sino que invito a todas las naciones de la tierra al mensaje de aquel Dios que nunca se ha mostrado negligente hacia nadie al distribuir Sus favores, y Quien ha abierto de par en par las puertas de su Misericordia a las gentes de todos los países por igual. Y también digo: ¡Oh gentes de América y Europa! ¡Oh habitantes de Australia y África! y, ¡Oh gente de Asia! Despertaos de vuestro sueño de indiferencia y abrid vuestros ojos, porque el Sol del amor de Dios ha surgido de la tierra desconocida de Qadián para recordarnos a cada uno el Amor del Rey Eterno, que guarda para Sus siervos, a fin de que la oscuridad de la duda y vacilaciones desaparezca; y se aleje la frialdad de la indiferencia y negligencia; que los promotores del vicio, opresión, asesinatos, y toda clase de maldad, que siempre acechan para despojar al hombre de las riquezas de la fe y de la paz, huyan y se oculten en las oscuras cavernas que son su auténtica morada; que los hombres sinceros y santos, que disfrutan vidas celestiales, sobre esta tierra, en la luz de este Sol, destruyan la cabeza de la serpiente que engañó a Adán y Eva, y rompan las venenosas garras de Satán, librando al mundo de su astucia.

   ¡Oh habitantes de las tierras de oriente y occidente! Sentíos optimistas y no os desaniméis, porque el novio que era esperado desde hacía tanto tiempo, al fin ha llegado. No estéis tristes ni apenados, pues no es el tiempo de sentir tristeza, ni aflicción. Al contrario, es el tiempo de la alegría. No es la hora de la desesperación, sino la de la esperanza y expectación. Por lo tanto, adornaos con guirnaldas de santidad y ornamentos de pureza, pues vuestros deseos largamente anhelados han sido cumplidos, y lo que fue deseado a lo largo de siglos, ha acontecido.

   El Señor, vuestro Dios, ha acudido por Sí mismo a vuestros hogares. Vuestro Maestro en Persona desea complaceros. Olvidemos nuestras insignificantes disputas y unámonos ante las manos del Mensajero Bendito de Dios, a entonar los himnos de las alabanzas de nuestro Señor, y los cánticos de adoración. Tengamos tan firme sujeción a Su Manto que nuestro Amado nunca vuelva a estar separado de nosotros. ¡Amén!

   Y nuestras últimas palabras sean: "Que todas las alabanzas sean a Al-lah, el Señor de los Mundos".

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