Mezquita Basharat de la Comunidad Ahmadía del Islam en Pedro Abad, Córdoba, España

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el movimiento ahmadia o la comunidad ahmadia del islam

La Comunidad Ahmadía

El Movimiento Ahmadía del Islam es una organización religiosa de ámbito internacional, establecida en 195 países de África, América del Norte y del Sur, Asia Australia y Europa. En la actualidad su número total de miembros Ahmadis supera las decenas de millones en todo el mundo, y estas cifras se incrementan diariamente. Es la agrupación musulmana más dinámica de la historia moderna. El Movimiento Ahmadía del Islam fue fundado en 1889 por Hadhrat Mirza Ghulam Ahmad (1835-1908) en una pequeña y remota aldea, Qadian, situada en el Punjab, (India). Hadhrat Mirza Ghulam Ahmad afirmó ser el Reformador y Mesías esperado de los Últimos días, el Esperado por todas las comunidades religiosas del mundo (el Mahdi y el Mesías). El Movimiento que inició es un compendio del mensaje conciliador del Islam: paz, hermandad universal y sumisión a la Voluntad de Dios, en su pureza original. Hazrat Ahmad declaró que el Islam era la religión del hombre: “La religión de la gente del camino recto” (98:6)

Con esta convicción, el Movimiento Ahmadía, fundado por el Mesías Prometido en un solo siglo, ha llegado a todos los rincones de la Tierra. Dondequiera que el Movimiento se establece, intenta ejercer una influencia islámica constructiva a través de proyectos sociales, instituciones educativas, servicios sanitarios, publicaciones islámicas y construcción de mezquitas; y ello a pesar de sufrir una dura persecución en diversos países. Los musulmanes áhmadis se han ganado la distinción de ser considerados una comunidad pacífica, respetuosa con la ley, perseverante y humanitaria.

El Movimiento Ahmadía del Islam fue fundado por el Mesías Prometido bajo la guía divina con el objetivo de rejuvenecer los valores islámicos morales y espirituales. Favorece y estimula el dialogo interreligioso y se esfuerza en defender al Islam, corrigiendo los malentendidos existentes sobre esta religión en Occidente. Aboga por la paz, la tolerancia, el mutuo afecto y el entendimiento entre los seguidores de distintas religiones. Cree firmemente y actúa de acuerdo con la enseñanza coránica: “No ha de existir coacción en la religión” (2:257) y condena tajantemente la violencia y el terrorismo sea cual sea su forma u origen.

El Movimiento ofrece una presentación clara de la sabiduría islámica, su filosofía, su moral y espiritualidad tal y como se desprende del Santo Corán y de la práctica (Sunnah) del Santo Profeta del Islam, Mohammad, (la paz y bendiciones de Dios sean con él). Algunos miembros áhmadis como el difunto Sir Muhammad Zafrullah Khan (primer ministro de Asuntos Exteriores del Pakistán, Presidente de la 17ª Asamblea General de la O.N.U.; Presidente y Juez del Tribunal de Justicia de la Haya) y el Dr. Abdus Salam (Premio Nobel de Física en 1979) también han sido reconocidos por la comunidad internacional por sus brillantes éxitos y servicios.

Tras el fallecimiento de su fundador, el Movimiento Ahmadía ha sido liderado por sus sucesores elegidos (Jalifas). El líder actual del Movimiento, Hadhrat Mirza Masrur Ahmad, fue elegido en el año 2003. Su título oficial es el de Jalifatul Masih V.

 
Temas

¿Qué es el Movimiento Ahmadía del Islam?
Centenario del Jalifato Ahmadía
Un Estudio sobre el Movimiento
Documental de la Comunidad ahmadía
una comunidad un lider

 

¿Qué es el Movimiento Ahmadía del Islam?

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Cada día que pasa, más gente se pregunta ¿qué es realmente el Movimiento Ahmadía? ¿Por qué se está extendiendo con tal rapidez y velocidad por todos los continentes del mundo? ¿Quienes son esa gente que hablan de Dios y del Islam y afirman ser verdaderos musulmanes, y, sin embargo, son repudiados por muchos otros musulmanes? Hablan de paz, amor, servicio a la humanidad ¿Con qué sentido? ¿Quién controla y dirige este movimiento? ¿Qué hay de sus finanzas? Todas estas cuestiones y otras muchas son a menudo formuladas, en ocasiones por pura curiosidad y otras veces con disgusto e incluso con odio. Dado que existe una gran cantidad de desinformación al respecto, vamos a intentar responder brevemente a algunas de tales preguntas.

    En primer lugar y en lo que se refiere a Dios Todopoderoso, efectivamente, hablamos de Dios, de Al-lah, puesto que El es el motivo y el objeto del Movimiento Ahmadía del Islam, o de forma más breve, del Ahmadíat. También porque nuestro Dios es un Dios Vivo, es el Dios del Santo Profeta Mohammad sa* , el Dios de todos los Profetas, y el Dios del Mesías Prometido y Mahdi: el Profeta de estos últimos días y Fundador del Movimiento. Ciertamente, nuestro Dios es el Dios del Santo Corán. Creemos en Él, en Sus Profetas, en Sus ángeles y en el Día del juicio.

  "Declara: ¡El es Al-lah, el Único!, Al-lah, el Independiente e implorado por todos. No engendra ni es engendrado. Y no hay nadie igual a Él" (El Santo Corán 112: 2-5)

  "Este Mensajero Nuestro cree en lo que le ha sido revelado por su Señor, y así hacen los creyentes; todos ellos creen en Al-lah, y en Sus ángeles y en Sus Libros y en Sus Mensajeros, diciendo: "No hacemos distinción alguna entre ninguno de Sus Mensajeros; y dicen: "Oímos y obedecemos, Imploramos Tu perdón, y hacia Ti es el regreso" (El Santo Corán 2: 286)

  "Y no es propio del hombre que Al-lah le hable, excepto por revelación, o tras un velo, o enviándole un mensajero para que le revele con Su mandamiento lo que desee. En verdad, Al-lah es el Altísimo, Sabio" (El Santo Corán 42:52)

    Damos testimonio de que El es ciertamente el Dios Vivo que habla a los profetas y a los santos y, a veces también, si lo desea, a los pecadores. Habló en el pasado y habla también ahora. No creó al hombre y lo arrojó al universo para que aprendiera a valerse por sí mismo y tratara de encontrar su lugar. Al contrario, envió profetas a todos los pueblos y naciones para guiar a la humanidad por el camino adecuado. Creemos en todos los Profetas como parte fundamental de nuestra fe. Éstos profetas fueron enviados a pueblos señalados en épocas determinadas, pero cuando la humanidad alcanzó su momento de madurez, llegó el tiempo de un gran advenimiento: el advenimiento del Santo Profeta Mohammad sa.

  "Di, Oh humanidad: en verdad soy un Mensajero para todos vosotros procedente de Al-lah, a Quien pertenece el reino de los cielos y de la tierra..." (El Santo Corán 7: 159)

    De esta manera el Islam no sólo transforma la multiplicidad en unicidad y la discrepancia en armonía, sino que, con la Llegada del Santo Profeta, la religión revelada se convierte en un proceso evolutivo comprensible, que encuentra su culminación en la persona augusta del santo Profeta Mohammad sa. Con la Gracia de Dios, y en cumplimiento de las profecías hechas por su santo Maestro y Mentor (el Santo Profeta), el Fundador del Movimiento Ahmadía redescubrió en ésta época el Islam del Profeta en su pureza más originaria, y ésta fue su misión fundamental. Dice el Santo Fundador del Movimiento Ahmadía:

  "Oh, todos los que moráis sobre la tierra y, Oh, todas las almas humanas que hay en Oriente y en Occidente: Os anuncio categóricamente que la verdadera realidad sobre la tierra es sólo el Islam y el verdadero Dios es el Dios descrito en el Corán; y que el Profeta que posee vida espiritual eterna y que está instalado en el trono de gloria y santidad es Mohammad sa, el elegido, la paz sea con él. La evidencia de su existencia espiritual y su santa majestad se halla en que, siguiéndole y amándole, nos convertimos en receptores de la santa gracia de conversar con Dios y ser testigos de los signos celestiales". (iyaq-ul-Qulub, Ruhani Jazain vol.15 p.141)

    El advenimiento del Santo Profeta sa fue y sigue siendo el suceso único más grandioso que haya ocurrido u ocurra nunca en la historia. Todas las religiones convergieron y se fusionaron para formar una sola religión universal por orden divina. El Santo Corán, en añadidura a su propio tesoro de Verdad eterna, también incorporó las verdades contenidas en las escrituras anteriores, y ordenó la creencia en todos los Profetas. Fue y sigue siendo la guía para todos los tiempos y toda la humanidad. En manos de el Santo Ejemplo sa el mundo ya ha visto el milagro de la revolución moral y espiritual más grande de todos los tiempos, que transformó a verdaderos bárbaros en santos.

    Sin embargo, el Santo Profeta sa profetizó, con pesar, que en un momento dado, en los últimos días, sus seguidores se alejarían del camino recto y se hundirían en las mayores profundidades de la degradación. En ese momento, Dios, con Su Infinita misericordia haría que apareciera el Mesías Prometido y Mahdi para salvar a la humanidad y hacerla retornar a Dios y al Islam.

    Ciertamente, al igual que los musulmanes, también los seguidores de todas las grandes religiones: judíos, cristianos, hindúes, budistas y otros, aguardaban con anhelo el advenimiento del Reformador Prometido que estaba anunciado en sus propias Escrituras. Las condiciones eran las apropiadas para que apareciera el Reformador Prometido.

    Amigos: debéis tener en cuenta de que, tal como hemos señalado, este advenimiento del Mesías Prometido y Mahdi y, ciertamente, del Reformador Prometido de todas las religiones, ya ha tenido lugar en la persona de Hazrat Mirza Ghulam Ahmad (1835-1908) de Qadián, una aldea remota del norte de la India. Por mandato divino y en cumplimiento de las profecías concernientes al Reformador Prometido, estableció en 1889 lo que hoy es el dinámico Movimiento mundial Ahmadía del Islam. Como hijo espiritual y discípulo del Santo Profeta sa, recibió el encargo de Dios de redescubrir y restaurar el Islam a su pureza originaria y, de inmediato, reunificar y representar a todas las religiones reveladas. También anunció que él era el Mahdi Prometido y el Mesías, y que el anterior Mesías, el hijo de María, nunca vendría de nuevo; pues tras el episodio de la cruz, murió de una muerte natural y su alma descansa en paz en el cielo. También anunció que Dios sigue hablando en la actualidad y que él era receptor de la comunicación divina.

  "Juro por Dios, que es el Custodio de mi vida que es Él quien me ha enviado, me ha nombrado Profeta, y me ha nombrado el Mesías Prometido. Ha mostrado grandes Signos para apoyarme, que superan los 300.000 en número" (Apéndice a Haqaiatul Wahi, Ruhani Jazain vol.22, p. 503)

    Como era de esperar, su declaración de ser el Mesías Prometido y Profeta de estos últimos días, fue recibida con voces de horror y rechazo. Los musulmanes, los cristianos, los clérigos y los laicos, unieron sus manos para cortar de raíz lo que consideraban maléfico. La oposición al Movimiento continúa infatigable, sin perder intensidad. Incluso gobiernos e instituciones tomaron buenas medidas para unirse a la persecución, o mejor dicho, la guerra, contra el Movimiento. Durante los últimos cien años se han hecho todos los esfuerzos posibles para aplastarlo. Los áhmadis han sido lapidados (como en Afganistán), linchados públicamente y asesinados. Sus hogares han sido saqueados e incendiados. Se les han denegado sus derechos humanos elementales de creer, expresarse y practicar su fe, como ha ocurrido en el Pakistán. Allí se ha declarado oficialmente a los áhmadis "no-musulmanes" y se les ha prohibido denominar "mezquitas" a sus lugares de oración o recitar el "Azán" (la convocatoria a la oración); ni siquiera se les permite saludar a la manera musulmana. Se ha emprendido una campaña de odio, represión y caza de brujas, con el apoyo y complicidad oficial, de tal magnitud, que el actual Jefe Supremo del Movimiento hubo de exiliarse de ese país al encontrarse con la imposibilidad de llevar a cabo las responsabilidades inherentes a su cargo espiritual.

    Desde su nacimiento y a pesar de la hostilidad organizada y de los métodos tortuosos con las que la oposición actúa en su contra sin trabas de ninguna clase, el Movimiento ha continuado atrayendo a su entorno a gente noble y valiente, dispuesta a pagar el precio de la verdad. Cuando el Santo Fundador fue llamado por su Creador en 1908, mucha gente pensó que el Movimiento languidecería y llegaría un momento que desaparecería. Pero cada día, desde entonces, ha continuado creciendo bajo el liderazgo elegido y divinamente bendecido de los tres primeros sucesores del Santo Fundador. El actual cuarto Sucesor, elegido al igual que sus nobles predecesores, es también el Escogido de Dios y la Voz destacada de la época. Por la Gracia de Dios y bajo su guía inspirada, el Movimiento ha progresado de manera espectacular y sin precedentes. Las compuertas de la Gracia Divina parecen haber quedado completamente abiertas. Gentes de todo el orbe acuden en masa para unirse a su vínculo en cifras progresivamente crecientes, tal como exponen las tablas adjuntas. A título de ejemplo, sólo durante el año pasado, once millones de nuevos conversos se unieron al Movimiento y éste año el número de nuevos fieles superó los cuarenta millones. La Yamaat Ahmadía está presente hoy día en 170 países de la tierra. La Televisión Musulmana Ahmadía (MTA) emite enseñanzas islámicas 24 horas al día a todo el mundo. El Movimiento ha llevado el mensaje textual del Santo Corán a la mayor parte de la humanidad a través de la publicación de las traducciones del Santo Libro a las 53 lenguas principales del mundo. El Movimiento también ha prestado enorme atención al desarrollo social de los sectores atrasados de la humanidad, poniendo en marcha programas importantes de educación y salud en diversas naciones de África. Estáis todos invitados cordialmente a encontrar por vosotros mismos la verdad sobre el Movimiento. Si deseáis responder a la llamada Divina y uniros a nosotros, os daremos la bienvenida como hermanos y hermanas añorados. Pero recordad que unirse al Movimiento exige una fe lúcida, compromiso y sacrificio. No es nada parecido a hacerse socio de un club o miembro de una expedición. Nada mejor que recordar lo que el propio Mesías Prometido y Mahdi dijo al respecto:

  "No debéis contentaros con realizar el pacto del Ba'at de manera manifiesta, pues eso sólo no sirve de nada. Dios mira vuestros corazones y os tratará en consecuencia..."(Kashti Nuh, Ruhani Jazain, vol.19 p.18)

  "Dios me ha enviado al mundo para que por medio de la bondad, la gentileza y la humildad, atraiga hacia Dios y hacia su Santa Guía a las gentes que se hallan inmersas en el error, y les haga caminar por el camino de la virtud, hacia la luz que me ha sido concedida..." (Tiryaq-ul Qulub, Ruhani Jazain, vol.15 p. 143)

  "Vuestros corazones deben ser purificados de engaño, vuestras manos deben ser inocentes de cualquier daño, vuestros ojos deben encontrarse libres de impureza y no debe haber otra cosa dentro de vosotros que la verdad y la simpatía por la humanidad..." (Tabligh-e-Risalat, vol. 7 p.44)

  "La esencia del Islam tiene dos aspectos. En primer lugar, que Dios Todopoderoso se convierta en el Objeto de la adoración, en el verdadero Anhelo y Objeto de Amor, y que nadie sea asociado en Su adoración, en Su devoción y en Su esperanza...El segundo aspecto, relativo a la consagración de nuestra vida a la causa de Dios Todopoderoso, consiste en que nos dediquemos al servicio de Sus criaturas y a simpatizar con ellas, compartiendo sus cargas y sus aflicciones..." (Ayina-e- Kamlat-e-Islam, Ruhani Jazain, vol. 5 p. 60)

  "Si os hacéis de Dios, estad seguros de que Dios será vuestro. Estaréis durmiendo y Dios Todopoderoso permanecerá despierto por vosotros. Estaréis desatentos al enemigo pero Dios lo vigilará y frustrará sus planes...Dios es un tesoro preciado, valoradlo pues como es debido. Pues El es vuestro Socorredor en cada paso que dáis..." (Kashti Nuh, Ruhani Jazain, vol.19, p.22)

    Finalmente, nos atrevemos a pediros que ignoréis la desinformación y las mentiras propagadas por los clérigos extremistas y otros grupos afines: acudid a las fuentes para conocer la verdad. Recordad que somos un movimiento abierto y público que no tiene nada que ver con el esoterismo. Nuestros miembros, hombres, mujeres y niños tienen sus propias organizaciones sectoriales en razón de sus grupos de edad, filiales de sus homólogas a nivel nacional e internacional. Además, cada miembro contribuye con una parte de sus ingresos a los fondos del Movimiento con el fin de ayudar a financiar los vastos sistemas de organizaciones locales, nacionales y globales; hospitales, imprentas, editoriales, traducciones, convenciones, etc. Las finanzas del Movimiento son auditadas periódicamente y sus presupuestos requieren la aprobación correspondiente a escala local, nacional e internacional. Se puede contribuir en efectivo y también en especie. También se puede consagrar la vida al servicio de la humanidad, de forma parcial o completa. También es posible consagrar a los hijos al servicio de Dios y de las personas, sujeto siempre a la confirmación o denegación del niño de este deseo de sus padres cuando llega a la madurez. Pero es importante saber y recordar que -mientras tengamos el valor y la fortuna de permanecer fieles-, no es suficiente creer sino que también es preciso actuar y vivir la verdad, el verdadero Islam. Se nos exige cumplir las cinco oraciones diarias, recitar cada día el santo Corán, invocar las bendiciones divinas a favor del Santo Profeta (la paz sea con él) etc.

  "Dios es un gran bien. Para encontrarle, debéis estar dispuestos a enfrentaros con la desgracia...Sed constantes en la oración, pues la oración es la clave para poseer la buena ventura...Sed sinceros y veraces pues el Dios Veraz está observando vuestros corazones. Puede el hombre acaso engañarle? (Izala-e-Oham, Ruhani Jazain, vol.4, p.549)

    Por último, aunque no menos importante, recordamos a todos los miembros -antiguos y nuevos- que como muestra de gratitud profunda a Dios, debemos cultivar una relación viva, de sincero respeto y estima, con el Jefe Supremo (que Dios le dé larga vida). Mantenéos en comunicación con él, orad por él y conseguid sus oraciones que, de todas maneras, son para vosotros, aunque no las solicitéis.

 
Año Número de nuevos conversos
1994-1995 845.294
1995-1996 1.602.721
1996-1997 3.004.584
1997-1998 5.004.591
1998-1999 10.820.226
1999-2000 41.308.975
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La Comunidad Musulmana Ahmadía celebra el aniversario del Jalifato

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Dios, el Señor de todos los poderes, concede su ayuda al Jalifato Ahmadía

Los miembros del Comunidad Musulmana Ahmadía en todo el mundo celebran hoy el centenario de su sistema de guía espiritual conocido como "califato". Este sistema ha existido desde el fallecimiento del fundador de la Comunidad en 1908. Bajo este sistema los musulmanes Ahmadis en todo el mundo se han unido bajo la dirección y orientación del 'Califa' que es la lider de la Comunidad en todo el mundo. La unidad total de la Comunidad Ahmadía lo hace único entre todos los grupos musulmanes.

Hadrat Mirza  Masrur Ahmad es el Jalifa actual, que fue elegido para dirigir a la Comunidad en abril de 2003. Aunque tiene su residencia en Londres, siempre está accesible a todos los musulmanes Ahmadis  en todo el mundo a través de  sus sermones y sus diversas giras.

En su sermón del viernes en Mayo del 2008 su Santidad habló sobre el centenario al afirmar que el propósito del Jalifa es  continuar con el trabajo de un profeta. Así, tras el fallecimiento de Hazrat Mirza Ghulam Ahmad de Qadian, el fundador de la Comunidad Ahmadía del Islam, el sistema de califato fue restablecido.

Hablando sobre las bendiciones del Jalifato, dijo:

"Los temores y dificultades de los que se quedan cerca del Jalifa se transformarán en  paz y tranquilidad ... Hoy en día si nos fijamos en la mayoría del mundo musulmán, os daréis cuenta de que la gran mayoría de los musulmanes están llenos de confusión y ansiedad. Que Dios conceda a la comunidad musulmana  la capacidad de reconocer la verdad. "

Su Santidad dijo que la Comunidad Musulmana Ahmadía había sufrido persecuciones terribles desde sus inicios, pero a pesar de ello continuó progresando y teniendo éxito. Dijo:

"En la actual era del quinto Jalifa, los celos y la oposición a nuestra comunidad ha llegado a un extremo sin precedentes. Inocentes musulmanes Ahmadis están sometidos a los ataques más crueles y violentos. Pero a pesar de todo esto Dios, el Señor de todos los poderes, concede su ayuda al Jalifato Ahmadía. Y por lo tanto los planes y los ataques de los adversarios de esta comunidad seguirán viéndose frustrado, si Dios quiere. "

 El Sermon del Viernes de Hadrat Mirza Masrur Ahmad se emitio en directo a todo el mundo a través de la cadena de televisión MTA Internacional.

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Un Estudio sobre el Movimiento

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El Ahmadía: una Introducción

Este escrito recoge una conferencia pronunciada por el Profesor Louis J. Hammann en la Conferencia Anual de la American Academy of Religions que tuvo lugar en Canton Upper State de Nueva York y en un Seminario de la Universidad de Pennsylvania en Filadelfia. El Profesor Hamman es un notable especialista en el estudio religioso comparativo. Trabaja en la actualidad como Profesor de Religión en la Universidad de Gettysburg y se graduó en las Universidades de Yale, Pennsylvania y Temple. Es miembro de la Iglesia Unificada de Cristo. En el año 1983 visitó Qadián y Rabwah, sede internacional de la Comunidad Ahmadía del Islam, y realizó un estudio detenido del Ahmadiat y de su fundador, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad. Este folleto es el resultado de dicho estudio en el que explica intrincadas cuestiones de forma clara y lúcida, lo cual refleja una destacada capacidad que le ha sido otorgada por Dios. Se trata de uno de los trabajos más relevantes escritos sobre el Ahmadiat por un observador imparcial.

Prefacio

El Ahmadiat es lo que podríamos llamar una secta mesiánica del Islam. A fin de evitar lo que yo llamaría "el síndrome del jarro de agua fría", voy á realizar unos breves comentarios preliminares. Dicho prólogo evitará la confusión y el choque de la inmersión en el mundo desconocido del Islam del siglo diecinueve.

No tengo idea de cuantos lectores han oído hablar del Movimiento Ahmadía del Islam. Como veremos más adelante, el Movimiento se originó cuando un musulmán devoto, residente en el Punjab, declaró en 1889 que era el Mehdi y el Mesías. En aquel momento, sus experiencias de revelación que se remontaban al año 1876, cuando Mirza Ghulam Ahmad tenía 41 años de edad, llegaron a un punto álgido. En ese momento dramático, una personalidad piadosa y consagrada llegó a la cima de la auto-realización. Desde entonces y hasta el momento de su muerte, Hazrat Ahmad fue la energía humana y profética que condujo a lo que sus seguidores sienten como el renacimiento del Islam.

El Ahmadiat es un movimiento misionero que ha congregado a 10 millones de fieles desde Indonesia y Malasia al Pakistán, y del África Central y Occidental, hasta las Américas. En la actualidad, la estructura institucional se encuentra localizada en el centro del Pakistán, en la ciudad de Rabwah. El jefe actual del Movimiento es el cuarto desde la muerte del Mesías Prometido. Se llama Mirza Tahir Ahmad y es uno de los nietos del fundador. A comienzos de 1984, Hazur, como es cariñosamente denominado, se trasladó a Londres, cuando las presiones contra la Comunidad en el Pakistán comenzaron a incrementarse. Las bases legales de la estrategia del gobierno consistieron, en primer lugar, en una enmienda constitucional promulgada en el año 1974, por la que se declaraba a los ahmadis "no-musulmanes". Más recientemente, en abril de 1984, el gobierno establecía un decreto que declaraba:

“...se prohíbe a los ahmadis, bajo pena de castigo, que directa o indirectamente, se denominen a sí mismos musulmanes o denominen "mezquita" a su lugar de oración, o utilicen el Azan -la forma musulmana de convocar a la oración- como forma de convocatoria para el mismo propósito. Tampoco pueden propagar su religión mediante palabras, escritos o representaciones visibles, con la intención de convertir a otros. Se prohíbe asimismo utilizar la nomenclatura o denominaciones asociadas a la figura del Santo Profeta o su familia a cualquier miembro de la Comunidad Ahmadia o similares”. (1)

John Expósito ha editado una publicación cuyo título es Voces del Islam Resurgente. Este, junto con otros libros actuales, tienden a presentar al Islam como una religión recientemente vigorizada y que no merece, si alguna vez así ocurrió, la imagen estereotipada del violento e irracional merodeador del desierto. En lugar de tales simplificaciones, debemos tratar de entender que el Islam es un fenómeno tan complicado como lo es el Cristianismo. Las simplificaciones plastificadas de la religión cuya raíz es el Santo Corán son simplemente inadecuadas. Pero ¿de qué forma podemos cambiar nuestras mentalidades como observadores, especialistas y maestros, cuya profesión consiste en entender las diferentes experiencias religiosas que ocupan a la comunidad humana?

Debemos prestar atención a la historia de las tradiciones religiosas, pero también debemos familiarizarnos con la realidad presente. Si tales son nuestras motivaciones, el Ahmadiat merece un cuidadoso examen. A través de él podemos acercarnos al Islam como fenómeno histórico y realidad contemporánea.

El Ahmadiat posee la ventaja de estar bien documentado. Sus seguidores, además, están deseosos y son capaces de presentar al Movimiento como experiencia personal y causa histórica. Están asimismo convencidos del mandamiento Coránico de que no existe coacción en la religión. En el Ahmadiat podemos apreciar la piedad musulmana y sentir la viabilidad del Islam como fuerza poderosa en el mundo moderno.

El Movimiento Ahmadía del Islam

La mitad del siglo diecinueve fue una época de gran efervescencia religiosa e intelectual. Las ciencias naturales y sociales se estaban gestando, mientras que las grandes tradiciones religiosas estaban a punto de ebullición.

Metáforas aparte, la transición del siglo 19 hacia las maravillas y horrores del siglo 20, quedó marcada por movimientos de renovación y cumplimiento de comunidades religiosas en todo el entorno mundial. Son bien conocidos los programas de restauración y el resurgimiento de las visiones apocalípticas en el Cristianismo occidental. Lo que no es tan bien conocido es el hecho de que el mundo islámico presenció movimientos en los que profecías coránicas y de otras escrituras se vieron cumplidas.

Se había extendido la convicción de que la carrera histórica de la humanidad se estaba aproximando a un umbral. No era, sin embargo, caprichosa, esta interpretación. Si bien es cierto que uno puede justificar la convicción de que dicho suceso-umbral estaba comenzando, bien a través del análisis histórico o de la exégesis de las visiones proféticas, debió parecer entonces algo inevitable. No podemos y tampoco necesitamos resolver el dilema de si se trataba de un proceso histórico, de la intervención divina, o de una cooperación oculta de las dos modalidades la que estaba conduciendo al mundo a una crisis. Aparentemente, en los círculos religiosos tradicionales, estaba extendida la convicción de que la nueva era de la transformación social, política e intelectual se hallaba acompañada de una declinación en los valores morales y espirituales. La nueva era de la industria y de la ciencia requería que los humanos sacrificaran sus relaciones transcendentes a las deidades inmanentes de la nacionalidad y la prosperidad. Dado que las visiones que guiaban a los seres humanos en comunidad estaban siendo secularizadas, los impulsos religiosos trataron de resistir en numerosos frentes. La comunicación interhumana y el comercio estaban usurpando el lugar de una deseada comunión con Dios. No sólo cambiaba el mundo sino que estaba cambiando el propio cambio. Tendencias de largo alcance estaban moviendo a la civilización y a la cultura de manera irresistible hacia un momento crítico, fuera del cual no serían efectivas las opciones de conservación y preservación. A medida que surgía la nueva era, ¿podría relucir el sol sobre un mundo ateo que había sacrificado la devoción y la piedad por las nuevas deidades inmanentes del progreso y el proceso racional? Existían muchos que no podían aceptar tal perspectiva.

Creo, sin embargo, que no fueron estas propensiones negativas las que condujeron a Mirza Ghulam Ahmad a su misión profética. Es igualmente dudoso que Hazrat Ahmad hubiera actuado simplemente por juicio crítico o circunstancias materiales cuando hizo su declaración de que era el Medhi de la época. Es decir, que ni era un agorero popular movido por una depresión personal ni se estaba imaginando el Apocalipsis en la forma en que los periodistas (e incluso historiadores) reflejan las corrientes de opinión en las páginas de nuestros periódicos. Desde su propia perspectiva y desde la del Movimiento que fundó, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad respondía a la revelación. Según reflejan casi todos los relatos, era un hombre de profunda piedad personal. Sus profecías y expresiones parecen las propias de un alma en comunión con el Dios vivo.

Como especialistas, tendemos a observar las causas circunstanciales de la conducta de la persona, y desde los últimos 100 años o algunos más, los investigadores estudian las raíces psicológicas de la experiencia religiosa. No obstante, existe también la declaración que surge en la órbita de un movimiento religioso determinado y que puede no corresponder necesariamente a un prejuicio. Lo que Hazrat Ahmad pensaba de sí mismo y lo que sus seguidores pensaron sobre él está bastante claro. Su apreciación de la degradada situación de la creencia y piedad musulmana no era una simple estimación de la situación presente a los ojos de un observador sensible. Sus afirmaciones de ser un profeta en aquellos últimos días no parecen obedecer a simples rasgos psicológicos peculiares. Al contrario, él sintió o supo en lo recóndito de su mente que "disfrutaba de una perfecta comunión con Dios Todopoderoso"'. No hay contradicción en el fundamento de revelación de dicho auto-conocimiento. Tal confianza en la autenticidad de la revelación ha sido siempre la base de la fuerza del Ahmadiat, a la vez que el motivo de la hostilidad exhibida en contra del Movimiento por parte de los mullahs del Islam ortodoxo.

Pero quizá deberíamos dirigirnos a los comienzos del Movimiento Ahmadía del Islam, a fin de conocer el sentido de la dinámica original que, a lo largo de los últimos cien años, ha supuesto un incentivo peculiar para los 10 millones de personas que pertenecen a éste DAR AL ISLAM.

El fundador del Ahmadiat nació en una pequeña ciudad del Punjab en 1835. Qadian se encuentra a sólo 30 ó 40 millas del este de Amritsar, el centro del templo dorado de los Sikhs, que a mediados del año 1984 se convirtió en centro de la atención mundial. Allí, en un área donde las tradiciones religiosas antiguas y recientes conviven en tenue alianza, nació Mirza Ghulam Ahmad. Andrew Jackson era presidente de los Estados Unidos. Dos años antes, Joseph Smith había fundado la Iglesia de los Santos de los Últimos Días. Luis Felipe era el monarca constitucional de Francia. Dos años después del nacimiento de Ahmad, Victoria, que contaba 18 años, se convirtió en reina de Gran Bretaña. Chopin se encontraba en la cima de su carrera; y un año antes, había muerto Friedrich Schleiermacher.

Sin embargo, hasta que no cumplió los 41 años (1876), Hazrat Ahmad no comenzó a recibir las revelaciones que finalmente le llevaron a la convicción de que el Mehdi se había hecho presente en su persona. "Posteriormente", afirma Zafrullah Khan, “le fue revelado que él era, asimismo, el Mesías Prometido; siendo, en verdad el Profeta cuyo advenimiento habían profetizado las principales religiones del mundo”. El fue “el Campeón de Dios en el manto de todos los Profetas”(2).

Desde su declaración de Mesías Prometido hasta su muerte el 26 de mayo de 1908, su actividad profética no cesó. Dirigió un movimiento cuyos fieles llegaron a contar varios millares; por lo que en 1906 estableció la Asociación Central Ahmadía con el fin de administrar los asuntos prácticos del Movimiento. Durante los primeros años del Movimiento Ahmadía, el propio Ahmad, era conducido con frecuencia a debates públicos, enfrentándose a otros líderes religiosos y pretendientes mesiánicos, que dejaron intacta su inspirada auto-confianza. Sus adversarios y retadores variaban desde líderes del Arya Samaj hasta clérigos cristianos de la India y de los Estados Unidos. A pesar de todos los conflictos personales a que fue sometido como pretendiente del cumplimiento profético, fue, de forma continua, el agente de mandamientos revelatorios cuyo propósito era la promoción de la causa del Islam en la nueva era que se avecinaba.

Todas sus energías humanas, como creen sus seguidores, estaban centradas en la causa única de que, con este renacimiento del Islam, se veía cumplida la aspiración espiritual de todas las religiones del mundo. Sin embargo, no era el portador neutral de este mensaje. Su rol personal no quedaba sumergido incidentalmente en la realización del plan de Dios. Por el contrario, su destino personal era personificar los procesos de la historia divina y no anunciar simplemente su cumplimiento. Entre otras muchas declaraciones de Hazrat Ahmad que dan evidencia de esta certeza por su parte, se encuentra la siguiente:

... me ha sido hecho manifiesto, a través de la Revelación divina, que el Mesías, cuyo advenimiento entre los musulmanes había sido prometido desde el comienzo, y el Mehdi, cuya venida había sido decretada por Dios en el tiempo del declinamiento del Islam y de la difusión del error, y que había de ser guiado directamente por Dios, y que había de invitar a la gente a participar del festejo Divino, y cuya venida había sido anunciada por el Santo Profeta -la paz sea con él- hace trece siglos, era yo mismo. La Revelación Divina, en este sentido, me fue comunicada de forma tan clara y continuada que no dejó resquicio a la duda. Se hallaba repleta de grandes profecías que se cumplieron tan claramente como el día radiante. Su número, frecuencia y poder milagroso me mueven a afirmar que comprende las palabras del Dios Único, libre de copartícipe, Cuya palabra es el Sagrado Corán (3).

Para conseguir el agrado de Al-lah, os informo a todos, por lo tanto, del hecho fundamental de que Dios Todopoderoso, en el comienzo de este catorceavo siglo, me ha elegido por Sí mismo para el resurgimiento y defensa de la verdadera fe del Islam (4).

Este autor ha sido informado de que es el Reformador de la época presente, y que sus excelencias espirituales guardan semejanza con las de Jesús, hijo de María; y que ambos se encuentran íntimamente relacionados entre sí, siendo similares el uno al otro (5).

Y finalmente:

permanece la cuestión de quién es el Imam de la época presente que, bajo Mandato Divino, debe ser obedecido por todos los musulmanes; los piadosos, los receptores de sueños rectos y revelaciones. No siento vacilación alguna en afirmar que soy el Imam de la época (6).

Fue muy preciso, sin embargo, al delinear su cometido: "Pero soy un Mensajero y Profeta sin ley nueva en el sentido de que Dios me revela lo oculto, a causa de la gracia interior que me ha sido concedida por mi obediencia al Santo Profeta, y por haber recibido su nombre" (7). Insistió en muchas ocasiones en que el Sello del Profetazgo quedaba plenamente salvaguardado. Era respecto a Mohammad (el Profeta que trajo el Libro) lo mismo que Jesús fue respecto a Moisés (cuya ley antigua el Mesías no vino a abrogar sino a cumplir). Es importante, pues, para apreciar la integridad del Ahmadiat, señalar que Ahmad no estaba reclamando. Sus enemigos, no obstante, no estaban dispuestos, normalmente, a ser tan distintivos. Según sus puntos de vista, sus declaraciones comprometían los conceptos establecidos respecto a la finalidad del Profeta Mohammad. Puede parecer ciertamente una línea muy fina, pero Ahmad sólo pretendió ser el intérprete inspirado del mensaje coránico y el transmisor del mensaje de renacimiento y renovación de la única religión verdadera: '"No hay para la humanidad ningún libro excepto el Corán, y no hay para los hijos de Adán otro Mensajero o intercesor que Mohammad, el Elegido, la paz sea con él" (8). Ahmad era un profeta, no el Profeta; el Corán, el libro, no un libro entre varios; el Islam, la religión original cuya recuperación defendió Ahmad.

A pesar de ello, muchos musulmanes se sintieron ofendidos, debido, sin duda, al conservadurismo natural de los creyentes, y como consecuencia previsible, a la tendencia de malinterpretar la afinada retórica de sus escritos. Los cristianos también encontraron razones para sentirse ofendidos. La gran paradoja cristiana parecía funcionar en el Punjab de la misma manera que funcionó en muchas otras ocasiones en un suelo incluso más fértil: La esperanza de la segunda venida de Cristo aviva el fuego del evangelismo, mientras que la posible conciencia de su llegada apaga el fuego de la fe. Aparentemente, uno se siente más lleno de energía esperando la llegada de un huésped que hablando realmente con dicho huésped una vez que ha entrado en nuestra sala. Lo mismo ocurrió con Hazrat Ahmad. Sin embargo, debemos comprender a sus críticos, considerando la forma en que fue elaborada su declaración. Pues no sólo afirmó que poseía una "semejanza especial con Jesús, sino que, por el lado negativo, había "sido enviado... a fin de demoler la doctrina de la Cruz". '"He sido enviado", continúa, '"para destruir la Cruz y sacrificar al cerdo" (9).

El "shirk" de los cristianos le llevó a una interpretación extraña de la crucifixión. La supuesta ejecución de Jesús había sido elaborada como un auto-sacrificio: Dios, efectivamente, pagando por Sí mismo un rescate por su creación, cautiva de los poderes y jefes de este mundo. Para los musulmanes ordinarios esta noción podría ser ininteligible; para los ahmadis, ciertamente un anatema. En lugar de esta interpretación de la crucifixión, Ahmad propuso una versión más verosímil, más probable, porque parecía una alternativa de evidencia verificable.

En el Estado de Cachemira, en la capital Srinagar, fue descubierta una tumba que guardaba los restos mortales de un profeta antiguo, conocido como Yus Asaf. Cuando esta presunta leyenda converge con las profecías Bíblicas y una lectura cuidadosa de los Evangelios, la historia tradicional de la post-crucifixión cambia radicalmente. A fin de cumplir la profecía de que el Mesías debía predicar a '"las ovejas perdidas de la casa de Israel", Jesús, recuperado del trauma de la cruz, emigró hacia Oriente al hogar de dichas ovejas perdidas: Afganis y grupos tribales de la zona norte de India y Pakistán, donde incluso hoy día viven nómadas cuya cultura, religión y características raciales hacen deducir razonablemente que son de origen semítico. Allí, Yus Asaf contrajo matrimonio, continuó con su vocación profética, se convirtió en padre y murió a la edad de 120 años. Sus descendientes de la 65a. generación aún viven en la región donde se encuentra su tumba. De esta manera, Hazrat Ahmad "demolió la doctrina de la Cruz", revisando en profundidad la noción islámica más tradicional acerca de Jesús, "el hijo de Mariam".

Los hechos y el argumento fueron reflejados por Ahmad en su libro Jesús en la India: Un relato de la salvación de Jesús de la muerte en la Cruz y de su viaje a la India. Las primeras líneas merecen la pena ser reseñadas como indicación del objetivo y pretensiones del libro:

He escrito este libro de manera que, presentando pruebas de hechos establecidos de evidencia histórica concluyente, y de antiguos documentos de los no musulmanes, pueda hacer desaparecer graves conceptos erróneos, que son corrientes entre los musulmanes y muchas de las sectas cristianas, respecto a la vida temprana y posterior de Jesús (la paz sea con él); malas interpretaciones, cuyas implicaciones peligrosas no sólo han dañado y destruido la concepción de la Divina Unicidad, sino que también han tenido una influencia perniciosa y venenosa que se ha notado claramente en la moral de los musulmanes de este país (11).

Por lo tanto, el mensaje del fundador del Ahmadiat implica una seria revisión de la historia y teología de la Iglesia a la vez que un refinamiento del concepto que el Islam ortodoxo posee sobre Jesús.

Existe otro reto que Ahmad y sus seguidores hicieron surgir frente a la ortodoxia convencional. El Mesías Prometido prohibió la Yihad contra el Gobierno británico. Algunos le acusaron de hacerlo por motivos de interés personal, a pesar de que el mandamiento contra la Yihad en este caso particular fomentó una cobardía general y falta de entusiasmo por el Islam. Sin embargo, como era habitual, los motivos reales eran distintos, y estaban basados en la revelación y no en cálculos políticos. Hazrat Ahmad explicó la prohibición contra la Yihad en los términos siguientes:

En breve, en el tiempo del Santo Profeta, la paz y bendiciones de AL-lah sean con él, la causa del Yihad islámico era que la ira de Dios se había levantado contra los tiranos. Sin embargo, al vivir bajo un Gobierno benigno, como lo es el Gobierno de nuestra Reina y Emperatriz, no es Yihad mantener designios de rebelión contra el mismo, sino que se trata de una idea bárbara que nace de la ignorancia (12).

Declaró más adelante, en lenguaje compelido por el sentido de su misión:

La Yihad de esta época consiste en confirmar la palabra del Islam, en refutar las objeciones de los oponentes, en propagar las excelencias de la fe islámica y en proclamar la verdad del Santo Profeta, la paz y bendiciones de Dios sean con él, a lo largo y ancho del mundo. Este es la Yihad hasta que Dios Todopoderoso no cree condiciones diferentes en el mundo. (13).

De esta manera, las pasiones hacia una Yihad armada se dirigen a una "Yihad Akbar" o a la lucha contra el propio espíritu, disciplina espiritual que permitiría a la comunidad perseguir la causa real de Dios, el renacimiento del Islam.

Bien, podríamos continuar, pero el escaso tiempo disponible en un ensayo apenas basta para una simple introducción. Quizás, la motivación y energía del Movimiento Ahmadía del Islam puede ser inferido de una declaración de su fundador, el Mesías Prometido. Al referirse al pacto de lealtad al que sus fieles se adherían, dijo:

Que sepan todos los que sinceramente se han adherido a este pacto de Ba'iat que el propósito de este convenio es que se enfríe el amor del mundo en vuestros corazones, y su lugar lo llene el amor hacia Dios y el Santo Profeta, la paz sea con él; que el alma se aparte gradualmente del mundo a fin de que el viaje hacia el más allá no parezca desagradable. (14).

El Corán declara "No existe coacción en la religión". Para quienes se adhieren a este pacto voluntario con el profeta del Profeta, el Islam permanece como la religión del futuro. A pesar de todo, Hazrat Ahmad reafirmaba: "Esta no es una voz nueva". El Mehdi no pretendía desplazar a ningún profeta de su sitio de eminencia; al contrario, su misión era reestablecer la verdadera justicia y pureza, y una verdadera comprensión de Dios, que era, es y será la religión del Islam. Cualquiera que sea la apariencia fuera del Movimiento, dentro del Jamaat Almadía los fieles pueden reafirmar su clara conciencia, respecto a sí mismos y respecto de su fundador.

Por último, unas palabras para disipar la noción de que el nombre del Movimiento es un tributo al egotismo del Mesías Prometido. ¿Por qué fue llamado originalmente Movimiento Ahmadía del Islam? Son palabras del Mesías Prometido:

El nombre más apropiado para este Movimiento y que nosotros preferimos es el de musulmanes de la secta Ahmadía. Hemos elegido este nombre porque el Santo Profeta, la paz sea con él, tenía dos nombres: Mohammad y Ahmad. Mohammad era su nombre de gloria y Ahmad su nombre de belleza... Dios había organizado la vida del Santo Profeta, la paz sea con él, de tal manera, que su vida en la Meca fuera la manifestación de su nombre Ahmad, enseñándose a los musulmanes paciencia y entereza. Durante su vida en Medina, se manifestó su nombre de Mohammad, y Dios, con Su Sabiduría, decidió castigar a sus enemigos. Sin embargo, existía una profecía que afirmaba que el nombre de Ahmad se manifestaría de nuevo en los últimos días y que aparecería una persona a través de la cual las cualidades de belleza que caracterizan a Ahmad se manifestarían, desapareciendo todo tipo de lucha. Por esta razón se ha considerado apropiado que el nombre de esta secta sea la secta Ahmadía, a fin de que todo el que oiga este nombre sepa que esta secta ha nacido para fomentar la paz y la seguridad y que no tiene nada que ver con la guerra y la lucha (15).

Es ciertamente irónico que un Movimiento que aboga por la paz entre las personas religiosas -y eso, desde luego, es el significado del nombre de la religión islámica- puede haber sido privado de la libertad de credo, culto y labor misional en el país del que es originario, así como en el resto del mundo islámico. En una ironía más de la historia, que esta otra religión de paz se halle dividida de esta manera en contra de sí misma.

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